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De coloso decadente a plaza cinco estrellas

El Edificio España “estará listo en cuatro años”, dicen desde Grupo Wanda, dueño del rascacielos, que albergará un hotel de lujo, el segundo proyectado en Plaza de España

Fachada del Edificio España, ideado por los hermanos Otamendi en los años cincuenta, presidiendo la Plaza de España en Madrid. Ampliar foto
Fachada del Edificio España, ideado por los hermanos Otamendi en los años cincuenta, presidiendo la Plaza de España en Madrid.

Iba a ser el rascacielos más alto de Madrid. Acabó vacío y lleno de fantasmas. Como el de Hortensia Rodríguez, secretaria que trabajaba en una oficina del Edifidio España. En 1981, fue lanzada por una ventana del piso 14 tras pillar a un ladrón intentando robar en el despacho. Hortensia se convirtió en uno de los espíritus del inmueble; en una de las muchas leyendas que esconden las 25 plantas del inmueble, en pleno centro de Madrid. Últimamente allí no ocurre nada: sus accesos permanecen sellados desde hace ocho años y sus paredes albergan diáfanos espacios que fueron vaciados y desmantelados. “En cuatro años estará listo”, dice Grupo Wanda, empresa china propietaria del rascacielos desde el año pasado, “dependemos de los procesos administrativos y del tiempo necesario para completar la renovación”.

Los 32 ascensores

  • Las obras del Edificio España comenzaron en 1948. Se inauguró cinco años después con 200 millones de pesetas de inversión.
  • El inmueble, de 117 metros, con 25 plantas, 32 ascensores y 65.000 metros cuadrados, era propiedad de la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, que déspués, entró en Metrovacesa.
  • En 2005, Metrovacesa vendió el edificio al Banco Santander por 385 millones de euros.
  • Un año después cierra el Hotel Crowne Plaza. Y en 2007, la empresa Detecsa inicia el desmantelamiento del interior. Los trabajos duraron tres años y forman parte del documental Edificio España de Victor Moreno.
  • Wang Jianlin, al frente del Grupo Wanda, compró el edificio al Banco Santander el año pasado por 265 millones de euros.

En el emblemático rascacielos —el octavo edificio más alto de la capital— “todavía no han comenzado las obras”, afirman desde el grupo inversor chino que hasta ahora había declinado hacer cualquier tipo de declaración. “Tras años de degradación y abandono, estamos trabajando en el proyecto de rehabilitación. Hasta entonces, no daremos datos sobre la inversión”, cuentan.

Las primeras obras del Edificio España comenzaron en plena dictadura; en 1948 por encargo de la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, de los hermanos Julián y José María Otamendi, arquitectos del inmueble. El 4 de octubre de 1953 se inauguró el rascacielos, que seguía el estilo arquitectónico de la Escuela de Chicago. “La categoría de gran capital europea de nuestra ciudad adquiere nuevos signos de superación con la apertura del suntuoso Hotel Plaza, del soberbio Edificio España orgullo del nuevo gran Madrid”, recibía ABC al nuevo icono de la ciudad, que quería mostrar el progreso y el bienestar que se vivía en la capital de la España de Franco. “Fue un momento importante para la ciudad. No pagaban mal y era un todo un honor tener algo que ver con el edificio”, recuerda Jesús Andrés, de 85 años, que participó en la construcción del coloso.

Sus paredes han visto pasar a mucha gente. Algunos iban a las 300 oficinas que albergaba. Otros, a cualquiera de los 184 apartamentos, donde vivieron Iván Zulueta, en la planta 13 donde grabó algunos de sus trabajos, o Álex de la Iglesia. Los más afortunados se alojaban en el hotel, como Bo Derek, Charlton Heston o Raquel Welch. O visitaban la galería comercial, con 34 locales; o cenaban en el restaurante o, en la última planta, se bañaban en la piscina, donde dicen que Lola Flores acabó una noche de fiesta.

Interior del Edificio España en la actualidad. ampliar foto
Interior del Edificio España en la actualidad.

“Era una ciudad autónoma con sus reglas. Ahí se escondieron espías, durmieron estrellas de cine, folclóricas, poetas… Fue escenario de las primeras orgías gais de la capital [albergaba también una sauna] y de fiestones”, resume el escritor Juan Soto, apasionado del edificio; “una de mis obsesiones literarias”. La historia no oficial cuenta que la primera detención por consumo de cocaína en la capital se produjo entre sus paredes. En los ochenta, el inmueble estaba rodeado de prostitución y heroína; en 2006 cerró el hotel y un año después fue vaciado. “Cuando entré me encontré con algo parecido a los restos de un naufragio; como si la gente hubiera huido dejando atrás sus pertenencias. Sentí las vidas de los que habitaron su paredes”, dice Victor Moreno que grabó esos trabajos en el documental Edificio España, nominado a los Goya 2015.

“No solo esperamos recuperar un espacio emblemático de Madrid sino contribuir a revitalizar su entorno”, agregan desde Grupo Wanda. Su proyecto pretende recuperar los usos originales del inmueble: Zona residencial, área comercial y un hotel cinco estrellas —el segundo que tendrá Plaza de España; en septiembre se inaugura el que proyecta, en un lateral, la cadena VP lo que puede convertir la zona en epicentro del lujo madrileño. Preservando, eso sí, la fachada principal, de estilo neobarroco, y los laterales, como dictaminó la Comisión de Patrimonio del Ayuntamiento. La reforma corre a cargo de los estudios arquitectónicos del británico de Norman Foster y del español Estudio Lamela: “Aún no podemos comentar nada”. Algo parecido contestan desde el gabinete de abogados estadounidense Freshfields, encargados de las gestiones del grupo en España.

“Hubo recelos; habría sido distinto si hubiese sido un inversor europeo”

“Wang es una persona muy discreta”, comentan los pocos que hablan de él. Wang Jianlin, de 59 años, es un de los hombres más ricos de China (10.500 millones de euros de patrimonio, según Forbes). Grupo Wanda es de su propiedad y se enamoró del Edificio España cuando vino a cerrar con Enrique Cerezo la compra del 20% del Atlético de Madrid. Jianlin adquirió el edificio. Desde entonces, silencio sepulcral. “Hubo ciertos recelos”, dice el entorno del empresario, “si hubiese sido un inversor europeo o estadounidense no se hubiera dicho lo que se ha dicho”. Y añaden: “Quien realmente ame este edificio entenderá que merece la pena devolverlo a la vida y no dejar que el tiempo lo degrade y se convierta en una leyenda”.