Política

En sus palabras

Historia de un príncipe en 32 discursos

Don Felipe ha expresado sus ideas en la entrega de los premios Príncipes de Asturias

El príncipe Felipe, durante su primer discurso en la entrega de los primeros premios que llevan su nombre, en Oviedo. / Manuel H. de León (EFE)

Cuando tenía siete años y la democracia no caminaba sola en España fue proclamado heredero de la Corona (22 de noviembre de 1975). Cuando tenía nueve, el Gobierno le nombró Príncipe de Asturias, de Girona y de Viana (Real Decreto de 21 de enero de 1977). El 3 de octubre de 1981, cuando tenía 13, pronunció su primer discurso con público como presidente de honor de la Fundación Príncipe de Asturias.

Aquella intervención sumó apenas un minuto: cinco párrafos de agradecimientos hilvanados a base de fórmulas de cortesía que leyó bajo la atenta mirada de sus padres. Era la primera entrega de los premios Príncipe de Asturias, un reconocimiento anual a personalidades destacadas del mundo de las artes, las ciencias y el deporte.

Luego han llegado otros 31 discursos de Felipe Juan Pablo y Alfonso de Todos los Santos, con la única excepción de 1984, porque estaba estudiando en el Lakefield College School de Canadá.

Sus intervenciones, mucho más largas e intencionadas a medida que pasaban los años, resumen una parte de la historia de España, de los principales acontecimientos que ha vivido el mundo en los últimos 32 años, y de su propia vida.

1981. Un patriota asturiano de solo 13 años. “He querido que las primeras palabras en público que pronuncio en mi vida tengan precisamente como marco este Principado de Asturias, cuyo título con tanto honor ostento (…). Mi felicitación más sincera a la Fundación, que inicia ahora una labor importante y que ha de tener una significación destacada en beneficio de esta Asturias querida, que llevó y llevaré siempre en lo más profundo de mi corazón”.

En las palabras de aquel joven Príncipe no estaba la zozobra de una democracia en peligro, ni la incertidumbre por un Gobierno descompuesto. Meses antes de la celebración de los premios Príncipe de Asturias, España estuvo unas horas en manos de su pasado. El golpe de Estado del 23-F fracasó, pero el ruido de militares insatisfechos se volvió insoportable. En el mundo, los atentados terroristas contra los grandes líderes gobernaban todos los titulares: asesinato del presidente egipcio, Anuar el Sadat (6 de octubre de 1981); el Papa Juan Pablo II, herido de gravedad tras ser tiroteado en la Plaza de San Pedro por Ali Agca (13 de mayo de 1981); un demente hirió al presidente estadounidense Ronald Reagan –una bala le pasó muy cerca del corazón-. El loco disparó seis veces al presidente cuando éste salía de dar una conferencia.

1982. Apuesta por la cultura y la educación. La España del cambio –el PSOE ganó este año las elecciones generales con mayoría absoluta- cogió al Príncipe con 14 años y nueve meses. Su discurso en Oviedo se centró en la bondad de los premios para un país mejor: “En la cultura y en la educación está el secreto de que las relaciones entre los españoles conduzcan al progreso y a la paz que de corazón deseo para Asturias y para España".

1983. Un guiño de afecto eterno a Latinoamérica, “hermosa y plural”. En 1983, don Felipe comenzó a introducir en sus textos de los premios Príncipe de Asturias palabras cargadas de afecto hacia Latinoamérica.

“A comienzos de junio pasado, en representación de mi padre, el Rey, hice mi primer viaje a América para asistir a la conmemoración del cuatrocientos cincuenta aniversario de la fundación de Cartagena de Indias. Para mí ha sido algo inolvidable. A América, hermosa y plural, prolongación de nuestra patria más allá de los mares, desearía volver una y otra vez”.

1985. “Tender la mano, unir razas y pueblos”. Apenas dos minutos de terremoto recién abierto el día (jueves 19 de septiembre de 1985) dejó en la capital de México los daños más graves de toda su historia y cerca de 10.000 muertos. Unos días después de la tragedia, el príncipe Felipe (17 años) volvía al teatro de los premios en Oviedo: “Sean mis primeras palabras en este acto para enviar desde aquí un mensaje de apoyo y de cariño a México y a los mexicanos que viven, con entereza y valentía, momentos de angustia y de desgracia. Este empeño de tender la mano al que necesita ayuda; de unir razas y pueblos; de fomentar la comunicación entre los hombres; de vitalizar culturas y engrandecer los espacios comunes de la civilización, es también el servicio al que la Fundación está entregada”.

El príncipe de Asturias empezó a coquetear desde aquel año con la idea de una triple aspiración de la juventud, una utopía en la que se sentía cómodo: “La verdad, la belleza y la bondad, y la consideramos lejana, tal vez inalcanzable (…)”. Todo para llegar a una conclusión que inspiró todas sus intervenciones: “Sin hombres de ciencia, sin investigadores y profesores, sin artistas y poetas, sin personas de buena voluntad, las sociedades se moverían ciegas y torpes y acabarían muriendo”.

1986. “Una monarquía alejada de limitados o variables conceptos políticos”. Con 18 años, don Felipe juró ante las Cortes Españolas como heredero de la Corona. Aquella circunstancia, trascendente e histórica, atravesó su discurso de aquel año en el que España se integró en Europa. El Príncipe reivindicó la monarquía y trazó su manual de uso: “Una institución que se caracteriza por su continuidad y su permanencia; que trasciende a las personas y que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, ha de estar por encima de situaciones transitorias y circunstanciales. Si en lo nacional, la Monarquía ha de esforzarse en ejercer su misión constitucional para todos los españoles, en lo internacional tiende a extender sus sentimientos de amistad y sus deseos de paz a todas las naciones de la tierra, manteniendo con ellas las más cordiales relaciones. Esta generalidad, este punto de vista amplio y generoso, que es consustancial con la institución en la que me corresponde servir a España, ha de estar alejada de limitados o variables conceptos políticos, para integrarse en el gran sentimiento inmutable de la armonía, de la paz, de los valores permanentes del arte y la cultura en su conjunto y en sus representaciones más destacadas y valiosas”.

1987. “La retórica inútil”. Seis años después de creados los premios Príncipe de Asturias se añadió el deporte entre las disciplinas que merecían el galardón. Don Felipe lo inauguró con el mediofondista Sebastian Coe, símbolo “de la nobleza y el espíritu de exigencia que es connatural al atletismo”. Su discurso de ese año, en el que España votó en referéndum su permanencia en la OTAN (52,53% de síes), fue asesinado Olof Palme y se registró en peor accidente nuclear de la historia de la humanidad en Chernobyl, terminó con un ataque a la retórica: “Todos los premiados, sus vidas y sus obras, nos invitan a ser mejores en nuestras actividades. Los ideales de los hombres y de las sociedades no pueden limitarse a grandes declaraciones conceptuales y filosóficas, porque si se quedasen en la pura retórica carecerían de toda utilidad”.

