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Algo más que un conflicto familiar

Tras desposeer del ducado de Palma a la Infanta Cristina, La Zarzuela abrirá un cortafuegos para que el juicio contra Urdangarin y su esposa no afecte a Felipe VI

La Infanta llega a su casa de Ginebra, el 12 de junio. Ampliar foto
La Infanta llega a su casa de Ginebra, el 12 de junio.

Nada más difícil, también para un Rey, que separar los sentimientos del deber. Esta es la tarea que tiene por delante Felipe VI ahora que se cumple un año del relevo en la Corona y su hermana Cristina tiene ya fecha —principios de 2016— para sentarse en el banquillo de los acusados y ser juzgada por un supuesto delito fiscal en el caso Nóos.

La Infanta utilizó fondos de la sociedad Aizoon para gastos particulares como pagar a sus empleados domésticos o para las fiestas de sus hijos. Ella siempre ha alegado que estuvo al margen de la dirección y gestión de la compañía, que ignoraba que los gastos familiares se atribuían a Aizoon para conseguir desgravaciones. Aún queda el juicio. Pero ella ya está condenada por la opinión pública y apartada de la Casa del Rey.

Cristina de Borbón ha sido el miembro de la familia que más daño ha hecho a la Casa del Rey, primero con su actitud soberbia y cabezota que la ha llevado a no querer renunciar a sus derechos y luego con la altivez con la que se ha enfrentado a su hermano. Don Felipe intentó durante un año que su hermana se despojara de su título de duquesa de Palma y se apartara de la línea de sucesión al trono. No lo logró. El pasado día 20 de mayo los hermanos se encontraron en la comunión de la princesa Leonor, allí el Rey le dio el ultimátum. Dicen que hubo una fuerte discusión. El día 12 se publicó el decreto por el que la Infanta quedaba desposeída del título. Ella, al conocer la decisión, envió una carta de renuncia con fecha 1 de junio para intentar minimizar el golpe. Cinco días después, don Felipe recordó ante 400 aristócratas españoles la obligación que tienen de dar “ejemplo” con su “conducta”. No hizo falta que nombrara a su hermana, todos los presentes sabían a quien se refería.

Cristina no ha dado síntomas de arrepentimiento. De hecho, ella sigue pensado que no ha hecho nada malo, que todo obedece a una campaña contra ella y su marido.

Un pulso

En un gesto que puede ser interpretado como un pulso con su hermano, 24 horas después de perder el ducado de Palma celebró en un lujoso restaurante de Ginebra su 50 cumpleaños. A la fiesta asistió la reina Sofía y la infanta Elena, lo que evidenció, una vez más, los dos bandos que conviven en la Casa del Rey. Como Príncipe y ahora como Rey, don Felipe siempre exigió a su hermana un gesto y apoyó a don Juan Carlos en todas las decisiones que tomó, entre ellas impedirle asistir a los actos del relevo en la Corona. Ahora, tras retirarle el título, potestad del monarca, seguirá intentando que renuncie a todos sus derechos y pondrá todos los cortafuegos posibles para que la imagen del matrimonio Urdangarin, sentado en el banquillo de los acusados, no menoscabe más a la Corona.

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