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Análisis

La regla de tres

Para ser presidente, Sánchez necesita un aliado y un rehén, a elegir entre Podemos y Ciudadanos

Sánchez e Iglesias, el miércoles antes de reunirse en el Congreso.CLAUDIO ÁLVAREZ

Las elecciones anticipadas permanecen como la opción más verosímil, pero los gestos y las declaraciones de las últimas horas han reabierto el juego de las cábalas. En ninguna de ellas figura Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, pese a haber ganado las elecciones. Y en todas lo hace Pedro Sánchez, aunque las posibilidades del líder socialista se resienten de la fragilidad parlamentaria del PSOE —90 diputados propios— y de la guerra fría, o no tan fría, que distancia a Ciudadanos de Podemos.

No es concebible un Gobierno tripartito. De hecho, las opciones de Pedro Sánchez para ocupar la Moncloa requieren un aliado y un rehén. El aliado —Podemos o Ciudadanos— sustenta la legislatura. Y el rehén —Ciudadanos o Podemos— sustenta la investidura. Quedaría pendiente saber a quién corresponde cada uno de los papeles. Se requiere bastante flexibilidad para desempeñarlos, pero las hipotéticas concesiones lograrían el objetivo común de evacuar a Rajoy y de evitar la repetición de los comicios.

1.- Pedro Sánchez obtendría un acuerdo de investidura con el apoyo de Podemos y Ciudadanos. Lograría 199 escaños. Y aspiraría a gobernar en solitario, aunque sea como remedio a la incompatibilidad política de Ciudadanos y Podemos. Se trataría de una legislatura expuesta a una gran incertidumbre, sujeta a acuerdos puntuales, incluso sometida a la poderosísima maquinaria opositora del PP, primer partido en el Congreso (120 escaños) y mayoría absoluta en el Senado.

2.- Pedro Sánchez llega a un acuerdo con Podemos, IU y Compromís, renegando del pacto que ha firmado con Ciudadanos y desfigurando el argumentario de moderación que ha sostenido hasta ahora. Si no se abstiene el partido de Rivera, necesitaría por añadidura el apoyo del PNV y la abstención de otros partidos soberanistas, de forma que la legislatura estaría encomendada al influjo de Pablo Iglesias —Podemos entraría en el Gobierno— y debería hacer grandes concesiones a las fuerzas nacionalistas, transgrediendo incluso la línea roja del referéndum de autodeterminación.

3.- Pedro Sánchez reconfirma en el Parlamento el acuerdo con Ciudadanos. Sumarían juntos un consenso bastante precario, 131 diputados, y necesitarían de la abstención de Podemos, cuyas razones para justificarla un mes después de haberla evitado estribarían en ciertas concesiones programáticas y en el éxito que supondría la evacuación de Mariano Rajoy. Sería como acudir a la moviola para revisitar la fallida ceremonia de investidura, pero con un desenlace diferente.

4.- Se antoja el tripartito una posibilidad remota. La única manera de resolverla consistiría en un híbrido con ministros independientes y con incrustaciones programáticas de Ciudadanos y Podemos. Estaría al mando Pedro Sánchez, pero las contradicciones de Rivera e Iglesias respecto al modelo de Estado y respecto a las soluciones económicas constreñirían la acción a una legislatura breve, encomendada a reformas de consenso (ley electoral, independencia judicial, transparencia...).

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