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Balada triste de un trompetista

Rogelio Betancourt vuelve a Madrid después de 11 meses de vivir en las calles de Marruecos

Rogelio Betancourt muestra su pasaporte en un café de la plaza de Castilla en Madrid, junio de 2014. Ampliar foto
Rogelio Betancourt muestra su pasaporte en un café de la plaza de Castilla en Madrid, junio de 2014.

Rogelio Betancourt Suárez ya no vive en las calles de Marruecos. Después de 11 meses enfrentándose a diario a la incertidumbre de saber si conseguiría algo que comer y un lugar donde dormir, este trompetista cubano ha logrado superar el vía crucis en el que se había convertido su vida. Betancourt ha logrado, por fin, cruzar la frontera hacia España y ha dejado atrás el limbo legal en el que se encontraba.

Nació en Cuba en 1964, pero actualmente no puede volver allí porque según la ley de su país un ciudadano no puede salir de la isla por más de 24 meses sin un visado especial. Un permiso que el músico no tiene. Solo podrá regresar si muestra que tiene una residencia en algún otro país. Betancourt emigró a España en 1999, consiguió la residencia por un año, y en 2004 obtuvo el permiso permanente. Cinco años más tarde, su madre, que vive en Camagüey (Cuba), enfermó y Rogelio decidió entonces volver a su tierra natal. En esa ocasión Cuba le abrió sus puertas porque residía en España. Un año y medio más tarde el músico regresó, y cuando quiso renovar su permiso de residencia se lo denegaron. La ley española prohíbe salir de la Península durante más de 180 días en un periodo de un año. Tampoco podía regresar a Cuba, ya que había perdido la residencia española.

La mayoría de mis amigos se alejó, no creían mi historia

Betancourt, de abuela española, pasó a ser un inmigrante irregular. Comenzó a ganarse la vida tocando la trompeta junto a un grupo de mariachis en la Puerta del Sol de Madrid. A finales de 2012 recibió una oferta de trabajo para tocar durante ocho meses en un lujoso restaurante mexicano en Marrakech (Marruecos). Obtuvo el permiso para ir, pese a que no tenía residencia. “No sé por qué me dieron el visado”, confiesa. Betancourt tenía en mente hacer de su estancia en Marruecos un salvoconducto para regresar a Cuba. No sabía, sin embargo, que sin un permiso de residencia su país natal le negaría la entrada.

Cuando su visado marroquí caducó en julio de 2013, el trompetista pasó de nuevo a estar en una situación irregular. “Las noches en este país eran muy difíciles, sin documentación legal, la policía me sacaba hasta de los hostales. Mi dinero se fue acabando, me robaron la trompeta, solo me quedó el móvil y mi pasaporte. La mayoría de mis amigos se alejó, no creían mi historia”, recuerda el músico, sentado ahora en un café en la madrileña plaza de Castilla. “Estoy en la misma situación que cuando estaba en Marruecos, pero me siento libre. Comparto el idioma y conozco el país”, afirma.

Su historia tuvo eco en las redes sociales después de que un joven alemán, Tobias Olegart, grabara un vídeo-reportaje de la situación de Betancourt y lo colgará en distintas páginas web. Varias personas se juntaron para ayudar al cubano, entre ellos Fernando Cavalcante, un ceutí de 50 años que está casado con una cubana hace cinco. Desde el pasado 28 de abril Cavalcante cruzaba casi todos los días la frontera para visitar al trompetista y llevarle comida. Así también se enteró la letrada Estella Pérez Cabrera, miembro de la Red Internacional de Abogados Eureka. Fue esta organización la que consiguió un visado de tránsito para que Betancourt pudiese salir de Marruecos.

La red no quiso presentar un recurso contencioso ya que podría tardar mucho tiempo en resolverse. Entonces interpusieron una queja a la Defensora del Pueblo, pero hasta la fecha no han recibido respuesta, así que escribieron al Ministerio de Exteriores. “En nuestra carta alegamos que por el artículo 158 del Real Decreto 557/2011, una persona puede recuperar su visado de larga duración”, explica la abogada. Y lo consiguieron. El ministerio respondió que analizarían el caso y el trompetista pudo volver con un visado de tránsito, el cual vence el próximo 2 de julio. “Hasta ese día, Betancourt está legalmente en España, ahora estamos juntando los papeles para que pueda recuperar su residencia y luego pedir la nacionalidad, ya que su abuela materna es española”, puntualiza Pérez Cabrera. Los requisitos, sin embargo, no son sencillos. Entre muchos otros deben presentar los antecedentes penales de los últimos cinco años, periodo en el cual Betancourt ha estado en Cuba, Marruecos y España, por lo que prevén que será complicado.

Desde el pasado 28 abril, un ceutí cruzó diario la frontera para llevarle comida

Previo a esto, el trompetista junto a un abogado de Ourense, ya había recurrido a la primera negativa del consulado, pero recibió un no rotundo por el mismo problema: carecer de tener una residencia legal.

El cubano, como le dicen sus amigos, quiere ahora volver a tocar en las calles, pero no tiene trompeta ni dinero para comprarla. “Además, ahora necesito un permiso para tocar por Madrid y para conseguirlo debo recuperar mi residencia y obtener un visado para trabajar”, afirma Betancourt. Las heridas que las noches en Marruecos dejaron en las muñecas y tobillos de este trompetista empiezan a cicatrizar; sus pómulos, que en los últimos meses sobresalían por el hambre, empiezan a cubrirse de carne. Los ánimos, recuperados. “Sé que necesito ayuda y espero que organizaciones o personas puedan seguir apoyándome, pero estoy feliz de estar acá”, subraya con una sonrisa.