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Distintos ritmos soberanistas para Cataluña y Euskadi

El PNV no renuncia a la independencia, está en sus estatutos, pero prefiere gozar del premio que le ha dado la moderación: el mayor nivel de poder de toda su historia

Bilbao / Barcelona
Mas y Urkullu en la proclamación del Rey. Ampliar foto
Mas y Urkullu en la proclamación del Rey.

El PNV no renuncia a una Euskadi independiente, está en sus estatutos, pero todavía no toca. Cuando el camino unilateral lo está abriendo el independentismo catalán, el PNV prefiere gozar del premio que le ha dado la moderación: el mayor nivel de poder de su historia —Gobierno vasco, las tres diputaciones forales, las tres capitales vascas y el premio extra del Gobierno de Navarra, con Geroa BAI— y ha apostado por una salida pactada a sus demandas de más autogobierno.

Pese a todo, el debate soberanista va a entrar de nuevo en la agenda de Euskadi, de la mano de la ponencia parlamentaria de autogobierno, después de una legislatura agazapado tras la crisis económica y a rebufo del fenómeno catalán. Sucederá en octubre, justo después del 27-S, en plena precampaña de las elecciones generales y en un escenario vasco en el que la posibilidad de que Arnaldo Otegi sea el candidato a lehendakari de los independentistas vascos puede forzar al PNV a echar mano del soberanismo, más de lo que desearía. El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, dijo el viernes en Zarautz, donde el partido centenario suele abrir el curso político, que, pese a todo, no van “a caer en esa trampa de la izquierda abertzale”.

La advertencia de Ortuzar no es casualidad. En Cataluña muchos critican a Convergència Democràtica por haber abandonado sus tesis tradicionales y haber abrazado posiciones antes exclusivas de Esquerra Republicana. A diferencia del País Vasco, donde el PNV no habla ni de plazos ni de topes, en Catalunya Convergència y Esquerra han pactado un plan que prevé declarar la independencia en 18 meses si el independentismo gana las elecciones del 27 de septiembre.

La ponencia vasca arrancará de nuevo, ya en su fase resolutiva y con el encargo de elaborar un dictamen que recoja las propuestas de los partidos y posibilite o no un acuerdo. Y lo hará en un escenario diferente. PNV, PSE, Podemos —tercera fuerza tras las elecciones municipales, aunque todavía sin representación parlamentaria— y EH Bildu, constituyen una aplastante mayoría que coincide, aunque sea de forma básica, en que hay que afrontar una reforma de la Constitución. Pero, al margen de esa coincidencia, el resto son discrepancias.

La propuesta de Podemos Euskadi para dar cauce al ejercicio de la soberanía popular sobre la base de la sentencia sobre Quebec del Tribunal Supremo de Canadá, abre una vía que los partidos podrían explorar en Euskadi si las mayorías que salen de las elecciones generales propician el cambio. El PNV tendría al PSE en Euskadi y al PSOE en Madrid para garantizarse la actualización del Estatuto; lo que no está claro es si también para afrontar una reforma constitucional que, como exigen los nacionalistas, dé cabida al derecho a decidir. En Cataluña, en cambio, Convergència ha abandonado toda esperanza de que los socialistas apoyen el derecho a decidir.

Ese nuevo marco es la baza que el PNV va a jugar en plena resaca del 27-S, pase lo que pase en Cataluña. Sus dirigentes sostienen que no van a renunciar a una parada intermedia entre el Estatuto y un Estado soberano: una reforma pactada con el Estado que actualice el texto de Gernika en sus aspectos más políticos como el reconocimiento de Euskadi como una nación con voz propia en la UE y que mantenga una posición de igualdad con el Estado. Una escalera más.

Si quienes plantean la secesión de Cataluña logran la mayoría o una aplastante victoria, el PNV hará gestos parlamentarios de apoyo al independentismo catalán con la mayoría que le proporciona la coalición EH Bildu.

Distancias con Mas

Unió busca un acercamiento con el PNV

El proceso de moderación que ha experimentado el nacionalismo vasco los últimos dos años no ha pasado desapercibido en el nacionalismo catalán. Las relaciones entre el PNV y Convergència, aunque cordiales, se han ido enfriando a medida que Artur Mas aumentaba su apuesta por el “Estado propio”. Ahora Unió Democràtica de Catalunya quiere aprovechar esta circunstancia para reforzar su perfil nacionalista moderado en vísperas electorales.

El secretario general de Unió, Ramon Espadaler, será recibido hoy en Bilbao por el presidente del PNV, Andoni Ortuzar. Ambos partidos quieren dar la máxima trascendencia al encuentro, por lo que también participarán en él otros miembros de la dirección tanto de Unió como del PNV. Fuentes del partido de Ramon Espadaler esperan que la reunión permita resaltar la idea de que Cataluña no puede ir hacia una declaración unilateral de independencia. Con todo, no esperan un apoyo explícito del PNV, que mantiene estrechos vínculos con CDC.

El Gobierno vasco se ha ido distanciando paulatinamente de la vía que impulsa Artur Mas en Cataluña. El lehendakari y el presidente de la Generalitat se han reunido dos veces el último año, pero han evitado comparecencias conjuntas ante los medios para dar cuenta de sus reuniones. Ello ha permitido disimular sus discrepancias. En lo único que aseguran estar de acuerdo es que Euskadi y Cataluña deben liderar una suerte de frente autonómica frente a la “recentralización que está imponiendo el Gobierno español”. También se emplazaron a seguir trabajando juntos, pero dejando claras siempre las “similitudes y diferencias” de las dos realidades políticas.

El “aval” del Parlamento vasco al nuevo Estado catalán que prometió el dirigente guipuzcoano del PNV, Joseba Egibar, hace dos semanas, quedará compensado si se produce por el pragmatismo de los acuerdos industriales, económicos y sociales que el PNV de Andoni Ortuzar ha concretado con los socialistas y que podría ampliar si las elecciones autonómicas vascas, a nueve meses vista, arrojan unos números favorables.

La ponencia vasca de autogobierno terminó la fase de estudio y de aportaciones exteriores antes del verano y retomará sus reuniones, aunque a partir de ahora a puerta cerrada, justo después del debate vasco de política general, previsto para la última semana de septiembre.

Tras la negativa del Gobierno de Mariano Rajoy a elaborar los estudios que le solicitó el PP sobre el coste económico de una eventual independencia vasca, fuentes del PSE creen que la ponencia se va a convertir, al menos hasta las elecciones generales, más en un observatorio de las evoluciones posteriores al 27-S que en un foro de trabajo definitivo.

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