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Los incendios se ceban con el norte

El viento y las altas temperaturas agravan una insólita oleada de fuegos en Asturias y Cantabria. Ya están controlados

Un camión de bomberos, el domingo, en una carretera de la localidad de El Franco. Ampliar foto
Un camión de bomberos, el domingo, en una carretera de la localidad de El Franco. EFE

A eso de las 14.00 de la tarde del sábado, la nube de humo que se acercaba a toda velocidad desde el sur era tan enorme que tapaba el sol. Cecilia Pérez, alcaldesa del concejo de El Franco, uno de los municipios más afectados por los incendios (más de 150) que han asolado centenares de hectáreas este fin de semana en Asturias y Cantabria, comprendió la magnitud del desastre que se acercaba. Llamó al alcalde de Boal (el municipio donde empezó el fuego) y a Emergencias, y pronto se movilizaron unos equipos que han incluido efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Pronto empezaron a luchar contra unos elementos que se habían alineado en su contra: viento sur que avivaba las llamas e impedía que los aviones de extinción despegasen, unas temperaturas extrañamente altas para este periodo del año, que llegaron a alcanzar los 20 grados, y una vegetación seca por la falta seca de lluvias.

Interior de una vivienda destrozada por uno de los más de 150 incendios que ha habido en el norte durante el fin de semana. ampliar foto
Interior de una vivienda destrozada por uno de los más de 150 incendios que ha habido en el norte durante el fin de semana. EFE

Al final, por suerte, durante el domingo llovió, paró el viento, salieron los hidroaviones… Así que ayer por la tarde, lo peor ya había pasado, los pocos fuegos que quedaban activos estaban controlados y la UME se había marchado. En el centro de emergencias montado tras el Ayuntamiento de La Caridad (capital del concejo El Franco), Pérez señalaba en el mapa las 3.500 hectáreas afectadas sobre una superficie en línea recta de 25 kilómetros. Y esta es solo una parte: en total, se llegaron a juntar más de 150 focos de incendios en Asturias y Cantabria, con unos pocos más en Galicia, Navarra y País Vasco. Hubo pueblos desalojados y se llegó a cortar el tráfico ferroviario entre Asturias y Galicia, pero no se produjeron víctimas.

Los incendios de invierno no son raros en el norte. De hecho, es en esta estación cuando llegan a Asturias y a Cantabria servicios de refuerzo para la extinción de fuegos, coincidiendo con las quemas de matorrales para limpiar los pastos que el ganado usará en primavera, explica la investigadora de la Universidad de Cantabria Virginia Carracedo.

Agentes de refuerzo para la investigación

Antonio Vercher, el fiscal coordinador de Medio Ambiente y Urbanismo en España, informó el martes de que desde el servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) se ha enviado a Asturias a cuatro agentes de refuerzo para las labores de análisis de los incendios. La solicitud de apoyo se cursó desde Asturias, una de las comunidades del norte de España más afectadas por la oleada de fuegos del fin de semana. De momento, señaló Vercher, se ha abierto un “expediente gubernamental” de investigación por esos incendios y se está en una fase previa en las indagaciones. El fiscal señaló que hay “elementos” que pueden dar lugar a suponer que la gran cantidad de fuegos pudieran ser “intencionados”. Pero también recordó que episodios parecidos por quema de rastrojos se suelen dar en la zona, aunque normalmente entre febrero y marzo. Lo anormal en este caso, además del número de focos, es que se registren los incendios en diciembre.

Según la última memoria de la fiscalía especializada en medio ambiente, este departamento inició en 2014 un total de 579 diligencias de investigación por incendios forestales. Se trata del segundo tipo de delitos con más investigaciones abiertas por esta fiscalía especializada; por delante solo están los relacionados con el urbanismo. En 2014 se iniciaron 142 investigaciones más por incendios que el año anterior.

