Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

1.100 maneras de protestar en España

La multiplicación de asociaciones asamblearias y el éxito de la PAH pone en evidencia el contrapoder de los sindicatos y las ongs tradicionales

Miembros del grupo Stop Desahucios en Granada, el pasado día 21 de marzo.
Miembros del grupo Stop Desahucios en Granada, el pasado día 21 de marzo. EFE

Una parte de España protesta todos los días y el 91% de los españoles piensa que hay motivo para ello, según las encuestas. Cuando hace un año los sindicatos CCOO y UGT trataron de canalizar parte de la indignación general y promover una cumbre social, se encontraron con una dificultad extraordinaria: había más de 150 organizaciones de las que colgaban un número superior a los 950 grupos, asociaciones o plataformas. Unas admitían jerarquías, otras eran asamblearias, pero se comunicaban entre sí, eran transversales, herencia indudable del 15-M ya casi disuelto. Y la cifra ha seguido creciendo.

Los análisis de la policía concluyen que el riesgo de violencia es bajo a pesar de la participación de elementos independentistas en Galicia, de grupos antisistema en Cataluña y antiguos “comunistas” en otras regiones. Si este panorama es el preámbulo de un estallido social dependerá, a juicio de los expertos, de que la respuesta del Gobierno no provoque más decepciones.

Sin embargo, el Gobierno parece decidido a criminalizar a uno de estos grupos, la Plataforma Antideshaucios (PAH), el que más notoriedad ha adquirido y el protagonista de la campaña de escrache que tanto incomoda a una parte de la clase política y que goza de un 89% de adhesiones, según una encuesta de Metroscopia. Para los expertos esta decisión no es gratuita: la PAH ha conseguido protagonizar la agenda política gracias a la ILP (Iniciativa Legislativa Popular). Obtener casi millón y medio de firmas, el triple de lo necesario, ha sido un éxito y también una demostración de fuerza. ¿Es el preámbulo de un movimiento social?

“La PAH y el movimiento marea blanca son los dos fenómenos más interesantes de estos últimos meses”, dice Violeta Assiego, de Metroscopia, que concluye que “asociar la actividad de la PAH con la kale borroka ha sido una respuesta inteligente porque eso está en nuestra memoria histórica y puede producir algún rechazo, pero la estrategia de la PAH es de libro y son muy constantes”.

La PAH y la marea blanca son los

dos fenómenos más interesantes”

Precisamente, el éxito que está teniendo la PAH (una organización donde sí hay portavoces y líderes) invita a pensar a algunos expertos sobre lo que pueda pasar dentro de un tiempo, es decir, si de este conglomerado de plataformas se desprenderá un movimiento social, un movimiento político o una sorpresa electoral. De momento, interlocutores tradicionales como los sindicatos o las ongs reconocen que han perdido el paso o que interpretan un papel secundario.

La ILP ha sido un éxito no suficientemente valorado porque ha puesto a su servicio a muchas organizaciones, empezando por las dos grandes centrales sindicales. Y hay quien piensa que los sindicatos estaban presentes para no quedarse fuera, para no perder su papel como interlocutores sociales. Fernando Lezcano (CCOO) y José Javier Cubillo (UGT) niega que estén “para vestir santos”. “Todo esto se mueve con una rapidez enorme”, asegura Cubillo, “nos pertenece a todos y a ninguno”. “Pusimos nuestra logística al servicio de la ILP”, reconoce, “pero dimos un paso atrás. Aquello vino de Cataluña. Las decisiones nacen en el territorio, no se toman de forma vertical como las estructuras que conocemos”. “Ya no es un conflicto clásico capital-trabajo”, asegura Lezcano. “El empobrecimiento y la pérdida de derechos es transversal. Lo que está haciendo la PAH es polémico pero es una expresión de la impotencia y la desesperación”.

