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El Príncipe preside por primera vez el desfile sin gritos de “¡Viva España!”

Don Felipe y doña Letizia, únicos miembros de la Familia Real en la tribuna

El heredero de la Corona trasladará un breve mensaje del Rey a los invitados al Palacio Real

Los Príncipes de Asturias han presidido este sábado, por vez primera, el desfile del Día de la Fiesta Nacional, en el que han participado más de 2.600 militares y 50 vehículos. Convaleciente el Rey de la intervención de cadera a la que se sometió el pasado 24 de septiembre, el don Felipe le representará en la tribuna de autoridades, un hecho sin precedentes desde que se institucionalizó la Fiesta Nacional, en 1987.

El heredero de la Corona ha elegido el uniforme de teniente coronel del Ejército para asistir al acto. Ha sido un desfile breve, similar al del año pasado, sin carros de combate ni aeronaves, “muy digno, aunque austero”, en palabras del ministro de Defensa, Pero Morenés. Con un recorrido corto (1.700 metros desde Atocha a la plaza de Colón, con la tribuna emplazada en la de Neptuno) y un presupuesto menguante: 823.000 euros, un 15% menos que el año pasado y la tercera parte de lo que costó en 2011.

Incluso ha sido más breve la interpretación del himno nacional (según el Reglamento de Honores Militares, de mayo de 2010, al Príncipe le corresponde la versión abreviada, de solo 20 segundos, frente a los 54 del Rey). No ha habido salvas de ordenanza ni voces de “¡Viva España!” que, siempre se han escuchado cuando las diferentes unidades del Ejército pasan por la tribuna.

Sí que ha sido igual el homenaje a la bandera y a los que dieron su vida por España (con representantes de la asociación de inválidos y mutilados). Y siete aviones C-101 de la Patrulla Águila del Ejército del Aire han pintado el cielo de Madrid con los colores de la bandera nacional.

La interpretación del himno nacional será más breve: 20 segundos, frente a los 54 del Rey

Los Príncipes de Asturias han sido los únicos miembros de la Familia Real presentes en el desfile; el año pasado acudió la infanta Elena, pero se la situó en la tribuna de invitados.

Les han acompañado, entre otras autoridades, el presidente del Gobierno, y todos los ministros, a excepción del de Economía, Luis de Guindos, que se encuentra en una reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI). También han asistido los presidentes de 10 de las 17 Comunidades Autónomas, el presidente del Congreso, el del Senado, la defensora del Pueblo, el fiscal general del Estado, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y los portavoces parlamentarios del PP, PSOE y UPyD, entre otros.

La ausencia de don Juan Carlos también ha obligado a introducir cambios en la tradicional recepción que, tras el desfile, ofrecen los Reyes en el Palacio Real cada 12 de octubre. En esta ocasión serán la Reina, los Príncipes y la infanta Elena quienes reciban a los invitados, en torno a un millar, aunque el saludo se limitará a las autoridades.

Desde el jueves al domingo, el Príncipe visitará Panamá, donde se celebra la Cumbre Iberoamericana. Aunque no se ha querido que participe en la misma —con el argumento de que este tipo de citas están reservadas a jefes de Estado y Gobierno—, don Felipe intervendrá en un buen número de actividades paralelas: desde el foro empresarial iberoamericano al Congreso de la Lengua Española, pasando por la conmemoración del 500º aniversario del descubrimiento del Pacífico y, probablemente, una cena con los mandatarios asistentes a la cumbre.

La agenda de la Familia Real para la próxima semana refleja una intensa actividad de los Príncipes: antes de viajar a Panamá, don Felipe visitará el lunes Valencia; mientras que doña Letizia estará el martes en Huesca y el viernes, en Murcia. Fuentes de la Casa del Rey restan trascendencia a esta apretada agenda y la atribuyen a la necesidad de atender las numerosas invitaciones que recibe la Familia Real.

El Príncipe carece de estatuto propio y Rajoy no ve ninguna necesidad de llenar este vacío legal, pero en los próximos días la imagen de la Monarquía será la de don Felipe, sustituyendo a su padre o, como prefiere la Casa del Rey, representándolo.

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