1988. “El futuro se basa en el pasado y se llena de energía en el presente”. ETA, que intentaba imponer su régimen de terror en España con un asesinato cada tres días, decretó un alto de 60 días en su actividad criminal para dialogar con el Gobierno socialista en Argel. Eran tiempos oscuros en los que jueces y fiscales perseguían los crímenes de Estado perpetrados por los GAL con el amparo del Gobierno de turno. En ese contexto llegaron los premios Príncipe de Asturias, con don Felipe muy impactado con la experiencia que vivió en las olimpiadas de Séul.

“El futuro no puede contemplarse como un salto en el vacío, como una locura o una aventura sin retorno. El futuro se basa en el pasado y se llena de energía en el presente. Vosotros los premiados sois, como creadores, artistas y pensadores, quienes habéis de nutrir nuestra imaginación para que los años venideros no nos asusten y en ellos la humanidad se haga más plena y más fecunda”.

1989. “En España, el que resiste, gana”. “No me corresponde a mí emplear un tono doctoral y distante. Pero con naturalidad y sinceridad he de deciros que me siento comprometido profundamente con esta labor de la Fundación del Príncipe de Asturias que fomenta la cultura y tiende a promover la unión entre los pueblos. Asturias adquiere así un carácter universal. Desde aquí hemos de luchar por la superación de las fronteras del atraso y sentirnos comprometidos con las exigencias de nuestra hora para poner las ciencias, las artes, los conocimientos de todo orden al servicio de la humanidad”.

Acudió el Príncipe a los premios de aquel año con un galardón que hizo universal a España: Camilo José Cela, premio Nobel de literatura: “Quiero terminar estas palabras expresando mi honda satisfacción por la reciente concesión a Camilo José Cela, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, del Premio Nobel de Literatura, galardón del que, como todos los españoles, me siento orgulloso. Aprovecho esta ocasión para, desde aquí, reiterarle mi felicitación y enhorabuena. Y plagiando su prosa, recuerdo lo que él me aconsejaba en sus palabras de hace dos años: “En España, y os lo digo, Alteza, porque sois joven y español, el que resiste gana”.

El Príncipe, en su discurso de 2002. / GORKA LEJARCEGI

1990. “España, solar de reencuentro con los sefardíes”. En el décimo aniversario de los premios, el Príncipe dedicó un guiño a la comunidad judia –las comunidades sefardíes recibieron el premio de la concordia- y su pasado en España. “La grandeza del mundo hispánico es inseparable de la diversidad cultural de sus componentes, y la de los sefardíes constituye, sin duda, parte entrañable de esta gran familia. Aún cuando tuvieron que abandonar su tierra en circunstancias dramáticas, supieron ser leales a ella, quizás esperando que llegase un día en que España fuera otra vez un solar de reencuentro para ellos. Desde el espíritu de concordia de la España de hoy, y como heredero de quienes hace 500 años firmaron el decreto de expulsión, yo los recibo con los brazos abiertos y con una gran emoción”.

Fue en este acto cuando el Príncipe dedicó el primer recuerdo a quienes luchaban contra la injusticia en el mundo. “Quisiera, por último, dedicar un emocionado recuerdo a quienes, en las condiciones más difíciles, luchan contra la ignorancia y la injusticia. Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, José Ramón Moreno, Amando López, Joaquín López y López, Alba Ramos y Cristina Ramos rindieron el tributo de su vida por tan noble objetivo”.

Muchos años después, el Gobierno eliminó mediante una reforma legal de urgencia la posibilidad de juzgar en España crímenes como el asesinato de cinco jesuitas españoles en El Salvador. Aunque el juez Eloy Velasco, instructor de esta causa, entendió que aquel caso era un supuesto claro de asesinato terrorista y se agarró a la ley para seguir investigando 25 años después.

En aquel 1990, el Príncipe quiso concluir su discurso con un canto a la libertad y a la justicia: “Porque pienso que entre todos debemos contribuir a la perfección de una España basada en la libertad y la justicia, el respeto a la pluralidad de verdades, la lucha contra la pobreza, la enfermedad y la ignorancia, la protección de la naturaleza, y la creación de las condiciones necesarias para que, como en una ocasión dijo mi padre, el Rey, nuestra Patria sea una 'España prodigiosa en su capacidad creadora' en las Artes, las Ciencias y las Letras”.

1991. “Cobarde y desalmado terrorismo”. Tres atentados –un militar muerto y tres heridos graves- golpean Madrid en la víspera de que el príncipe Felipe acuda a Oviedo para premiar la excelencia de artistas, científicos y periodistas. En el nacimiento de su discurso, don Felipe incluye la condena a ETA, cargada de rabia e impotencia. “La satisfacción que hoy sentimos se ha visto empañada por unos hechos dramáticos. Quiero condenar con todas mis fuerzas los sangrientos acontecimientos ocurridos ayer en Madrid en los que ciudadanos inocentes perdieron la vida o sufrieron terribles mutilaciones como consecuencia de un cobarde y desalmado terrorismo asesino”.

1992. “Pasemos de soñar a poner en obra lo soñado”. Fue el año en que la Fundación Príncipe de Asturias homenajeó la batalla contra el sida. “La victoria sobre la gran tragedia del sida, una enfermedad que no sólo desorganiza las defensas inmunológicas del cuerpo sino también a la sociedad misma cuando se discrimina, margina o estigmatiza a quienes la padecen, es uno de los grandes retos de esta hora de la humanidad. Es hermoso ver cómo una mujer, Elizabeth Taylor, en la cumbre del éxito, transforma su vida en sacrificio y encabeza, en continuada dedicación, la más importante organización mundial no gubernamental, la Fundación Americana para la Investigación sobre el Sida, para llevar sus nobles ideales a todos los rincones de la Tierra. Deseamos que este premio abra la esperanza entre quienes padecen la enfermedad, promueva la confianza en quienes puedan sentir el miedo a ella y sea también un homenaje a todos aquellos que en tantos frentes luchan por vencerla”.

