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REPORTAJE

La burla del ‘chacal’ francés

A punto de prescribir la búsqueda de dos agentes detenidos cuando preparaban un asesinato

Tras detenerlos en Manresa, España los liberó con la falsa promesa de que irían a juicio

Jueces y fiscales del caso se sienten engañados y reconocen presiones políticas

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El general Rondot en 2011. AFP

Los dos chacales van a recuperar la paz. Los agentes secretos franceses Christian Piazzole y Rachid Chaouati —el primero, nombre falso, y el segundo real— están a punto de escapar del encierro virtual en el que permanecen desde hace 10 años cuando cayeron por casualidad en un control policial en Manresa. En pocas semanas podrán cruzar otra vez la frontera francesa en dirección a cualquier lugar sin correr ningún riesgo. Hasta ahora no lo han hecho por motivos de seguridad.

La historia de un intento de asesinato frustrado va a concluir como empezó hace una década: con teléfonos rojos sonando entre Madrid y París interesándose por el caso de estos enigmáticos hombres que supuestamente vinieron a España con la misión de matar, y un velo de silencio que entierre el caso para siempre. En el camino quedan un rosario de jueces y fiscales españoles burlados por la palabra de “honor” del general francés Philippe Rondot, exjefe de los servicios secretos franceses. Y por un supuesto asunto de Estado.

En enero de 2014 prescribe la orden de busca y captura dictada contra los dos agentes por la Sección V de la Audiencia de Barcelona, que en 2004 los declaró en rebeldía tras no acudir al juicio en el que se reclamaba para ellos una pena de siete años de cárcel por depósito de armas de guerra. Y prescribe, también, el delito, ya que Francia se ha negado a detener a sus agentes, ha borrado la orden de sus archivos y deslocalizado a sus chacales, mientras que España no ha vuelto a reclamar su detención. EL PAÍS ha comprobado que no se ha hecho ninguna gestión ni judicial ni policial para buscar a los dos prófugos.

La orden de detención internacional lanzada hace 10 años y el delito por depósito de armas van a prescribir

Chaouati escondía en el maletero de su coche —un Audi 80— un tubo de PVC en cuyo interior descansaba un rifle monotiro de fabricación artesanal, con silenciador y mira telescópica láser capaz de asesinar a un hombre a un kilómetro. Los Mossos d’Esquadra le intervinieron también una pistola Ruger del calibre 22, un radiotransmisor portátil, dos buscapersonas, un GPS, una brújula y una cámara de fotos Kodak que ocultaba un dispositivo de radiobaliza.

Rachid viajaba con su esposa Karima en el momento en que fue detenido y mostró a los agentes un pasaporte y carné de conducir a nombre de Richard Perez, de 40 años y nacionalidad francesa. En comisaría confesó su verdadero nombre y domicilio en Marsella. Relató que era argelino, estudiante de artes marciales y guardaespaldas hasta que fue captado por el agente Piazzole, que le pagaba 8.500 francos franceses al mes. Explicó que, horas antes de caer en el control policial, este le había ordenado que fuera a un bosque de El Perelló donde encontraría un tubo de plástico. Luego se vieron en un bar de la plaza de Catalunya, donde Piazzole le instruyó sobre dónde debería ocultar de nuevo las armas. Mientras era interrogado, el agente francés telefoneó varias veces al móvil de Rachid y los mossos le detuvieron en una cabina del centro de Barcelona. El espía llevaba mapas y una novela francesa titulada Le nécrophage, que relata la vida de un asesino experto en torturas chinas.

José María Mena, ex fiscal jefe de Barcelona, fue quien solicitó la libertad provisional de los dos agentes tras recibir una llamada de Jesús Cardenal, entonces fiscal general del Estado del Gobierno de José María Aznar, y atender la visita del general Rondot, de 79 años, entonces jefe de los servicios secretos franceses, quien le garantizó que si sus hombres salían de la cárcel y regresaban a Francia serían juzgados. Mena se siente ahora “burlado” y “engañado”. “Le dije a Cardenal que no podía pedir la libertad de esta gente por tratarse de un delito muy grave. ‘¿Y si alguien te da garantías de que vendrán a juicio?’, me respondió. Rondot vino acompañado de un mando de la Guardia Civil [el teniente coronel Ángel Gozalo]. Era la palabra de honor de un general francés, no de un Ejército africano. Era algo serio. Si hubiera sospechado que me estaban engañando me habría negado, aunque no sé qué habría hecho Cardenal. Me dijo que tenía muchas presiones del Gobierno”. Cardenal, de 84 años, aseguraba en 2009 no recordar con detalle lo que ocurrió. Igual que Mariano Rajoy, ministro de Interior cuando se detuvo a los agentes.

Me siento burlado y engañado, dice el ex fiscal José María Mena

Mena no fue el único burlado. También lo fueron el juez y el fiscal de Manresa que acusaron a los chacales, aunque ninguno tuvo nada que ver con su puesta en libertad. Ramón Landa, el juez instructor, señala que hizo su trabajo y lo elevó a la Audiencia Provincial. “Eran espías y, como no se solucionó diplomáticamente, se judicializó. Entonces aparecieron las figuras políticas y se solventó por otra vía. Viendo lo que ha pasado, está claro que hubo presiones políticas”. Ramón Menach, el fiscal, asegura que la decisión de Mena de pedir su libertad fue “un error”. “Aquí hay algo que se nos escapa a los que intervenimos a nivel judicial. Nos torearon a todos”.

La petición de Mena se trasladó a los magistrados de la Sección V de la Audiencia Provincial de Barcelona Elena Guindulain, Augusto Morales y José María Assalit que, “ante la fundada solicitud” del fiscal jefe, ordenaron la excarcelación. “Estábamos atados. Ante la petición de la fiscalía no podíamos mantenerlos presos”, confiesa uno de ellos. Una fuente judicial afirma que antes del escrito de Mena la presidenta Guindulain recibió una llamada pidiendo la libertad de los agentes, y esta reclamó que lo hicieran por escrito. Guindulain declina hacer comentarios. Fernando Rodríguez, el abogado de Chaouati, prepara el escrito para pedir la prescripción del caso. “La orden de búsqueda se hizo por motivos legales. Estaba claro que no tenían interés en buscarlos”, dice el letrado.

El general Rondot aseguró que los chacales hacían prácticas, pero en su agenda privada se refiere al caso como una Operación Alpha, un asesinato selectivo, según la vidriosa terminología de los espías. El fiscal Mena tiene su opinión: “Yo vi aquella extraña arma capaz de matar a un kilómetro de distancia. La sospecha razonable es que venían a matar”. ¿A quién?, ¿un islamista?, ¿un terrorista corso? Rondot lo sabe y nadie le pregunta.