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Un quinto premio cae en el pueblo del hombre que atentó contra el PP

El número llegó a Bronchales a finales de noviembre y se vendió en el supermercado

El número 91363 ha dejado en Teruel 720.000 euros repartidos en 12 series, 11 de ellas se han vendido en Bronchales. Ampliar foto
El número 91363 ha dejado en Teruel 720.000 euros repartidos en 12 series, 11 de ellas se han vendido en Bronchales. EFE

Pese a que solo tiene 460 habitantes, el pequeño municipio de Bronchales (Teruel), situado en plena sierra de Albarracín, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, ha sido noticia dos veces en apenas cuatro días. Primero el viernes, cuando uno de sus residentes, Daniel Pérez Berlanga, de 37 años, estrelló un coche con explosivos contra la sede del Partido Popular en Madrid. Y hoy porque sus vecinos han sido agraciados con un quinto premio en la lotería de Navidad. El número ha sido el 91363, dotado con 6.000 al décimo.

Los encargados de repartir la suerte han sido Ricardo y Manuel Sáez, dos hermanos de 47 y 45 años propietarios de una carnicería y del supermercado Rijomavi, el único que hay en el pueblo. "También merecemos ser conocidos por lo bueno, ¿no?", sostiene Ricardo, eufórico, en referencia al episodio protagonizado la semana pasada por su vecino. Los Saéz llevan tres décadas vendiendo loteria en el establecimiento familiar, pero hasta ahora nunca había tocado nada. "Es una sensación extraña. Da mucha alegría, claro, pero no sabría decirte cómo me siento. Aún necesito tiempo para asimilarlo".

Los comerciantes han vendido 2.200 euros en lotería: 1.500 en décimos y 700 en participaciones de cinco euros. "Está muy repartido, prácticamente todo el pueblo se ha llevado uno a casa", comenta Ricardo. Eso incluye —aunque aún no se ha puesto en contacto con ella para confirmarlo— a la madre de Daniel Pérez Berlanga, el hombre que el viernes empotró un Citroën Xantia contra la sede del PP. El atacante, que ya ha pasado a disposición judicial, está acusado de los delitos de estragos, homicidio en grado de tentativa y tenencia ilícita de explosivos. "Lo que hizo ese chico fue muy fuerte. Aunque la familia haya ganado algo, más que alegría sentirán tristeza", lamenta.

Los dos hermanos nunca juegan el mismo número. Tampoco creen en cifras mágicas. "Ha sido totalmente al azar. Llamamos a la administración de lotería y pedimos que nos reservaran uno cualquiera". ¿Cualquiera, cualquiera? "Bueno... Una empleada pidió que terminase en 3, pero eso fue lo único", confiesa. Al otro lado del teléfono alguien descorcha una botella.

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