Y el año de la Expo de Sevilla, la capitalidad cultural de Madrid y los Juegos Olímpicos de Barcelona: “Con especial emoción quiero recordar también el momento en que tuve el honor de encabezar, llevando la bandera de España entre mis manos, la delegación de deportistas de nuestro país en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Deseo que este recuerdo emocionado vaya acompañado de mi felicitación a nuestros deportistas por sus éxitos, así como a tantos otros compatriotas que, a lo largo del año en que conmemoramos el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, han hecho posible, con su ilusión, entusiasmo, imaginación y generosidad, que los españoles, como un día pidió Unamuno, pasásemos de soñar a poner en obra lo soñado”.

1993. “Allí donde hay miedo no existe la verdadera libertad”. Don Felipe se agarró a la esperanza para su discurso del año en el que murió su abuelo, Don Juan de Borbón, hijo y padre de rey. “Cuando alzamos la mirada ilusionadamente hacia el futuro nos vienen a la mente estos luminosos versos de Pedro Salinas: 'No rechaces los sueños por ser sueños. Todos los sueños pueden ser realidad, si el sueño no se acaba”.

La glosa a su abuelo fue así: “La palabra concordia resume la vida y la obra de mi abuelo, Don Juan de Borbón, pues dedicó sus mayores desvelos y sacrificios a construir la España de todos los españoles. Siento una honda tristeza al notar su falta. Bien sé con cuánto interés y cariño seguía cada año este acto. Por ello, esa llamada al corazón que a veces es el recuerdo, tiene hoy en mí un eco de nostalgia, de amor y de soledad. Una soledad sólo atenuada por la convicción de que su ausencia no es silencio: su legado moral y su invocación permanente a la unidad y a la reconciliación quedan entre nosotros para siempre como llama viva de amor a España.

ETA siguió con sus crímenes y la Fundación Príncipe de Asturias concedió uno de sus galardones a Gesto por la Paz, una organización que trabajaba intensamente por el fin de la violencia terrorista y contra la intolerancia. “Es más fácil incitar al odio que desterrarlo y Gesto por la Paz está haciendo mucho para desterrar el odio y para que la concordia prospere y fructifique en esa querida tierra. Sois los representantes de la nobleza de un pueblo que lucha sin armas para conseguir una sociedad más pacífica y justa. Sois combatientes contra el miedo y por la libertad. Porque allí donde hay miedo no existe la verdadera libertad. En este acto tan decididamente inspirado en la exaltación de lo mejor de los seres humanos, uno mi voz a los que claman por la reconciliación y exigen el cese de la violencia (…). Afortunadamente, en esa tierra tan querida se ha acabado el tiempo del miedo, y ha comenzado el de la esperanza”.

El primer ministro de Israel, Isaac Rabin, junto a Yaser Arafat, recogen el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional de manos de don Felipe. / efe

1994: “Creo en el sol, aunque no brille, creo en el amor, aunque yo no lo sienta”. El genocidio de Ruanda ocupó parte de la intervención de este año para ensalzar a los misioneros que trabajaron en aquel infierno. “Desde el humilde hospital de Kibuye, en el corazón de África, la voz angustiada y valerosa de una hermana misionera, Pilar Díez Espelosín, transmitida por teléfono, en directo y a través de la radio, alertaba al mundo del genocidio que se estaba produciendo en Ruanda, haciendo reverdecer la advertencia de Albert Camus de que no hay ya un solo sufrimiento aislado, una sola tortura en este mundo que no repercuta en nuestra vida cotidiana.

Los fanatismos raciales, que están en el origen de la tragedia de Ruanda, junto con los ideológicos, los religiosos o los del nacionalismo extremista, están llevando la guerra a extensas áreas de nuestro planeta. Los resultados de estos conflictos son desoladores, pues, a la vez que causan centenares de miles de víctimas inocentes, impiden el valioso y enriquecedor pluralismo de las culturas y la legítima defensa de la identidad de los pueblos, que sólo pueden florecer dentro de la convivencia pacífica, enlazando las diferencias por la concordia y las ideas opuestas por la tolerancia”.

Se ha querido reconocer con este premio, al mismo tiempo, la inmensa tarea desarrollada en todo el mundo por tantos y tantos misioneras y misioneros que, desde la fortaleza de su fe, su compasión y la alegría de obrar bien, son capaces de vivir y hasta de morir por los demás, como lo han demostrado recientemente dos hermanas, Esther Paniagua Alonso y María Alvarez Martín, asesinadas en Argelia”.

Este mismo año, los premios Príncipe de Asturias buscaron también la paz entre dos pueblos enfrentados; Israel y Palestina. Así lo explicó el heredero de la Corona: “Un proverbio de Sefarad -aquella España que quiso ser regazo de la armonía y de la convivencia entre árabes, judíos y cristianos-, que habla de austeridad y de prudencia, dice que la flor más poderosa nace, crece y vive en la sombra. Así, al amparo de la discreción, sembraron el olivo de la paz estos dos excepcionales hombres que hoy homenajeamos al hacerles entrega del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Son el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yaser Arafat, y el primer ministro de Israel, Isaac Rabin, dos personalidades históricas que han tenido la valentía de atravesar el desierto de la guerra para llegar a la tierra prometida de la paz.

Creo en el sol, aunque no brille. Creo en el amor, aunque yo no lo sienta. Creo en Dios, aunque no pueda verlo. Por todo ello, desde lo más hondo de nuestro corazón, queremos que se haga realidad en todos los hogares de vuestras patrias, tan queridas por los españoles, esta bellísima plegaria: 'Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado'. Shalom. Salam. Paz”.

1995. “La felicidad es el acuerdo entre un ser y la existencia que lleva”

Con motivo del premio de Ciencias Sociales a los historiadores Miquel Balltori y Joaquím Veríssimo Serrâo, don Felipe citó El Quijote: “Los historiadores deben ser puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, les haga torcer del camino de la verdad, cuya madre es la Historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”.

Don Felipe introdujo en su discurso de los premios una defensa apasionada de la igualdad entre el hombre y la mujer aprovechando el galardón concedido a Hassiba Boulmerka (atleta argelina campeona olímpica de 1.500 metros en Barcelona 92 y campeona del mundo en 1995): “Para los que amamos la convivencia respetuosa y en paz, y ésta es imposible sin la presencia permanente, activa y libre de la mujer (…) La verdad no está en la separación sino en la unión, y en la idea, como pensaba Voltaire, de que 'la discordia es el peor de los males que aquejan al género humano, y ese mal sólo tiene un remedio: la tolerancia".

1996. “Adolfo Suárez, un hombre flexible, persuasivo, dialogante, amante de la libertad”. El porvenir de España, aquel 1996, estaba en otras manos distintas a las que habían dirigido el país en los últimos 14 años. Los socialistas perdieron el poder. José María Aznar había formado el primer gobierno del PP en democracia.

