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Pide el indulto un conductor ebrio que causó una muerte en Gipuzkoa

“Sería una injusticia enorme tras seis años luchando para celebrar el juicio", afirma el herido

Josetxo Etxeberria posa en Irún. Ampliar foto
Josetxo Etxeberria posa en Irún.

Joaquín B. E. circulaba al doble de la velocidad permitida por una carretera de Gipuzkoa y con cinco veces el máximo legal de alcohol en sangre. En un cambio de rasante se salió, y destrozó una familia. Corría a 144,5 kilómetros por hora en una carretera limitada a 70, y en el impacto mató a una persona y dejó malheridas a las otras cuatro —entre ellas una niña de cuatro años— que viajaban con el fallecido.

Sin embargo, podría no pasar ni un solo día en la cárcel. El homicida, de 44 años, ha solicitado el indulto y, mientras se decide su concesión, ha pedido también que se paralice la ejecución de la sentencia de la Audiencia Provincial de San Sebastián que en noviembre pasado le condenó a tres años de prisión. La Audiencia aumentó un año la impuesta por un juzgado de lo penal al atender a las peticiones de las víctimas y de la asociación Stop Accidentes, que por vez primera se presentaba en un juicio como acusación particular.

Tras la oleada de indultos que está concediendo el Gobierno, y sobre todo tras la concedida al kamikaze de Valencia, pese a estar condenado a 13 años de prisión, la familia de Josetxo Eteberria, que resultó gravemente herido en el accidente, se siente desprotegida, indignada y cansada de luchar contra una legislación que sigue tratando a los conductores borrachos “con complacencia”.

Ocho días inconsciente

“Sería una injusticia enorme que después de seis años luchando para celebrar el juicio, se acabara librando sin haber dado la más mínima muestra de estar arrepentido”, asegura Etxeberria.

Su suegro falleció prácticamente como consecuencia del impacto, “nuestra hija de cuatro años pasó 8 días inconsciente en la UVI, otros 12 días consciente, recuperando poco a poco el habla, la motricidad”; su suegra ingresó grave en la UVI, con numerosas roturas que han requerido dos intervenciones, su mujer sufrió fractura de cabeza de fémur y él se ha quedado con lesiones óseas y musculares que le generan dolor.

“Hemos conseguido que los ataques a las mujeres, que antes eran crímenes pasionales, sean considerados ataques a toda la sociedad, pero no sucede lo mismo con los conductores que deciden beber cuando no pueden, y matan al volante”, lamenta.