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“Temía que me envenenaran”

Un activista español, preso 17 días en Guinea Ecuatorial por oponerse a la Copa de África

Celestino Nvo­-Okenve repartía folletos contra la competición cuando le detuvo la policía

Celestino Nvo­-Okenve, en el mercado de Malabo, en otoño de 2014.
Celestino Nvo­-Okenve, en el mercado de Malabo, en otoño de 2014.

El buen ánimo de Celestino Nvo-Okenve, 64 años, resiste pese a los 17 días que pasó detenido en una comisaría de Bata (Guinea Ecuatorial). A pesar de su aislamiento en un barracón "insalubre", añade, que limpió él mismo con los trapos que encontró y aunque no "no le daban comida" y su familia tenía que ir a diario con alimentos. "También trajeron sábanas y logré adecentar aquello un poco", afirma el activista español, antes de recordar con detalle ese 14 de enero en el que le arrestaron por repartir octavillas en su país natal contra la celebración de la Copa de África. A las seis de la tarde, le rodeó una decena de agentes. "Repetían que no podía darlas porque [el presidente] Obiang apoyaba el evento deportivo. Me decían que la palabra del dictador va a misa", sentencia al otro lado del teléfono. Está en libertad desde el pasado viernes, cuando le dejaron salir sin presentar cargos contra él.

La detención de este opositor al Gobierno ecuatoguineano, que ejerció 24 años como profesor en la Universidad Politécnica de Madrid y que regresó a su país natal hace un año para "empujar" la lucha por la democracia, provocó una rotunda reacción internacional. Un grupo de ONG —como Amnistía Internacional, Open Society y la APDHE— exigieron su liberación. También el Departamento de Estado de EE UU emitió un comunicado: "Guinea Ecuatorial debe respetar el derecho a la libertad de expresión de todos sus ciudadanos". "La presión ha sido determinante. Al poco de empezar a movernos, lo soltaron", relatan en los colectivos sociales.

"Sé que otros países, como Francia y España, se interesaron por la detención e hicieron algo", añade Nvo-Okenve, que ha decidido permanecer en Bata con parte de su familia: hermanos y sobrinos. Cuatro de sus seis hijos viven en Madrid; otros dos en Berlín y Jamaica. "Ha sido muy duro y seguimos temerosos", cuenta Pilar, una de sus descendientes.

Guinea Ecuatorial acoge desde enero la Copa de África de fútbol. Una apuesta de Teodoro Obiang para mejorar la imagen del país y que cuenta con el absoluto rechazo de la oposición, que denuncia la decisión unilateral del dictador de gastar una gran cantidad de dinero cuando existen otras prioridades. "A mí me arrestaron para quitarme de en medio hasta que terminase", remacha el profesor universitario.

Nvo-Okenve nació en 1950 en la entonces colonia española. Aterrizó en Madrid para estudiar en la universidad en 1968, poco antes de que el dictador Francisco Macías acordara con el Gobierno de Franco la independencia. "Cuando quise volver en esos años, me encontré con el primer dictador. Después estuve en los ochenta y me detuvieron", relata el sexagenario, que incide en cómo consiguió “armarse de valor” hace unos meses para regresar tras su "exilio moral".

Tras dos semanas me dijeron que no veían motivos para retenerme

Al opositor, miembro del partido Unión Popular, lo arrestaron junto a Antonio Nguema, que era un exalumno suyo que pasaba por allí y le reconoció. "No tenía nada que ver con el reparto", destaca Nvo-Okenve, que subraya cómo un par de días después detuvieron a un taxista, Miguel Mbomio, al que encontraron una de las octavillas en su vehículo.

Al activista español nunca, insiste, le tomaron declaración. "Antes de aislarme, me pusieron en un barracón con delincuentes comunes. Había unas 50 personas en unos 70 metros cuadrados", recalca. "Durante el arresto, estaba preocupado sobre todo porque dejaran pasar a mis familiares a darme la comida. Que no fueran los agentes quienes la cogieran y me la trajeran. Temía que me envenenaran. No sería la primera vez que ocurre", sentencia el activista, al que soltaron con esta "única" explicación: "Tras 17 días me dijeron que no veían motivos para que estuviera allí".

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