Don Felipe se aplicó en una lección de historia reciente para reivindicar la figura de Adolfo Suárez, premio Príncipe de Asturias de la Concordia: “Los españoles vivimos a mediados de los años setenta un delicado y fundamental proceso de transición política que llevaba consigo una profunda transformación social. Era preciso conjugar armónicamente, sin tensiones ni violencias, dos tiempos diversos para asegurar la convivencia en paz en el camino hacia la democracia. Era preciso superar las diferencias del pasado y neutralizar viejos recelos para abrirse a un futuro de ilusiones compartidas.

Una tarea de esta índole exigía un esfuerzo de concertación a la que contribuyó decisivamente una persona dotada de flexibilidad, afán de diálogo y de entendimiento, amor a la libertad, respeto a las ideas ajenas, mucho coraje y no poca capacidad de persuasión. Hacía falta alguien que, además de reunir estas infrecuentes virtudes, pusiera la vida en el empeño. Ésta fue la obra de Adolfo Suárez, que hoy ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia”.

1997. “Creer en una España que no se opone sino que dialoga, que no se enfrenta sino que escucha”. En el umbral del centenario de 1898, el Príncipe de Asturias homenajeó a la Generación del 98 e intentó sacar lecciones de aquella experiencia. “Debemos a este grupo de escritores, pensadores y artistas, una lección imborrable; la del amor a España y el reconocimiento gozoso de la diversidad que enriquece a nuestra nación. Las andanzas del vasco Unamuno por tierras castellanas, la sensibilidad de la mirada con que el sevillano Antonio Machado contempló la meseta, los paisajes de la España interior revividos por el levantino Azorín, la visión dolorida y fraterna de las provincias de Castilla y León que precisamente tuve el honor de recorrer esta primavera y que hoy tienden a consolidar su progreso tras duras pruebas seculares, son otros tantos ejemplos de lo que la fecha de 1898 desencadenó. Son también una enseñanza permanente. Esta idea de armonía entre nuestras tierras que desarrollaron los noventayochistas ilumina el momento presente, porque es necesario seguir creyendo en una España que no se opone, sino que dialoga; que no se enfrenta, sino que escucha; que no silencia o se encierra, sino que viaja y se abre fraternalmente”

Los Príncipes con la Reina a la llegada al teatro Campoamor, en 2006. / J. L. Cereijido (efe)

1998. “Una nueva Europa que no se puede construir sólo desde las relaciones económicas y comerciales”. El acuerdo sobre la moneda única en Europa sirvió al Príncipe Felipe, europeísta convencido, para mostrarse esperanzado ante el nuevo proceso económico que se abría paso. “Supone dar el paso a una Comunidad solidaria e irreversible para los países de la Unión Europea y sus ciudadanos. Representa además, tras siglos de desunión y guerra, una apuesta para, fortalecidos por la unidad, ser libres en la diversidad; una apuesta, en definitiva, por la paz. La transformación económica que significará la moneda única tendrá también hondas consecuencias de alcance político y social que afectarán profundamente al diario vivir de los europeos. Estamos ante un gran momento de la historia de la Humanidad, pues una Europa fuerte no sólo es buena para los europeos. Lo es también para el mundo. Esa nueva Europa no se puede construir sólo desde las relaciones económicas y comerciales. Los nutrientes del espíritu europeo han de ser, además, la solidaridad para hacer frente al desempleo, la ayuda humanitaria, la cooperación con los países más pobres, la democratización de las instituciones políticas supranacionales y la cultura común, esa cultura plural formada a su vez por tantas y tan ricas culturas nacionales”.

1999. “Fin del milenio: Conseguir un mundo más justo y solidario debe seguir siendo un objetivo prioritario”. “Cuando estamos acercándonos al final de este milenio parece inevitable mirar hacia adelante, meditar acerca de lo que deseamos que sea el tiempo que nos aguarda, tratar de concebir los grandes principios que articularán la historia del mañana, recogiendo del pasado lo que tiene de eterno. Salen a nuestro encuentro de inmediato las grandes contradicciones, los vaivenes de la historia, las luces y las sombras que tiñen una civilización paradójica, de progreso y degradación, de respeto y humillación, de belleza y fealdad absolutas. En el siglo que se aproxima a su fin, hemos logrado mejorar las condiciones de vida de millones de seres humanos que, gracias a la generalización de la educación, la cultura y la sanidad, y al intenso desarrollo técnico y científico, llevan una existencia más digna.

Pero, al tiempo, hemos ahondado las diferencias entre ricos y pobres, entre dominadores y dominados, dejando a gran parte de la Humanidad condenada a la injusticia y la miseria. Nos resultan tristemente familiares los sufrimientos de aquellos para los que la sola mención de modernidad es un humillante sarcasmo. Y acaso porque nos importan cada vez más el respeto a los derechos humanos, a la dignidad del individuo, la libertad de opinión y pensamiento, el derecho al trabajo, somos más conscientes de sus constantes violaciones y también más responsables de ellas.

Conseguir un mundo más justo y solidario debe seguir siendo un objetivo prioritario de la acción humana. En la apoteosis de las comunicaciones planetarias es aún necesario fortalecer la idea de que existe una sola Humanidad, muchas identidades y que todos en la Tierra debemos ser iguales en dignidad, derechos y deberes”.

En una intervención tan solemne, en una víspera tan señalada, el Príncipe reiteró su compromiso a favor de la igualdad de la mujer: “Quiero finalizar mis palabras haciendo referencia a lo que considero uno de los grandes logros de este siglo: la conquista por la mujer de sus derechos. Como bien sabemos, la mujer ha vivido a lo largo de la historia en un estado de permanente minoría de edad, marcada por la discriminación y el sometimiento. Privadas de los derechos fundamentales, sin poder participar en la vida política, económica y cultural, salvo en contadas y espléndidas excepciones, el acceso a la educación y la conquista de la igualdad por parte de las mujeres del mundo, entre ellas las españolas, han permitido en buena medida la reparación de esta absurda e injusta situación. El siglo XX, que sólo por los triunfos alcanzados merecería pasar a la Historia como una centuria fundamental en el devenir de nuestra civilización, no ha podido ver culminados todos estos anhelos puesto que la dignidad de las mujeres y el respeto a su integridad siguen siendo vulnerados. Nos ilusiona pensar, no obstante, que la España que se adentra en el siglo XXI será construida, por primera vez en nuestra historia, y ya para siempre, con el esfuerzo, la creatividad y el talento unidos de las españolas y los españoles”.

