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Un tesoro enorme, de Colón a Goya

La duquesa repartió su patrimonio en 2011 antes de contraer matrimonio con Alfonso Díez

La duquesa de Alba y sus hijos en el Palacio de Liria, en 1968. Desde la izquierda, Fernando, Alfonso, Eugenia, Cayetano, Jacobo y Carlos. Ampliar foto
La duquesa de Alba y sus hijos en el Palacio de Liria, en 1968. Desde la izquierda, Fernando, Alfonso, Eugenia, Cayetano, Jacobo y Carlos. Getty Images

Contar con alguien entre tus antepasados que llegó a posar para Goya, puede darte derecho a ciertas licencias. Como por ejemplo, negarte a ser retratada por un tal Pablo Picasso. A Cayetana de Alba, en tiempos, no llegaban a convencerle las deformaciones que el genio malagueño imprimía a sus figuras. Así que por más que su padre, don Jacobo, insistiera en que accediera, no le dio la gana. Prefirió subirse a un poni para ser inmortalizada por Zuluaga, como puede verse hoy en el palacio de Liria, sede de la Fundación Casa de Alba en Madrid y el lugar donde se encuentran la mayoría de los tesoros artísticos de la familia.

Muchos de ellos colgados de las paredes y no en el aire, como ocurre en el Palacio de Dueñas, Sevilla, el preferido de la duquesa y donde uno de sus mayores bienes reside precisamente en la materia inasible del aire que inspiró a Antonio Machado para escribir aquellos versos autobiográficos: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero…”. Hablaba del retiro de los Alba. Aunque dicho lugar tampoco queda manco en cuanto a riqueza artística con sus 1.425 joyas recogidas en el catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

Cuenta Manuel Vicent en su magistral retrato de Jesús Aguirre, segundo esposo de Cayetana, cuya afición a leer en bata a Lord Byron por los pasillos ha quedado como leyenda, que lo que más costaba en su domicilio, según él mismo le confesó, era encontrar los interruptores.

Andan debajo de los velázquez, los goyas, los rubens, los tizianos, los retratos de antepasados, los tapices, las librerías, la cerámica… El legado artístico de la familia se cifra en 249 óleos y 177 acuarelas, 54 dibujos y otros tantos tapices catalogados, que fueron objeto de una exposición en 2012 en el palacio de Correos de Madrid; por no hablar de un archivo histórico, a buen recaudo, valorado en 41 millones de euros, o de una biblioteca con 18.000 volúmenes entre los que se encuentra la primera edición de El Quijote o las cartas de navegación que Colón utilizó en su primer viaje a América.

El matrimonio de Cayetana Fitz-James Stuart en Sevilla, en 1947. ampliar foto
El matrimonio de Cayetana Fitz-James Stuart en Sevilla, en 1947.

Todo ello puede admirarse en Liria, con visitas guiadas, como un museo viviente. Muestras de la acumulación de riquezas de una estirpe que desde el siglo XV hasta el XXI, cruzando sus genes aristocráticos entre lo más poderoso de los grandes imperios en expansión de la era moderna —el británico y el español—, no ha dejado de agrandar su estela.

¿Quiénes fueron los Alba coleccionistas? El primero, el marqués del Carpio, al que se deben 32 cuadros de los que posee actualmente la familia, adquiridos o encargados por él en el siglo XVII. Un mecenas puro que llegó a tener en su poder la Venus del espejo, de Velázquez, que hoy pertenece a la colección de la National Gallery de Londres y que perdieron al quedar en manos de Godoy. Aunque quien realmente impulsó todo fue Carlos Miguel, decimocuarto duque de Alba, amigo de Rossini, a principios del siglo XIX, gran amante de la música, que compró casi todo antes de que don Jacobo, padre de Cayetana, y ella misma, lo completaran hasta hoy.

En otro orden de cosas, quizás la difunta no haya figurado en la lista Forbes, pero sí apareció en el Guinness de los Récords como la mujer con más títulos nobiliarios del mundo. Y esa es una de las cuestiones cruciales para alguno de sus hijos.

La duquesa baila en su boda con Alfonso Díez en Sevilla, en 2011. ampliar foto
La duquesa baila en su boda con Alfonso Díez en Sevilla, en 2011. EFE

Si bien los palacios, las fincas, explotaciones, mansiones y cortijos han quedado repartidos entre los seis herederos y —ahí estuvo la gran sorpresa— su nieto Fernando Fitz-James Stuart y Solís, a quien le tocó Dueñas, la cuestión de los más de 70 títulos se ha convertido en toda una obsesión para Alfonso Martínez de Irujo, su segundo hijo.

Fue Alfonso quien en su día dio un paso al frente para solicitar ante el Ministerio de Justicia siete de los títulos importantes en juego. En su día, quería el condado de Guimerá y Ribadeo además de los marquesados de Orani y Almenara. Pero lo más peliagudo son sus pretensiones sobre los condados de Palma del Río, Aranda y el ducado de Híjar. Los tres llevan aparejada la dignidad de grandeza de España. No quedó la lucha cerrada entonces. Estos días, podría clarificarse.

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