De cómo el papel de los sindicatos está en entredicho hay un ejemplo reciente: la marea blanca. Este movimiento está dividido en tres grupos, uno que aglutina a trabajadores y usuarios (PATU-Salud), un segundo de facultativos y médicos (AFEM) y un tercero de enfermeros (AME). Pues bien, los dos segundos grupos se están legalizando como sindicatos. “Lo estamos haciendo para tener capacidad de convocar huelgas y para no depender de los sindicatos actuales y de sus maniobras”, explica una fuente.

Y al igual que los sindicatos tradicionales, las ongs también se han visto relegadas a un papel secundario. “Hemos representado el contrapoder durante años, pero cuando empieza la crisis nos da un zarpazo y no sabemos ver lo que está pasando”, sostiene Luciana Rodríguez, de Intermón. “No tuvimos reflejos. Pecamos de arrogantes: gracias a las redes sociales, unos pequeños grupos tienen más fuerza que antes. V de vivienda fue el origen de todo, ¿cuántos eran? ¿veinte jóvenes? De ahí nació el 15-M y el 15-M fuimos todos. Nuestras campañas se habían quedado viejunas. Y ahora, todas las Ongs nos hemos visto haciendo un ERE”.

Más escéptico es Ignasi Carreras director del Instituto de Investigación Social del Esade: “Son estructuras poco establecidas, no hay voluntad de permanencia, pasan de causa en causa. El 15M tenía una amplia cartera de reivindicaciones. Es cuando la protesta se ha canalizado en un asunto cuando ha tenido más éxito. Por eso, la PAH es distinto porque nace con un objetivo concreto”.

A la espera del camino que emprende el fenómeno (movimiento social, estallido social, revolcón electoral o alguna nueva vía), los sociólogos disfrutan de su momento. España es un laboratorio: nadie tiene en Europa esa mezcla explosiva de paro e hipotecas.

 

Riesgo bajo y antiguos comunistas, según la policía

“El riesgo de un brote de violencia es bajo”, según una fuente de la la Comisaría General de Información, algunos de cuyos inspectores vigilan la trayectoria de las plataformas de activistas. “Hay gente muy enfadada”, señalan dichas fuentes. “Puede que algunos estén dispuestos a dar el paso, pero en general el perfil es muy pacífico, incluso por razones de edad como es el caso de los afectados por las preferentes”.Los analistas policiales concluyen que la PAH es el movimiento más importante, pero no ven riesgo de violencia. Distinguen tres bloques de activismo callejero: bancos, preferentes y deshaucios. “Los del 15M se han ido a cualquiera de estos grupos”. Y en estos tres grupos han detectado la presencia de “movimientos independentistas que se están sumando a la cola de estas causas”, sobre todo en Galicia. El análisis policial también observa implicaciones de movimientos antisitema, okupas y anarquistas en organizaciones de Cataluña, que pueden tener un carácter más violento. También señalan a “antigua gente del partido comunista” tomando posiciones en organizaciones.

La conclusión de que el riesgo de violencia es bajo contrasta con las instrucciones de Interior a la policía para que identifiquen o practiquen detenciones entre quienes acosen a políticos y familiares, instrucción que ha sido contestada por los sindicatos policiales.

Sin embargo, hay quienes argumentan que los brotes de violencia están próximos y ponen como ejemplo un episodio sucedido el pasado lunes cuando, según la policía, un individuo intentó agredir al consejero de Sanidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty, durante su visita a un hospital privado de Móstoles. Este ciudadano fue detenido y puesto en libertad con cargos, dado que uno de los agentes que le atraparon se llevó, presuntamente, el golpe destinado al consejero. “Lasquetty no sale de su despacho casi para nada”, reconoció una fuente policial, “apenas hace visitas, pero le estaban esperando”. El presunto agresor es un hombre de 35 años que trabaja en el Ramón y Cajal, que había acudido a protestar durante su llegada. “Sabíamos que iba a visitar este hospital y queríamos dedicarle algunos cánticos”, dice. El acusado niega haber intentado agresión alguna (“más bien fue al revés”) y su abogado ha pedido las cintas de vídeo del hospital. “Tiene que haber imágenes que demuestren que ni me acerco a él”.