2000: “Un reinado innovador, moderno y cercano”. Con 32 años, don Felipe coronó su discurso de la vigésima edición de los premios con una apología al reinado de su padre: “Permítanme ahora, antes de finalizar estas palabras, que recuerde públicamente -con la alegría y naturalidad de los gestos verdaderos- la proximidad de un aniversario de especial significación para los españoles que apreciamos y agradecemos la obra conseguida de una España democrática en paz y libertad. Hace 25 años que Su Majestad el Rey, con Su Majestad la Reina a su lado, comenzó un reinado que por innovador, moderno y cercano supo ocupar el lugar apropiado que la Historia y la convivencia democrática y plural demandaba.

Es hermoso para mí, aunque confieso que no fácil por la proximidad que nos une, evocar así Su obra desde esta querida Asturias, origen de tantas emociones, inquietudes e iniciativas que han contribuido, de manera fundamental a construir España. Desde aquí quiero resaltar Su entrega a la misión histórica, la prudencia que impulsa Su quehacer y Sus desvelos por ser, como en verdad es, el Rey de todos los españoles.

Con el aliento de la Corona, el amparo de la Constitución y el trabajo ilusionado de los españoles, España, con sus problemas, es hoy un País que ha progresado enormemente unido en la libertad, respetado en el mundo, depositario de valores irrenunciables (…). A Sus Majestades los Reyes por su decisiva contribución a esta obra, les expreso mi más profunda admiración y gratitud como español y como hijo”.

2001. Atentados del 11-S en Estados Unidos: “Que las llamas pacíficas venzan a las llamas del horror y la muerte”. Dos meses después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, el Príncipe Felipe reflexionó sobre la tragedia y sus consecuencias en la tribuna de los premios que llevan su nombre: “Todos nosotros hemos sido testigos también del espanto producido por los atentados terroristas del pasado 11 de septiembre en Estados Unidos, y de sus trascendentales consecuencias que nos afectan de tantas maneras. Antes que atemorizarnos, nos deben impulsar a la búsqueda de lo que nos une y nos salva; es decir, el amparo y la generalización universal de los derechos humanos, el respeto a las diferencias entre culturas y civilizaciones y el convencimiento de que el sentimiento religioso constituye una honda actitud ética y espiritual que nos ayuda a ir al encuentro de los demás. Evitaremos así que triunfen las interpretaciones fundamentalistas, tan injustas con la razón humana y con la propia religión a la que dicen defender.

No queremos que la historia de los hombres sea una vez más la de sus guerras, sino la que se guíe por la voluntad de construir una comunidad universal en paz y libertad; un mundo donde no exista el terrorismo, cuya brutalidad y fanatismo, por desgracia, son bien conocidos para los españoles. Por eso reiteramos nuestro pensamiento de que su erradicación debe ser una máxima prioridad de la comunidad internacional de naciones libres y democráticas, pues ninguna causa, ningún proyecto, ninguna aspiración colectiva puede servir de argumento para practicar, alentar o justificar ninguna forma de violencia terrorista. Queremos un mundo, en definitiva, que se deje guiar por la tolerancia y la solidaridad. Nos lo ha dicho con bellas y sentidas palabras uno de nuestros premiados, el profesor Steiner: 'Todos los seres humanos deben aprender a vivir unos y otros como invitados de la vida. No hay sociedad, religión, ciudad o pueblo que no sean dignos de mejorar. Por la misma razón no hay ninguno que merezca ser abandonado cuando se imponen la injusticia o la barbarie'.

Que las llamas pacíficas que hemos visto temblar en las manos de los habitantes de Manhattan venzan a las llamas del horror y de la muerte. Que las conciencias y las voluntades encuentren en Oriente Medio su cauce de concordia. Que sean las palabras vibrantes y emocionadas de los poetas las que nos iluminen en esta hora difícil del mundo. Hoy más que nunca, soñamos con una Humanidad para la que no exista el desaliento, en la que sea realidad la hondura expresada en estos versos: 'Que no se quiebre todavía el hilo sin fin de la esperanza y la memoria dure bajo la luz tendida de la tarde”.

2002. “Unión no significa uniformidad, sino fértil suma de variedades”. El nuevo siglo llegó a España con nuevos fervores independentistas. Donde primero creció ese impulso fue en Euskadi, cuyo Gobierno nacionalista aprobó un nuevo estatuto para erigir al País Vasco como estado asociado a España.

El Príncipe Felipe recalcó este año en los premios que llevan su nombre las bondades de la unidad, sin citar expresamente las tensiones territoriales que empezaba a sufrir España por los planteamientos de algunos gobiernos autónomos.

“De la unión, de la cooperación, han surgido las grandes empresas humanas. Una unión que no significa uniformidad, sino fértil suma de variedades, armonía de esfuerzos diferentes, de ideas distintas que conviven, se amalgaman y se enriquecen mutuamente. Si en cualquier lugar del mundo, si desde algún pueblo perdido en las montañas de un remoto país, un solo niño, una sola niña ve esta ceremonia y siente el deseo de llegar a ser algún día tan generoso, tan brillante, tan sabio como los que nos honran al recibir nuestros galardones, nuestro esfuerzo y nuestra dedicación se habrán llenado de significado. Podremos entonces afirmar que esta ha sido, sin duda, una hermosa tarde, una tarde llena de esperanza”.

El Príncipe, durante su alocución en 2003, ante el entonces presidente de Brasil, Lula da Silva. / GORKA LEJARCEGI

2003. “Nunca antes España ha sido más libre, más próspera, más capaz, más admirada”. Los premios Príncipe de Asturias destacaron este año al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva en el capítulo de Cooperación Internacional. Don Felipe aprovechó para citar a un escritor judio y su aventura en Brasil: “A mediados del siglo pasado, su gran país deslumbró, como a todos los que lo hemos visto por primera vez, al gran escritor judío Stefan Zweig, que buscaba refugio en América cuando Europa estaba a punto de sucumbir a la vieja barbarie de la guerra. Brasil le arrebató el ánimo por su grandiosidad y hermosura, y sobre todo por la armoniosa convivencia entre las diferentes razas que lo pueblan. 'Allí -escribió Zweig admirado-, el hombre no ha sido separado del hombre por absurdas teorías de sangre, raza y origen'. Y agregó: 'Con ojos felices ante las mil formas de la belleza de aquella nueva naturaleza, vi el futuro'.

Hoy, señor presidente, Brasil ha alcanzado un nivel de desarrollo muy apreciable que confirma el pronóstico de quien lo observó entonces con tanta emoción, pero aún no ha podido resolver enormes problemas causados por los desequilibrios sociales. Ahora, con su inspiración y con el apoyo de su pueblo, ese admirado país se empeña en proseguir por el ilusionante camino del progreso, bajo el signo de la justicia y contra la exclusión social”.

