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Los ex reclusos de la banda terrorista se suman a la política

Kubati, con 13 asesinatos, proclama la coincidencia total de los excarcelados con el colectivo de reclusos y con el ciclo político abierto por la izquierda ‘abertzale’

Reunión de exreclusos de ETA en Durango, con Kubati, que ha sido el encargado de leer el manifiesto, en primer plano. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Los 63 presos de ETA excarcelados por la derogación de la doctrina Parot ratificaron este sábado en Durango (Bizkaia), en una exhibición de unidad con los 527 compañeros de terror que siguen en las cárceles españolas y francesas, que apoyan sin fisuras y sin críticas su último manifiesto y se suman a la renuncia de los encarcelados a utilizar en el futuro medios violentos, además de asumir la legalidad penitenciaria.

En el escenario del Kafe Antzokia de la localidad vizcaína, el antiguo matadero de la ciudad, los excarcelados avanzaron en la estrategia de acumular fuerzas en torno a los presos, el verdadero motor ahora de ETA, con más miembros dentro que fuera de las cárceles —apenas si quedan medio centenar de terroristas escondidos—, pero sin cruzar la línea de condenar la violencia, pedir perdón o exigir a ETA el desarme y su disolución, como sí ha hecho la izquierda abertzale. El portavoz de Sortu, Pernando Barrena, dijo el 30 de diciembre pasado que el desarme de ETA es “fundamental para el proceso de paz”.

Allí estaban, en el teatro convertido es sala de prensa, algunos de los más sanguinarios terroristas liberados. “Acumulamos cerca de 1.500 años de cárcel”, leyó en castellano uno de los portavoces del colectivo, José Antonio López Ruiz, Kubati, —condenado él solo a 1.210 años, de los que cumplió 26 por 13 asesinatos—. A su espalda, con más de 150 crímenes en total, se mantuvieron firmes los exterroristas Francisco Javier Martínez Izagirre, Javi de Usansolo; Juan Manuel Píriz; Jesús María Zabarte, el carnicero de Mondragón, o Miguel Turrientes, además de Inmaculada Pacho —fácil de confundir con Inés del Río, autora de 24 asesinatos, detenida en Zaragoza en julio de 1987 y condenada a 3.828 años de cárcel—, junto a Isidro Garalde, Mamarru, integrante a mediados de los noventa de la cúpula de la banda.

Sin admitir preguntas, sin una lista de exterroristas presentes y sin facilitar información sobre la posible ausencia de Antonio Troitiño —autor de la matanza de Hipercor, con 22 asesinatos a sus espaldas, por los que fue condenado a más de 2.700 años de prisión—, en castellano y euskera, los exetarras Itziar Martínez Sustatxa, Arantza Garbaio, Estanis Etxaburu, y el propio Kubati quisieron dejar claro desde la mesa presidencial: “Aceptamos toda nuestra responsabilidad en lo relativo a las consecuencias del conflicto”.

A años luz de las tradicionales reivindicaciones de la banda, como la amnistía y la autodeterminación, que han mantenido inamovibles durante décadas, Kubati dio el apoyo colegiado a las medidas de reinserción individuales y “al derecho a decidir que tiene el pueblo vasco”, y que situó en el centro de la futura solución política. “Queremos subrayar nuestra total conformidad con las decisiones adoptadas” por el colectivo de presos EPPK, y “con el escenario político abierto por la izquierda abertzale”. Curiosamente el mismo terrorista que en 1985 asesinó de dos disparos a su excompañera Yoyes —María Dolores González Cataraín, por aceptar medidas de reinserción— dio por finiquitado el ciclo de la violencia y, aunque sin citarla, aprobó la denominada vía Nanclares como mecanismo individual para recortar penas y progresar de grado. Además, proclamó la “total conformidad con las decisiones adoptadas” por el colectivo de presos EPPK y “con el escenario político abierto por la izquierda abertzale”.

El de este sábado fue otro capítulo en el guion de la derrota de ETA. Un proceso que a nivel interno comenzó a asumirse en noviembre de 2011, cuando ETA anunció su decisión de abandonar las armas, aunque solo hace siete meses el Foro Social de Euskal Herria —la organización pacifista vasca Lokarri y varias organizaciones internacionales de resolución de conflictos— fueron más allá y emplazaron a los presos a asumir la legalidad penitenciaria para desbloquear la situación en las cárceles.

Conscientes de que el Gobierno de Mariano Rajoy no estaba dispuesto a dar ningún paso, ni acercamiento de presos a las cárceles vascas ni mejoras de grado, han acabado claudicando.

Fuentes de la lucha antiterrorista interpretan que al apostar de forma pública por un camino al margen de la violencia, y al eliminar de su diccionario utopías como la amnistía o la autodeterminación como condición para iniciar el diálogo que pedían, ETA “se libera del lastre de reivindicaciones imposibles y facilita la decisión unilateral del desarme”.

Kubati reconoció de forma quirúrgica el daño causado por las acciones de ETA y anunció que “actuaremos con responsabilidad”, tras las duras criticas que ha generado su comparecencia. Rosa Díez, de UPyD, dijo tras el acto que permitirlo había siso “como indultar a los criminales”. La Asociación de Víctimas, AVT, manifestó que “Durango es la mayor vergüenza de toda la democracia”. Y el Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Confederación Española de Policía (CEP) calificaron la comparecencia de “acto de enaltecimiento del terrorismo”. Críticas a las que también se sumaron el PP y el PSOE. El juez Pedraz, en línea con la postura del fiscal no prohibió el acto: consideró que hacerlo “atentaría contra el derecho a la igualdad”.

El único incidente se produjo cuando un periodista de Intereconomía exigió a los exreclusos que pidieran perdón y los organizadores del acto le invitaron a que se marchara de la sala.

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