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Cospedal se resguarda en el PP hasta las elecciones generales

La secretaria general de los populares ha desaparecido de la vida política nacional y se protege hasta ver si Rajoy repite gobierno

Cospedal, cambios en el PP
Maria Dolores de Cospedal en una comida-mitin en Manzanares, Ciudad Real el pasado 15 de mayo.

“Cospedal está en su despacho, trabajando”. “Cospedal sigue al frente del PP”. “Cospedal tiene ahora incluso más tiempo para dedicar a la secretaría general del PP y a cuestiones orgánicas que cuando era presidenta de Castilla-La Mancha”. Son respuestas de dirigentes populares que se repiten desde hace meses cuando los periodistas acuden a la sede central del partido en el Gobierno y preguntan por el paradero de la aún número dos del PP. La curiosidad ha descendido desde que Mariano Rajoy reestructuró la cúpula del partido el 18 de junio. Los nuevos vicesecretarios, entre 30 y 40 años, han conectado entre ellos y se han repartido por ahora sin conflictos sus papeles y su presencia mediática. Eso sí, Cospedal sigue desaparecida. Algunos dirigentes la ven ya amortizada, sin futuro. Otros opinan que se está resguardando para ver qué pasa en el PP tras las elecciones generales.

El miércoles 21 de enero de 2015 la secretaria general del PP compareció por última vez que se recuerde ante los periodistas en la sede central del partido para reseñar, otra vez a la defensiva judicial y política, que si existía alguna contabilidad B no era en Génova 13 sino exclusivamente de Luis Bárcenas, el exgerente y extesorero. Otra vez Bárcenas. De nuevo la sombra que ha determinado su mandato desde que Bárcenas fue ascendido por Rajoy en el congreso de Valencia en 2008 a tesorero y ella nominada secretaria general del partido tras rechazar ese cargo varias veces uno de sus antecesores en el puesto, Javier Arenas, otro espectro de la historia y herencia recibida del PP que no ha conseguido borrar en siete años en el cargo.

Cospedal tampoco ha logrado conectar bien con el aparato del partido en este tiempo, ni generar muchas empatías internas con los diversos escalones de la organización ni dar la sensación de que dominaba el cargo. Llegó, se instaló en su despacho, levantó un muro de desconfianza hacia todo lo que husmeara a pasado y no lo ha podido o querido derribar. Siete años después sigue casi igual. Preguntas en el PP y no saben si está. Preguntas a sus responsables de comunicación en Génova 13 y no saben de qué informar. Preguntas a los mismos en Castilla-La Mancha y no saben siquiera dónde y para quién trabajan.

A finales de junio, Génova 13, es decir el partido, quiso rendir un homenaje de despedida a Carlos Floriano, el alter ego de Cospedal estos años en el PP, el dirigente que no se negaba a atender a la prensa cuando la secretaria general la eludía, el parapeto que ha recibido todos los palos y que pagó con su cabeza los fracasos electorales de estos tiempos y cubrió la necesidad de Rajoy de ejecutar algún cambio cuando prometió haber entendido el mensaje de las urnas el 24 de mayo.

Rajoy, al menos, llamó a Floriano, le explicó su problema, le agradeció los servicios prestados, le ofreció un cargo menor en el Gobierno que éste rechazó por la precariedad de tiempo hasta las elecciones y le colocó en un retiro cómodo en el grupo parlamentario. Cospedal ni eso. Aún no han hablado. Tampoco acudió a la cena que le dieron en un restaurante de la misma calle de Génova, a unos metros de la sede, los responsables de distintos departamentos de Organización, Territorial y Comunicación de la casa. Floriano lo agradeció emocionado.

Cospedal sigue ausente de la vida política nacional. No entró en el Gobierno de Rajoy, aún no se sabe si porque rechazó la vicepresidencia que creía merecer o porque el presidente no se la ofreció, y ha perdido peso a chorros en el nuevo PP catódico. Internamente sigue haciendo su trabajo, y según concluyen varios de los nuevos dirigentes, “parece más tranquila y simpática” de lo que se temían, y de hecho “ha conectado inesperadamente bien” con los vicesecretarios mediáticos y con el nuevo hombre fuerte del partido, Jorge Moragas, el jefe de campaña. En los comités de dirección, que ahora preside, ordena y coordina al detalle Rajoy en persona, Cospedal expone el orden del día y deja hacer. Está como en espera, aguardando su momento. Moragas, que ha llegado como “un rinoceronte, entusiasmado y con ganas de meterse y aprender de todo”, cubre los huecos que ella siempre ha desdeñado, como los contactos con las agencias de publicidad, los responsables de marketing, los diseñadores de logos, colores y lemas.

Cospedal se centra en el poder orgánico, lo que siempre ha definido a los secretarios de organización de los partidos. Por eso intentó colocar a una persona de su confianza en ese cargo que dejó vacante la defenestración de Floriano. Rajoy no lo permitió y situó a Fernando Martínez Maillo, presidente del PP de Zamora y uno de los pocos críticos declarados a Juan Vicente Herrera en Castilla y León, que fue el presidente autonómico que le sacó los colores en una entrevista en Onda Cero tras el 24-M y le animó incluso a cuestionar su candidatura. Rajoy tiene memoria de opositor.

Cospedal tampoco tuvo un gran papel en la selección de los otros vicesecretarios. Moragas pidió nombres, caras y perfiles a distintos presidentes regionales. Le llovieron ofertas. Todas con un mismo perfil. Jóvenes, preparados, nuevos, frescos e intercambiables con cualquier dirigente de Ciudadanos. Andrea Levy llegó auspiciada por Moragas y Alicia Sánchez Camacho. Javier Maroto por el clan vasco del PP, por su gestión en Vitoria y por su propio currículo avanzado. Pablo Casado se había ganado el puesto a golpe de tertulia ya en los últimos meses y presume de que no es de nadie y un poco de todos. Desde luego ninguno se reivindica de Cospedal.

“Está fuera, yo no diría muerta, pero desde luego no es el futuro del PP, gane o pierda Rajoy, porque la dinámica del partido la están dictando a diario Moragas y los vicesecretarios”, concluye un veterano dirigente del aparato popular. Uno de los nuevos vicesecretarios lo define de otra manera: “Si Rajoy gana y gobierna otra vez, Cospedal tendrá un papel y si no se abrirá una etapa de convulsión en la que su generación se disputará el poder y nosotros tendremos que esperar aún a la siguiente ocasión”.

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