La Constitución, aprobada en 1978 por los españoles, cumplía 25 años y el Príncipe de Asturias aprovechó para alabar la convivencia de la pluralidad y la integración de la mujer en todos los ámbitos de la vida social: “Celebramos esta edición en el mismo año en que conmemoramos también el vigésimoquinto aniversario de nuestra Constitución, que nació para que España fuera un lugar entrañable para la convivencia pacífica de nuestra enriquecedora pluralidad de culturas y sentimientos, y nunca espacio para la división, la insolidaridad o la discordia. Bajo su amparo y guía, España ha liberado lo mejor de sí misma y ha desplegado, con extraordinaria vitalidad, muchas de sus grandes posibilidades y lo más esencial de sus recursos humanos, entre los que destaca, por su importancia, la integración de la mujer en todos los ámbitos de la vida social, de los que tan injustamente había estado excluida”.

“Nunca antes España ha sido más libre, más próspera, más capaz y admirada que en esta época iluminada por nuestra ley de leyes. Ha vuelto a ser ante el mundo una gran nación cuya historia es imprescindible para entender la historia de la humanidad.

Por eso, en este día tan querido para mí, quiero tener un recuerdo, impregnado de honda gratitud, para quienes hicieron posible nuestra Carta Magna y para los que sacrificada y lealmente la han desarrollado y aplicado. Para aquellos que, tras heredar una sociedad marcada por la guerra, tuvieron la nobleza de ánimo y la generosidad necesarias para hacer, de las Españas que helaban el corazón del gran poeta, la España democrática en que vivimos; Todos ellos contribuyeron con lucidez y altura de miras a esa hermosa y noble tarea de la reconciliación. Con esos mismos sentimientos recuerdo también, con especial emoción, a quienes, víctimas de la intolerancia y del terrorismo, han perdido sus vidas defendiendo su libertad y la libertad de todos”.

Don Felipe luce la gaita que le regaló la banda de gaitas 'Ciudad de Oviedo' durante los premios Príncipe de Asturias en 2004. Ese año se casó con doña Letizia, también en la foto. / RICARDO GUTIÉRREZ

2004. Atentados del 11-M: “El terrorismo se erige como una de las mayores amenazas para el presente y el futuro”. El año más trágico en la reciente historia de España, con 191 muertos victimas del peor atentado terrorista conocido nunca en el país, coincidió con la boda del Príncipe.

“La ceremonia de este año adquiere para mí un nuevo y emocionante significado, pues me acompaña por primera vez mi esposa, la princesa de Asturias. A ella me uní hace hoy cinco meses; un paso ilusionado de ambos por construir un hogar, formar una familia y compartir el hermoso afán de servir a España con plena entrega, leales a nuestra historia y comprometidos con el futuro de nuestra sociedad. Pero nuestra felicidad, que la queremos también para todos, no nos hace olvidar, sin embargo, las tristes pruebas a las que la vida colectiva nos enfrenta, muchas veces como consecuencia de la acción fanática e inhumana de grupos despojados de todo orden moral que, destilando odio y rencor, amenazan la vida en paz y la existencia misma de millones de personas en todos los continentes. Así, el terrorismo con todas sus ramificaciones, modalidades y conexiones se erige en una de las mayores amenazas para nuestro presente y futuro.

Entre esos dolorosos recuerdos, ninguno tan imborrable para nosotros como el espantoso atentado terrorista del pasado 11 de marzo en Madrid, que de manera tan mortífera y brutal ensangrentó la pacífica convivencia de los españoles y provocó un inmenso y conmovedor movimiento de solidaridad dentro y fuera de España. Hoy no queremos olvidar esa larga lista de víctimas que el terrorismo produce en todo el mundo con una mención especial de tantos compatriotas que han sufrido o sufren sus consecuencias.

Para hacer frente a estas amenazas contamos con el firme compromiso de luchar con la eficacia que nos proporcionan los instrumentos del Estado de Derecho y con la fortaleza de nuestras convicciones, entre ellas, la protección y la defensa de los valores, bienes e ideales que nos definen como una sociedad libre y democrática. Todo ello desde la solidaridad y lealtad que merecen todas las víctimas de la intolerancia, y la gratitud más honda hacia quienes tienen el valor de arriesgar sus vidas para salvar las de los demás”.

2005. “Comprometido para acometer con éxito el futuro de España, de forma unida, solidaria y respetuosa con la riqueza de nuestra pluralidad y diversidad territorial”. En el 30º aniversario de la proclamación de don Juan Carlos, su hijo volvió a recordar todos sus méritos en el discurso de entrega de los premios Príncipe de Asturias: “ Creo que es particularmente oportuno rendir un tributo de reconocimiento y gratitud a Su Majestad el Rey, al que junto a tantos otros españoles de muy diversas generaciones, debemos la construcción de la España democrática de nuestros días.

Los españoles podemos estar legítimamente orgullosos de este periodo de nuestra historia. La confianza que demostramos en nosotros mismos, al ser capaces de organizar nuestra convivencia en paz y libertad, y al mismo tiempo de ser sensibles a los cambios tan importantes que se han producido en el mundo, nos ha permitido vivir los años más prósperos de los que se tiene memoria. Una etapa que ha transformado a España en un país al fin protagonista de la modernidad, abierto y admirado en el mundo, con un bienestar creciente y convergente con los más prósperos de nuestro entorno. Un país, finalmente incorporado a la hoy Unión Europea, y que ha potenciado sus vínculos con todo el mundo, especialmente en el Mediterráneo y sobre todo con Iberoamérica.

La Corona, desde la proclamación de Su Majestad el Rey, promovió la devolución de la soberanía nacional al pueblo español y el pacto constitucional. Como heredero de la Corona estoy firmemente comprometido con ese proyecto de convivencia al servicio de España. Así, contando con el impulso integrador de la Corona, la Constitución nos ofrece el marco más sólido, así como los principios y valores para poder acometer con éxito el futuro de España, de forma unida, solidaria y respetuosa con la riqueza de nuestra pluralidad y diversidad territorial”.

Don Felipe junto al filántropo y fundador de Microsoft, Bill Gates, galardonado en 2006 con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, en un acto en la Universidad de Oviedo. / paco paredes

2006. “La búsqueda incansable y comprometida de una humanidad de hombres y mujeres libres”.  “Los Premios y la Fundación que los sustenta, aúnan en la historia de su éxito las mismas virtudes que han guiado la vida de los españoles durante los últimos años: determinación y prudencia, firmes convicciones, fe y confianza en nuestro proyecto común. La Princesa y yo vivimos felices al pensar que transmitiremos a nuestros hijos todo ese inmenso caudal de emociones y enseñanzas, todo este emotivo patrimonio de imborrables recuerdos. Porque queremos que así crezcan en sus corazones la esperanza, el anhelo de un mundo más justo, la búsqueda incansable y comprometida de una humanidad de hombres y mujeres libres. Porque queremos, en fin, que ellos, como nosotros, crean también en la luz aun antes de que despunte el alba”.

