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Un corrimiento de tierras amenaza con sepultar dos pueblos de Cantabria

Los 40 habitantes de Los Llanos y Sebrango, en el Valle de Liébana, han sido evacuados

El argayo afecta a un millón de metros cúbicos de tierra

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El argayo amenaza con sepultar el pueblo de Sebrango.

Un corrimiento de tierras en el valle de Liébana, en el extremo más occidental de Cantabria, ha obligado a evacuar los pueblos de Sebrango y Los Llanos, en el municipio de Camaleño. Unas 40 personas han abandonado sus domicilios entre el domingo y el lunes ante la amenaza de que una lengua de tierra y piedras sepulte las dos localidades. "Se ha tomado la decisión de desalojar sin ninguna urgencia, en principio, y recomendado por los técnicos de la Universidad, durante el periodo de horas que se prevé de lluvias intensas el pueblo de Los Llanos", ha informado el presidente del Gobierno de Cantabria, Ignacio Diego.

El consejero de Vivienda y Obras Públicas del Gobierno regional, Francisco Rodríguez Argüeso, ha reconocido este martes que la situación para los vecinos es de "máxima dificultad” y tiene una “solución difícil”. Alberto González,  uno de los geólogos de la Universidad de Cantabria que se encuentra en lo que denomina "zona cero", ha asegurado que el movimiento sigue activo y que afecta a aproximadamente un millón de metros cúbicos de tierra con unas dimensiones de 300 por 300 por 10 metros. La velocidad aún no se ha determinado. "Es diferente de un punto a otro", ha aclarado.

“El jueves tuvimos conocimiento del primer movimiento, y a mediados del sábado todo se precipitó”, explica el regionalista Óscar Casares, alcalde de Camaleño. Los vecinos afectados han sido acogidos en las casas de familiares y amigos o en hostales de localidades cercanas. “Los vecinos de Sebrango lo tienen mal para volver”, —ha reconocido Casares—, “y los de Los Llanos dependen de la evolución del argayo durante los próximos días”.

Sebrango tiene cuatro casas y solo había tres habitantes en el momento de la evacuación, pero ha sufrido "bastantes daños", según el técnico de la Universidad de Cantabria, pues varias viviendas ya han sido derruidas y también parte de la pequeña ermita de piedra del siglo X.

Un fenómeno conocido

No es la primera vez que se produce un corrimiento de tierras en esta zona de Liébana. Según el alcalde de Camaleño, Óscar Casares, a principios del siglo XX se produjo un corrimiento de tierras similar. “Es un fenómeno cíclico que se produce desde los tiempos de Don Pelayo y la reconquista”, explica. Para Francisca Fernández y su familia, vecinos de Los Llanos, se podía haber evitado. En el año 2005 solicitaron medidas preventivas en su Ayuntamiento, pero nadie les escuchó. Meses después publicaron una carta en un diario regional dirigida al ex presidente Miguel Ángel Revilla en la que advertían de las consecuencias que tendría un desprendimiento en la zona, y avisando de que las filtraciones de agua de ese invierno estaban contribuyendo a disgregar la montaña y aumentando las grietas existentes. “Lo que más me duele es que entonces sí se podían haber realizado unos drenajes para evitar esto, pero nos dieron la callada por respuesta y ahora es demasiado tarde”.

En Los Llanos residen unas 40 personas, entre ellas Francisca Fernández, de 59 años, y Jesús García, de 71. El matrimonio regenta desde que se casaron hace 29 años el restaurante Los Molinos, situado al pie de la carretera general que pasa por el pueblo, la N-621. Como el resto de sus vecinos, salieron “con lo puesto” cuando les evacuaron. “Habíamos dado unas 30 comidas y ya estábamos con todo recogido cuando llegaron el teniente de alcalde y el sargento de Camaleño para decirnos que teníamos media hora para salir de casa”, relata Fernández. “Después de una vida entera allí no hemos tenido tiempo ni para coger la ropa, apenas las escrituras y algún recuerdo, eso te parte el alma, te quieres morir”, lamenta.

Al no tener familiares cerca, ambos han sido alojados en un hostal de la vecina Camaleño. De momento solo pueden observar el comportamiento del argayo. “Esto es muy doloroso, no dormimos, no comemos, tenemos una casa muy bonita de madera y piedra que nos ha costado mucho sudor y lágrimas construir y ahora vamos a acabar debajo de un puente”, solloza la mujer. El matrimonio tiene dos hijas de 25 y 28 años que viven en Madrid, y sobre todo temen que, de perder su casa y su negocio, no puedan seguir ayudándolas con los estudios.

Mientras tanto, Casares reconoce que no pueden hacer nada por detener el corrimiento. Han instalado puntos de observación para vigilar el movimiento y estar preparados para lo peor: que afecte a las casas, a la planta potabilizadora de aguas y a la carretera general, que es la única vía que une esta zona del Valle de Liébana con el resto de la región. “Si acaba llegando a la carretera, lo prioritario será abrirla pues somos un ayuntamiento basado en el turismo y tenerla cortada muchos días nos dejaría aislados y nos causaría problemas económicos”, afirma.

Los geólogos están encontrando dificultades para calibrar el movimiento debido a la dificultad para acceder al terreno. “Sabemos que se sigue moviendo pero más despacio, aunque estamos muy pendientes del tiempo porque la lluvia actuaría como un acelerante del movimiento”, describe el edil del municipio, que no descarta pedir la declaración de zona catastrófica si el corrimiento sepulta los pueblos. “Solo espero que la naturaleza sea justa y reparte lo que tenga que repartir sin hacer daño a nadie”, suplica Francisca Fernández.