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“El ‘sketch’ del PP solo me hizo gracia cuando fue el juez quien le dio al ‘play”

El humorista asegura que “España tiene problemas con la libertad de expresión”

Bermúdez archivó la causa en la que se le imputó por humillación a las víctimas de ETA

Facu Díaz, en la boca de metro de la madrileña Gran Vía. Ampliar foto
Facu Díaz, en la boca de metro de la madrileña Gran Vía.

Con 17 años, un adolescente grandote que había logrado "quitarse de encima" los estudios obligatorios, se enroló como batería en el grupo de un exguitarrista de Extremoduro que había emprendido carrera en solitario. El chaval, nacido en Uruguay y aterrizado en Blanes (Girona) con 8 años, se tiró un año de gira dando tumbos por España. Hasta que decidió dejarlo para irse a Barcelona a aprender las reglas del guión de televisión. Esas que ahora intenta poner en práctica cada semana en su programa, La Tuerka News, donde protagonizó el vídeo sobre el desarme del PP que le condujo a la Audiencia Nacional, imputado por un supuesto delito de humillación a las víctimas de ETA. Archivada la causa, Facundo Díaz Troncoso (Montevídeo, 1993), alias Facu Díaz, lo reconoce: "El sketch solo me hizo gracia cuando fue el juez Bermúdez quien le dio al play".

Lo cuenta. Esboza una sonrisa. Y entre sus dientes se desliza una carcajada. Las mismas que se le resisten cuando lo encuadra el fotógrafo en la boca de metro de Gran Vía, ante la mirada de los curiosos. "No me hizo especial gracia cuando se emitió. Fue una cosa que tuvimos que hacer muy rápido. Quedó muy soso y largo", continúa pasados unos minutos, sentado ya en la silla del plató desde la que presenta esos informativos con tintes de humor "marxista-leninista". Un término que aclarará más tarde, porque antes sigue recordando su paso por la Audiencia: "Cuando el juez puso el sketch, me reí por los nervios. Los que tenía bajo esa coraza que me había hecho para ese día".

Todo pasó muy rápido. En una semana. Un jueves supo de su imputación y al siguiente se archivaba el caso. Entremedias, insultos de la "derecha mediática" y descalificaciones de los populares; quienes, pese a su militancia en IU, lo vincularon inmediatamente con Podemos —el líder de la formación es el director de La Tuerka—. "Interesaba tener un titular en el que se juntara a Pablo Iglesias, a un imputado y a víctimas del terrorismo. Y hacer un mejunje de palabras que a la gente, evidentemente, no le gusta", subraya.

Porque, para el cómico, aunque el proceso judicial lo inició Dignidad y Justicia, detrás se encuentra el partido presidido por Mariano Rajoy. "El PP habría tenido muy mala prensa si hubiese denunciado en esos momentos a un humorista. Así que, una vez más, han utilizado a su antojo una asociación de victimas”, remacha en la quinta planta de un edificio ubicado en una de las principales arterias de la capital. Apenas cinco días antes, a la salida de la Audiencia Nacional, el propio presidente del colectivo que lo denunció, Daniel Portero, le pidió disculpas y aseguró que no existía "intencionalidad política". "Me quedé alucinado. Yo le contesté que ellos habían difundido la denuncia con el título Denuncia Podemos. Estoy totalmente solidarizado con las víctimas, pero esa actitud fue lamentable, rastrera y muy política", sentencia Facu Díaz.

El joven viste sudadera verde, vaqueros y deportivas. Unas gafas negras de pasta rompen el perfil de la cara, como prólogo de los incontables bucles morenos que encumbran la cabeza. La cita se fija en la redacción de La Tuerka el día en que comienza a ultimarse el programa semanal. Es martes. 20 de enero. Y lejos queda ya el mes de octubre, en plena Operación Púnica, cuando el humorista agarró un pasamontañas para plantarse delante de las cámaras y leer un comunicado anunciando "el cese de la actividad armada y entrega de las armas" del PP. Con una escenografía similar a la utilizada por ETA. "La atención del sketch estaba focalizada en la denuncia de la corrupción. Aunque detrás también subyacía una crítica a esa mierda de vídeos que han hecho los terroristas".

Su actuación se ha reproducido en Youtube casi medio millón de veces. Una parte muy importante, tras conocerse su cita con los tribunales. Que se produjo tras los asesinatos de los caricaturistas de Charlie Hebdo, tras la multitudinaria manifestación de repulsa en París —a la que asistió el presidente del Gobierno español—; y en pleno debate sobre los límites de la libertad de expresión. "He reflexionado mucho sobre la ofensa. Sé que no hay ningún delito en lo que hago, pero he pensado sobre ello. Sobre si, quizás, debo bajar un par de marchas. Pero no, parte del apoyo que he recibido me ha servido para comprender que, cuando la intención es hacer reír, no hay que cortarse tanto. La sátira no debe tener límites".

Me gustaría que llegara el día en que enfademos a todo el mundo por igual

Díaz acompaña sus palabras con algún aspaviento. Suena siempre firme. “Salvando todas las distancias [entre su caso y el de los dibujantes franceses], la base es la misma: la intolerancia”. Y reconoce, “pensando de forma egoísta”, que el contexto vivido tras las matanza le ayudó en su causa. “Pero creo que, si eso no hubiera pasado y hubiera sido mi caso el que pusiera sobre la mesa el debate, bienvenido sea. España tiene problemas con la libertad de expresión y ya era hora de hablarlo”.

Este "tipo de 21 años que solo hace chistes" no tiene inconvenientes en hacer humor "desde la izquierda". De ahí que, a la hora de definir su propio estilo, recurra al término marxista-leninista. "Hay mucha manía con etiquetar las cosas y al final nos hemos etiquetado nosotros así. Es una coña, evidentemente", comenta, para matizar inmediatamente: “Aspiramos a crear un humor 100% libre, en el que nos reímos de Podemos, de IU...". De todos, asegura. "Me gustaría que llegara el día en que enfademos a todo el mundo por igual. Y me gustaría que entonces se encontraran todos a los que hemos ofendido y se dieran cuentan que no buscábamos ofenderles, sino echarnos unas risas".

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