Lo raro de esta oleada es que se ha producido mucho más temprano, pues suele ser hacia febrero o marzo, cuando ya se han secado las nieves, y por el número inusitado de fuegos que se han concentrado en tan escaso espacio de tiempo. Así lo admite el capitán Salvador Ortega, del Seprona de la Guardia Civil, aunque prefiere no adelantar nada de la investigación que está llevando a cabo el instituto armado. “El informe que hicimos sobre la oleada de incendios en Galicia en 2006 tardó un año y concluyo que no había relación entre ellos, salvo, tal vez, por el efecto llamada”, explica Ortega y añade: “La reincidencia en los delitos de piromanía es bastante habitual”.

En los últimos días, muchas voces han lanzado la idea de que al menos una parte de los incendios han sido intencionados, empezando por el consejero de Presidencia del Gobierno asturiano, Guillermo Martínez, que afirmó el sábado que “todo parece indicar” que alguno de los fuegos fue provocado.

En cualquier caso, fue “muy sorprendente” la velocidad a la que avanzaba el fuego y unos focos que parecían “venir de todas partes”, dice José Rodríguez Hernández, ganadero de 59 años, frente a sus vacas, alguna de las cuales estaba aún completamente tiznada del humo de los últimos días. Rodríguez Hernández, vecino de El Franco, ha perdido su casa, se la comieron el sábado las llamas, y está viviendo con su hermana. “Yo nunca había visto algo así, parece que se haya quemado Asturias entera”, decía.

En El Franco se han quemado un puñado de casas, aunque el número exacto aún no se sabe porque no se ha hecho el recuento de daños, señala la alcaldesa del municipio. Pero a unos cientos de metros de la de Rodríguez Hernández, al otro lado de un valle, está otra de las viviendas quemadas.

Cenizas y focos de humo

Se llega a través estrechas carreteras que aún ayer ofrecían un fantasmagórico aspecto de ceniza, focos de humo aquí y allá y esqueletos pinos. La casa pertenece a Manuel Méndez, de 75 años. “Tenía un perrillo que era más bueno que el pan; ahí debe estar entre los escombros”, suspiraba frente a las cenizas del que había sido su hogar desde 1952. “Salvé la vida de milagro; porque de repente me vi rodeado por las llamas, casi no podía respirar; menos mal que se me ocurrió agarrar el coche y bajar el terraplén hasta mitad del valle, en vez de ir hacia carretera”, cuenta. Allí, esperó el sábado a que le recogieran con las ventanillas bien subidas.

“Yo no sé lo que pasó, pero el hecho es que había ráfagas de viento de hasta 120 kilómetros por hora que hacían saltar las chispas hasta 600 metros de distancia. Quizá por eso parecía que los focos se multiplicaban continuamente”, señala la alcaldesa Cecilia Pérez. Pero añade: “En cualquier caso, es todo muy raro. Yo no quiero hacer conjeturas, pero no creo que a todos los paisanos les diera a la vez por salir a quemar rastrojos”.

 Las quemas de matorrales para preparar los pastos son una tradición ancestral en la zona. Ahora, unas se realizan a las bravas y los que cuentan con los permisos necesarios no siempre se hacen bien, es decir, cuando las condiciones climatológicas no son tan adversas, añade el Seprona. Quizá, como ocurrió con aquel informe de 2006 en Galicia, la investigación de la Guardia Civil concluya que no pueden establecerse relación entre los fuegos de esta enorme oleada. “Lo que es innegable es que los incendios en época de invierno han aumentado en los últimos años; en Asturias se han estabilizado ahora y en Cantabria sigue subiendo”, añade.

El azote de las llamas

Una de las casas tras el paso de las llamas en el concejo de El Franco.
Una de las casas tras el paso de las llamas en el concejo de El Franco. EFE

Incendios simultáneos. Galicia, Cantabria, Navarra, País Vasco y, sobre todo, Asturias, llegaron a contar más de un centenar de siniestros el sábado pasado.

La lluvia y la ausencia de viento. Las condiciones meteorológicas favorables ayudaron a controlar o sofocar bastantes focos, que mantuvieron en vilo a los habitantes de esas zonas. No hay daños personales.

Investigación. La Guardia Civil y la Fiscalía de Medio Ambiente están investigando cuántos de los incendios registrados han podido ser provocados.

Dispositivo de emergencia. En las labores de extinción han participado hasta 230 profesionales, entre bomberos, servicios forestales y agentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

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