2007. “Sigamos trabajando todos unidos”. Don Felipe quiso destacar en su discurso anual de los premios Príncipes de Asturias el valor de la unidad: “Nos reunimos en una noche como esta para recibir y honrar a hombres y mujeres que vienen de lugares muy distintos y lejanos del mundo, hablan diferentes lenguas, y se sienten parte de culturas, tradiciones y creencias muy variadas. No piensan igual; no pueden ser más diversos. Pero, a pesar de sus diferencias estamos seguros de que es mucho lo que les une: Representan, por encima de todo, la lucha por los derechos fundamentales, especialmente por el derecho a la vida y a la dignidad de las personas; son defensores de la libertad y de los valores democráticos; son capaces de convivir en la diferencia y consideran su propia diversidad como una fuente de enriquecimiento colectivo. En definitiva, son ejemplo vivo de lo que también los españoles nos propusimos hace ahora treinta años para nuestro país y que seguimos construyendo para las futuras generaciones.

Como heredero de la Corona dedico y dedicaré a esta gran tarea todos mis esfuerzos. Sigamos trabajando todos unidos, poniendo nuestro mayor empeño, en esa gran empresa de hacer de España una sociedad cada vez más sólida y cohesionada en torno a los principios y valores de nuestra Constitución”.

2008. La necesaria lucha contra el cambio climático. En el año de la concesión del premio de Comunicación y Humanidades a Google, y el premio de los Deportes a Rafael Nadal, el Príncipe Felipe se ocupó de los trastornos medioambientales del planeta: “Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la Humanidad es el de la preservación del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Para ello reducir a niveles sostenibles nuestra dependencia de los combustibles fósiles, especialmente del petróleo, y frenar el amenazador calentamiento global es uno de los mayores retos científicos y tecnológicos actuales”.

Para resaltar el premio a la Concordia, el Príncipe buscó las palabras de un poeta: “Unos hermosos versos de Salvador Espríu rezan así: 'Los hombres no pueden nunca ser si no son libres'. Es cierto: los seres humanos no podemos vivir sin libertad. Sobrevivimos sin ella, pero no vivimos con plenitud. Esta es la lección más profunda que podemos extraer de la experiencia de Ingrid Betancourt. Y quienes tenemos la fortuna de poder denunciar situaciones tan injustas y tan duras, debemos defender la dignidad, la felicidad y el bienestar del ser humano en libertad. Por todo ello, reconocemos esta tarde su heroica resistencia, su victoria, la ausencia de rencor en su corazón, la grandeza de su ánimo”.

2009. “Necesitamos nuevas bases para crecer y generar empleo”. La ciudad de Berlín, 20 años después de la caída del Muro, recibió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Don Felipe se encargó de explicar los motivos: “Devastada por la guerra se convirtió en una ciudad fragmentada, dividida, repartida por los vencedores, seccionada en dos partes por un muro atroz que no sólo dividió a Berlín y a los berlineses, sino también a todos los alemanes, a los europeos y al mundo. La caída de aquel muro, después de tantos años oscuros, de sacrificios y de dolor, fue uno de los momentos más emocionantes de los que hemos sido testigos con el que se abría la puerta a la reunificación alemana, algo que vivimos con especial júbilo. Mientras los ciudadanos de Berlín, conmovidos, se abrazaban al cruzar aquella frontera que había sido construida para ser insalvable, las dos mitades de Europa, veían también empezar a derrumbarse los muros ideológicos que impedían mirar hacia un futuro de cooperación e integración en paz.

Hoy, Berlín celebra aquella fuerza imparable, hecha de esperanza y de valor, de perdón y de concordia, que consiguió abatir el Muro; y ha recobrado vertiginosamente su antiguo esplendor y el brillo –realmente nunca del todo perdido– de su cultura y de su creatividad. Ha renacido en una ciudad otra vez llena de vida, amante del progreso y de la paz. El año en que se derrumbó el Muro se inauguró una nueva época, tal vez más incierta e imprevisible, pero más humana y más libre. Hoy Berlín es una gran capital europea, símbolo sobre todo de esperanza: es amada por los jóvenes, es una referencia mundial para quienes apuestan por todo cuanto suponga cultura, creatividad y convivencia”.

La crisis económica en España ha provocado un colosal aumento del desempleo, y el Príncipe introduce este año la palabra y la preocupación en su discurso:

“El paro, que es la consecuencia más dolorosa de la crisis económica que vivimos, hiere nuestra dignidad como seres humanos y constituye nuestra principal preocupación. Exige que los Estados faciliten a quienes se encuentran en esa situación la necesaria protección social, al tiempo que poner en marcha todos los medios precisos para que los jóvenes puedan encontrar trabajo y los desempleados puedan reincorporarse cuanto antes a la vida laboral. En España, además, la crisis nos muestra que necesitamos nuevas bases para crecer y generar empleo, que hagan posible que los ciudadanos puedan desarrollar sus vidas y las de sus familias con dignidad, seguridad, y confianza en el futuro.

2010. “Los tiempos de crisis nos obligan a redefinir proyectos y modos de vida”. La crisis económica sigue golpeando a España, empeorando las condiciones de vida de sus ciudadanos y no se atisban esperanzas de mejoría en el inmediato futuro. El Príncipe vuelve a insistir sobre este problema, y el de la corrupción, en su discurso de los premios en Oviedo: “Los tiempos de crisis nos obligan también a redefinir proyectos y modos de vida. Es en los momentos difíciles cuando los pueblos deben expresar más claramente la altura de sus ideales, su lucidez y su grandeza de ánimo. Demos un mayor vigor e impulso a nuestra vida pública. Renovemos comportamientos y cambiemos actitudes. Generemos otra vez ilusión y confianza en proyectos que nos integren y cohesionen cada día más.

Y el camino es fortalecer nuestras instituciones, porque a través de ellas se pueden y deben articular las soluciones que esperan los ciudadanos. Pero también debemos buscar la moderación donde haya habido excesos; ética donde haya habido abusos. Y actuar así con realismo, coraje y rigor a partir de la integridad, el esfuerzo y la cultura del trabajo bien hecho.

