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Torres, el estratega agraviado

El ‘cerebro’ del instituto Nóos se niega a pagar los platos rotos

Justifica la difusión de correos como medio de defensa ante los ataques de Urdangarin

El exsocio de Urdangarin a su llegada a los juzgados de Palma de Mallroca en febrero de 2013 Ampliar foto
El exsocio de Urdangarin a su llegada a los juzgados de Palma de Mallroca en febrero de 2013 Cordon Press

Diego Torres fue el impulsor, el ideólogo y el cerebro de un tándem que, durante tres años, funcionó de maravilla: el que formó con un antiguo alumno suyo, Iñaki Urdangarin, al frente de un negocio bautizado como instituto Nóos. Entre 2004 y 2006, las ideas de Torres sobre deporte y patrocinio, junto a la enorme influencia del duque de Palma ante la clase política, lograron que Nóos se embolsara contratos millonarios con las administraciones balear y valenciana. La presión de la Casa del Rey llevó a Urdangarin a apartarse de los negocios y de Torres, con quien llegó a litigar por el reparto de unos beneficios. El divorcio definitivo entre ambos, sin embargo, llegó a raíz de las decisiones que uno y otro adoptaron ante la investigación impulsada por el juez José Castro.

Torres, que fue profesor de Urdangarin en la elitista escuela de negocios Esade, en Barcelona (allí se conocieron), se ha negado a ejercer el papel de víctima y a pagar los platos rotos de Nóos. El exsocio, que nació en un barrio humilde de Mahón (Menorca) en 1965, está casado y tiene dos hijos. En su perfil profesional, se presenta como un experto en todo tipo de estrategias: de patrocinio, de responsabilidad social corporativa, de crecimiento. Como estratega, se cuidó mucho de tirar la primera piedra y aguardó, pacientemente, a escuchar lo que el duque de Palma tenía que decirle al juez antes de declarar, él mismo, como imputado. En febrero de 2012, Urdangarin se expulsó cualquier responsabilidad en la gestión de Nóos y atribuyó las decisiones, por completo, a Torres. Fue la primera de una serie de afrentas que han llevado al exsocio a actuar con todos los medios a su alcance para no ser el único perjudicado.

La sensación de agravio comparativo acompaña al exprofesor de Esade –fue expulsado poco después de su imputación- desde que se instruye el caso Nóos. Aquella declaración exculpatoria de Urdangarin fue el inicio de una guerra que se prolonga, casi sin espacio para la tregua, hasta hoy. La segunda arremetida del entorno del duque (siempre según la vivencia personal de Torres), llegó en abril de 2012. Para el estratega, aquella nueva estocada resultó aún más dolorosa. Su abogado, Manuel González Peeters, había pedido al juez el archivo de la causa en relación con su mujer, Ana María Tejeiro. Como ocurre en estos casos, el magistrado pidió la opinión de las partes. Y la defensa del yerno del Rey, que ejerce el letrado Mario Pascual Vives, se opuso a la petición.

La reacción no se hizo esperar. Torres guardaba centenares de correos electrónicos escritos por Urdangarin y, siempre con esa sensación de agravio en sus espaldas, decidió utilizarlos. Según el exsocio, la difusión de documentos comprometedores -para el propio duque, pero también para la Infanta Cristina y, en general, para la imagen de la Casa del Rey- ha sido solo una forma de defenderse de un ataque previo e injustificado.

Para Torres, el caso Nóos no solo ha supuesto la salida de Esade –donde trabajaba desde 1989- sino, sobre todo, un daño incalculable en su reputación profesional. Al tiempo que ejercía como vicepresidente de Nóos, Torres trabajó con grandes empresas como “consultor en procesos de reflexión estratégica” y escribió libros: Movilidad responsable, Pasión por integrar, Estudio sobre los factores clave de éxito de las grandes empresas de servicio españolas o Don’t give up, entre otras. El título de esta última obra refleja bien la actitud de Torres ante la causa judicial: no rendirse nunca y buscar siempre una salida para ganarse un futuro; dada su implicación en el caso, difícilmente podrá desarrollar nunca más una carrera profesional en España, según fuentes de su entorno.

La posibilidad de una vía de escape se le presentó en mayo de 2012, en la primavera más intensa del caso Nóos. Tras la declaración de Urdangarin y la posterior difusión de correos, Torres y la Casa del Rey buscaron un acercamiento de tipo económico, que incluyó contactos con el fiscal Pedro Horrach. No hubo, sin embargo, acuerdo. Y la ruptura de las negociaciones llevó a Torres a seguir soltando lastre: llegaron los correos sobre Corinna, la amiga íntima del Rey; sobre Carlos García Revenga, el asesor de las infantas; y finalmente, sobre la propia Doña Cristina. En febrero de 2013, Torres volvió a declarar ante el juez y esta vez afirmó, sin ambages, que la hija del Rey, como vocal del instituto Nóos, estaba plenamente al tanto de las actividades que allí se desarrollaban.

Torres, que posee casa en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), ha cambiado de un tiempo a esta parte el que fue su look habitual de gurú del mecenazgo y el patrocinio. Vestido con traje y gafas, con una voz plácida y un discurso didáctico, el exsocio logró convencer al duque y a un puñado de políticos de las bondades de sus proyectos. De niño había sido un buen estudiante. Muy bueno. Esa facilidad para el estudio era más utilitarista que vocacional, porque la verdadera pasión (confesada) de Torres era hacerse rico. El rigor en el estudio se convirtió, sin embargo, en rigor por el trabajo bien hecho, según algunos exempleados.

Con la ilusión de hacerse rico en el horizonte, Torres abandonó Menorca para estudiar en la prestigiosa Esade. En Barcelona conoció a su mujer, Ana María, que también ha sido compañera de viaje en sus aventuras profesionales. Tras una temporada en Estados Unidos –trabajó para Arthur Andersen y Hewlett Packard- regresó a Esade como profesor y vio en Urdangarin a su complemento ideal para llevar sus ideas a la práctica. Mientras él ponía el discurso encima de la mesa, el duque de Palma le abría las puertas del mundo de la política y del deporte. A diferencia de Urdangarin, Torres nunca fue muy ducho en este terreno: su interés se circunscribe a la vela, que practica con frecuencia.