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Gesto por la Paz dice adiós sin haber alzado la voz

La organización pacifista pone hoy fin a 28 años de lucha contra la violencia

Acto del 8 de julio de 1995 en la playa de la Conha de San Sebastián para pedir la liberación de Aldaya

La primera vez que el sociólogo Imanol Zubero, exsenador socialista, participó en “un gesto” contra ETA fue a comienzos de 1987 en Alonsotegi (Bizkaia), su localidad natal. “Ese día solo estábamos dos personas sosteniendo la pancarta”, recuerda ahora el profesor de la Universidad del País Vasco (UPV). La coordinadora Gesto por la Paz se había constituido formalmente en mayo de 1986, aunque unos meses antes convocó la primera concentración en Bilbao para protestar por el asesinato de dos marinos y un guardia civil a cargo de la banda terrorista. La organización pacifista pone hoy fin a 28 años de trabajo por la paz y deslegitimación de la violencia. “Gesto ha conseguido que la sociedad vasca no se avergüence demasiado de sí misma”, opina Zubero visto el recorrido realizado. Como remarca Fabián Laespada, uno de los portavoces de la organización, la labor pedagógica de Gesto contra la barbarie terrorista ha hecho que “ETA haya sentido en sus carnes que los 858 asesinatos tienen todo el rechazo social”.

La primera concentración silenciosa contra ETA fue en 1985 

Llega el día de la disolución, la despedida de un movimiento que, según Zubero, surgió a comienzos de los 80 “a raíz de un sentimiento de carencia de libertad” y de la agrupación de personas que entonces participaban en movimientos de objeción de conciencia, grupos contra la OTAN y la central nuclear de Lemoniz, o a favor de los derechos humanos. Hubo un hecho detonante: el secuestro y posterior asesinato del capitán de farmacia Alberto Martín Barrios en 1983: “Estudiantes de Filosofía y Teología de la Universidad de Deusto decidieron hacer una concentración. Cuando preparaban la pancarta, se veía al trasluz que era un plástico que habían utilizado antes para reivindicar el celibato opcional. La pintaron de blanco y escribieron un lema pidiendo la libertad de Martín Barrios”.

De este modo tan artesanal y voluntarista fue gestándose Gesto por la Paz, el movimiento que decidió convocar concentraciones silenciosas de 15 minutos cada vez que ETA ejecutaba a una de sus víctimas o las mantenía secuestradas. Obtuvo el reconocimiento internacional en 1993 cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia por su trayectoria pacifista y el éxito del lazo azul, el símbolo que Gesto creó para pedir la liberación del empresario Julio Iglesias Zamora.

Sin la coordinadora,  la sociedad vasca no sería la misma”, afirma el sociólogo Zubero

“Fueros años muy duros. Hubo que soportar miradas despectivas, insultos, o que amigos de toda la vida se distanciaran”, recuerda Marilen Ceberio, activista desde los inicios. Gesto llegó a celebrar 8.150 concentraciones a lo largo de 1996, cuando estuvieron secuestrados José Antonio Ortega Lara y Cosme Delclaux. “Los mayores momentos de tensión”, asegura Jesús Herrero, uno de los fundadores, “se dieron con las contramanifestaciones que montaba la izquierda abertzale en la época de los secuestros. Aquello se vivía con mucha incomprensión. Y ahora, pasado el tiempo, es mayor la sensación de frustración por el sinsentido de la violencia, que no ha tenido ninguna razón de ser”.

Gesto se empeñó en trasladar a la sociedad vasca que “no podíamos acostumbrarnos a que la violencia fuese algo cotidiano en nuestras vidas”, señala Herrero. Esa misma sensación fue la que llevó a Alberto Cobos, con 17 años, a ponerse tras la pancarta de Gesto en el pequeño municipio guipuzcoano de Lazkao. “Éramos los raros del instituto”.

La coordinadora ha organizado en todo este tiempo jornadas para “educar en la paz”, concursos literarios, marchas pacifistas, fiestas en paz en los pueblos, campañas para “cultivar los valores de la pluralidad y el consenso, el respeto al derecho a la vida y a no mezclar violencia y política”, explica Herrero. “Antes nos preocupaba que nos pegáramos entre los vascos; ahora, que aprendamos a convivir aunque pensemos diferente”, afirma Miguel Ángel Senderos, que se unió a las concentraciones junto a la Paloma de la paz de San Sebastián tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

Gesto deja en su despedida la tarea pendiente de “lograr la disolución final de ETA, la construcción de una memoria justa con las víctimas y lograr una política penitenciaria más humanitaria”, dice Herrero. Xabier Aierdi escribió en este diario que “Gesto ha sido un organismo decente, de los más decentes quizás”. “Si no hubiera existido Gesto, la sociedad vasca no sería la misma”, sentencia Zubero.