Decía Ortega y Gasset que sólo es posible avanzar cuando se mira lejos y sólo cabe progresar cuando se piensa en grande. Está en nuestras manos demostrar que los españoles de hoy no sólo aprendimos aquella gran lección de responsabilidad nacional, sino que podemos volver a ser ejemplo de capacidad, superación y grandeza. Ellos lo consiguieron. Estoy convencido de que nosotros, que creemos en la gran realidad de España, podemos volver a conseguirlo. No tengáis ninguna duda. Yo no la tengo”.

2011. Fin de ETA: “La libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie”. En el otoño de 2011, ETA anunció el fin definitivo de su actividad criminal, una noticia que España esperaba desde hace mucho tiempo. “Quienes han martirizado durante tantos años a la sociedad española con su violencia terrorista asumen su derrota. Es, desde luego, una buena noticia. Es, sobre todo, una gran victoria de nuestro Estado de Derecho. Una victoria de la voluntad y determinación de las instituciones democráticas; del sacrificio y el trabajo abnegado, eficaz, de las fuerzas y cuerpos de seguridad; en definitiva, del conjunto de nuestra sociedad. En esta hora en la que la libertad y la razón se abren camino sobre la barbarie, quiero volver la mirada, querría que todos unidos volviésemos la mirada, con inmenso cariño y respeto hacia las víctimas, hacia su dolor y rendir el homenaje más emocionado a su memoria, a su dignidad”.

Foto de familia con los premiados de la edición de 2013. / Eloy Alonso (reuters)

El príncipe de Asturias pasó de la buena noticia del fin de la actividad terrorista de ETA a la principal preocupación instalada en España: “Ciertamente, no es fácil este tiempo, pero es el nuestro, el que nos ha tocado vivir. Vivimos hoy una crisis –ya larga- que nos afecta de pleno, con graves consecuencias en todos los órdenes, y cuyas dimensiones y complejidad están poniendo a prueba nuestros modos de vida y nuestras capacidades. Si queremos resolver los desafíos que nos plantea, debemos actuar con decisión y valentía.

Ninguna gran nación puede abordar la crisis desde el pesimismo. Ninguna gran nación puede salir de ella sin el concurso de todos. Cumplamos cada uno con nuestras responsabilidades y promovamos un espíritu colectivo de superación, ilusión y esperanza que descanse en las bases sólidas que ya tenemos. Porque a lo largo de estas ultimas décadas han sido muchos los éxitos y los logros que hemos alcanzado juntos, no sin sacrificios ni renuncias, y de ellos nos debemos sentir legítimamente orgullosos.

Los españoles debemos ser conscientes de que estamos en una empresa común en la que hoy, más que nunca, tenemos que estar unidos en torno a nuestros grandes objetivos nacionales y, muy especialmente, para afrontar ese gran reto que es recuperar el empleo. Recuperarlo a todos los niveles y, sobre todo, para los más jóvenes, que quieren, que tienen derecho, a que la sociedad les abra las puertas de la esperanza”.

2012. “Nuestros políticos tienen la gran tarea de dar respuesta a la crisis económica”. “Nuestros representantes políticos tienen legítimamente la gran tarea de encauzar y dar respuesta a los graves problemas que vivimos, especialmente a los derivados de la crisis económica. No cabe mayor exigencia de compromiso y responsabilidad de los poderes públicos ante los ciudadanos. Los sacrificios que están haciendo tantos españoles, la grave preocupación e incertidumbre de otros muchos por su futuro, acentúan aún más ese deber de todas las instituciones del Estado de servir a los ciudadanos, de animar su vitalidad y confianza, atendiendo en todo momento a los intereses generales y teniendo como norte su bienestar.

Los españoles tenemos ante nosotros, en estos momentos, nuevos objetivos comunes en los que trabajar unidos, concentrando toda nuestra energía para llevar a España por el camino del S.XXI: que será, más que nunca, el siglo del conocimiento, la ciencia, y las nuevas tecnologías; de la innovación, la comunicación y la creatividad; también el siglo de un humanismo renovado.

Esos objetivos implican grandes retos en un contexto internacional en el cual tenemos que ser conscientes de que, como respuesta a la imparable interdependencia, el mundo avanzará cada vez más hacia una mayor integración política y económica. Necesitaremos más respuestas globales a los problemas que ya hace tiempo lo son. Esto supone afrontar enormes desafíos que solo podremos superar e influir en ellos a nuestro favor, si todos los españoles colaboramos y caminamos en la misma dirección”.

El Príncipe utilizó la crisis económica como argumento para reivindicar la necesidad de la unidad de España para encarar este problema: “En ese camino también todos conocemos muy bien el valor de la convivencia. Desde el año 1978 millones de españoles hemos sido educados en libertad y democracia; hemos aprendido a expresar nuestras opiniones y a escuchar y valorar ideas distintas a las nuestras; también a resolver nuestras diferencias respetando las leyes en el marco de nuestro Estado de Derecho, que tantos sacrificios nos ha costado alcanzar. Un futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común, en un mismo proyecto de convivencia”.

2013. “No estamos en la España que entristeció a Unamuno en la que vive cada cual solo entre los demás”. “A finales de julio pasado, un barrio de Santiago de Compostela, Angrois, nos dio a todos los españoles una lección de coraje y solidaridad, de gran humanidad. Nada más producirse aquel terrible accidente ferroviario, sus vecinos bajaron de inmediato a las vías del tren para salvar vidas; para ayudar a los heridos y colaborar con los servicios de emergencia; para consolar a los familiares.

La Princesa y yo, días después, escuchamos con gran emoción su relato: con el corazón en un puño nos detallaban su difícil experiencia y nos reconocían humildemente tan solo haber cumplido con su deber, como seres humanos y como ciudadanos. Estoy convencido de que cualquier pueblo o ciudad de España hubiera actuado como Angrois en circunstancias igualmente trágicas –y ejemplos no faltan. Pero ello no resta en nada el gran mérito de su actitud y el valor ejemplar de su acción.

No estamos, por otra parte en la España que entristeció a Unamuno; en la que –como dijo– 'vive cada cual solo entre los demás'. La solidaridad está muy presente. Muchísimos españoles están dedicando una parte de su tiempo a ayudar a los demás; y son también muchos los jóvenes voluntarios que han hecho del compromiso social su bandera”.

Don Felipe recogió en este discurso los nuevos fenómenos de participación social en la calle para debatir los asuntos público: “En la sociedad civil se debaten los asuntos públicos; se crean instituciones y foros con voluntad de aportar –con espíritu constructivo–ideas y propuestas... No es una sociedad indiferente frente a la gestión de los intereses generales, frente a nuestro futuro. Tenemos una sociedad con vitalidad, con pulso”.


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