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Atrapados en el laberinto europeo

El restablecimiento de controles fronterizos en Francia pone en peligro el flujo de miles de refugiados que abandonan España rumbo al norte de Europa

Refugiados hacen cola para comprar un billete para el norte Europa en la estación de autobuses de Méndez Álvaro en Madrid.
Refugiados hacen cola para comprar un billete para el norte Europa en la estación de autobuses de Méndez Álvaro en Madrid.

Todo son nervios en la dársena 30 del la estación de autobuses de Madrid. Los refugiados sirios ocupan ya sus asientos, pero no las tienen todas consigo. Han dejado atrás Líbano, Egipto, Argelia, Marruecos y Melilla y todo tipo de penurias. Pero para llegar a Alemania, su destino final les falta superar una última etapa que ven cómo se complica por horas. El restablecimiento del control de las fronteras en Francia por la cumbre del clima primero y los atentados de París después han cerrado ya el paso a algunos refugiados y sembrado la confusión entre el resto, que hasta ahora circulaban con cierta libertad en su viaje rumbo al norte de Europa y que temen quedarse atrapados en España.

Siham M. está confundida y angustiada. Le ha costado, pero por fin ha conseguido que le vendan el billete para subir al autobús junto a su marido y su hija de año y medio para viajar hasta París. Les han contado que en la frontera franco alemana los sirios sin visado lo tienen complicado para cruzar. Han decidido alquilar un taxi que por 700 euros les llevará hasta Dortumnd donde les esperan sus suegros. “Tengo miedo de que nos pase algo en Francia. Somos refugiados y después de lo que ha pasado en Francia… Nos han dicho que nos van a registrar de arriba abajo, que nos van a quitar la ropa”.

Siham escapó con su familia de Alepo hace casi dos años. Ya ha perdido al cuenta de las fronteras que ha cruzado, pero sí recuerda con especial amargura la experiencia en Beni Ensar, uno de los pasos que separa Marruecos de España. Tuvo que esperar mes y medio y pagar 1.500 euros para que los marroquíes le dejaran cruzar a Melilla. Ya en España pensó que la circulación por Europa sería fácil. Ahora teme que todo vuelva a complicarse.

Abu Ziad, un contable de Damasco está pensando en viajar a Alemania a finales de semana con su hijo de dos años y medio. "No conozco a nadie allí, pero aquí todo el mundo me dice que no hay trabajo. PEro si me devuelven después de 30 horas de autobús con mi niño encima..."

Como ellos, cerca de 150 refugiados pasan cada semana por la estación de autobuses de Méndez Álvaro en Madrid camino del norte de Europa, según el recuento de la Red Solidadria de Acogida, un grupo de voluntarios que les asesora para viajar y les ofrece alojamiento temporal. España ha sido hasta ahora un país de tránsito para buena parte de los demandantes sirios que han llegado en los últimos años por Melilla, la frontera sur de Europa. La prioridad de gran parte de los que recalan en España es llegar a Alemania o a Suecia, los países preferidos por los refugiados para asentarse por sus generosas ayudas y considerables oportunidades laborales.

En los últimos días sin embargo, a varias familias les han obligado a dar media vuelta en las fronteras francesas. La situación es cambiante y los controles aleatorios según los relatos de lalgunos que consiguen cruzar. La tarjeta roja que portan los solicitantes de asilo no permite en principio a los refugiados el cruce de fronteras. Su proceso de asilo debe ser tramitado en el primer país europeo que pisaron, en este caso España. El problema es que aquí no quieren quedarse.

“Este fin de semana ya se ha devuelto a un grupo de refugiados [en la frontera francesa]. Va a haber un cambio de tendencia en España y los que se iban a Alemania no van a tener tanta facilidad para moverse. Ya trabajamos con la hipótesis de que no va a haber posibilidades de movimiento interno”, explicó Estrella Galán, presidenta de CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado durante un encuentro con periodistas. Los controles en las fronteras francesas pueden prolongarse meses, en el marco de las medidas excepcionales adoptadas tras los atentados yihadistas. Otra familia devuelta ha pedido ya el reingreso en uno de los centros de Cear.

Si los miles de refugiados que pasan por España rumbo al norte se ven en obligados a quedarse en España, de facto supondría un cambio sustancial para el sistema de acogida español. Un portavoz de la embajada francesa confirma que están pidiendo la documentación a aquellas personas que quieran cruzar la frontera desde España. “Restablecimos los controles de identidad para la cumbre del clima y los hemos mantenido tras lo sucedido en París. Durarán el tiempo que dure el Estado de emergencia”.

El recuento de Cear indica que la mitad de los sirios que llegan a sus centros desde Melilla no se quedan en ellos más de una semana. El 80% no supera las dos semanas. Puede que algunos de los que salen de los centros en los que tienen derecho a quedarse y recibir manutención durante al menos seis meses prefiera alojarse en casa de familiares, pero las organizaciones que trabajan con refugiados creen que la gran mayoría optan por viajar al norte. Las cifras de Barajas son muy similares, de los 70 sirios que aterrizaron este año, “prácticamente todos” emigraron al norte, según Cear. Igual pasó con los cerca de 300 del año pasado. En total, cerca de 8.000 sirios y palestinos han entrado por Melilla en lo que va de año, según las cifras de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (Acnur).

Sobre el terreno las evidencias son abrumadoras. En centros de refugiados, hostales y en Melilla es raro encontrar a refugiados que quieran quedarse en España. A estas alturas, muchos tienen una red familiar o de amigos en esos países que les puede facilitar la integración. Muchos de los que no lo tienen son conscientes de que las perspectivas laborales en el norte de Europa no son comparables con las de un país con más de un 20% de desempleo.

El año pasado, España recibió 5.052 requerimientos de países europeos —Alemania Suiza y Suecia sobre todo— de demandantes de asilo que habían pasado antes por España y que por lo tanto debían volver, según cifras del ministerio de Interior. “Desde 2009 no ha dejado de aumentar el número de procedimientos por Dublín”, aseguraban antes del verano fuentes oficiales.

En la dársena 30 el motor está ya en marcha. Los voluntarios españoles se despiden agitando los brazos y cruzan los dedos. Uno de ellos reconoce que hay muchas incertidumbre y pocas respuestas. “No sabemos qué pasará está vez. Todo está cambiando muy rápido”.

Un día más tarde llegan noticias de los viajeros. "Vuelvo a Madrid", dice uno de ellos, un refugiado sirio por teléfono desde el norte de España. "Me han devuelto en la frontera con Francia por los papeles". Siham llegó a Dortmund.