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Grietas en la federación nacionalista por fiarlo todo al clamor del 11 de septiembre

Los miembros de Unió creen que Mas se equivocó al entender que un gran sector de su el electorado tradicional se había pasado en bloque al soberanismo

El fracaso en las urnas del plan soberanista de Artur Mas comienza a pasar factura en el seno de Convergència i Unió. Este miércoles salieron las primeras voces internas cuestionando el fondo de una campaña electoral que lo había fiado todo a recoger el “clamor popular” de la manifestación de la Diada a favor de un Estado propio para Cataluña. Una vez más, fue el secretario general de CiU, y líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida, quien abrió el debate. El democristiano dio a entender que fue un error de calibraje pensar que la manifestación y la oleada soberanista posterior premiaría a Mas en las urnas: “Nos habíamos pensado que habría una respuesta en Cataluña que finalmente no se dio”.

En toda la campaña ha planeado el malestar de Unió Democrática con un mensaje monotemático basado en el derecho a decidir de los catalanes, la consulta soberanista e incluso la independencia. Convergència, y el entorno inmediato de Artur Mas consideraban que fiarlo todo a este discurso era la garantía de recoger todos los frutos de la manifestación soberanista de septiembre. Y llegaron a la conclusión de que el electorado convergente tradicional se había pasado en bloque al soberanismo. Ya en campaña, varias encuestas alertaban de que un tercio del electorado de CiU no estaba por la independencia, pero esto no se tuvo en cuenta a la hora de matizar más ese mensaje.

Además, Duran considera que CiU calculó mal el punto de partida de estas elecciones. Los nacionalistas pensaban que la única opción era crecer y hasta aspiraban a la mayoría absoluta. Nadie pensó que podía haber un retroceso tan importante como el que supone perder 12 diputados y ocho puntos porcentuales de voto. “No nos dimos cuenta de que nuestro techo era artificial”, dijo Duran en Catalunya Ràdio. Este falso techo sería consecuencia de pensar que el electorado que votó a CiU en 2010 estaba consolidado, cuando no era así. Había una fracción significativa de votantes que entonces apoyaron a CiU para apartar al tripartito de la izquierda del Gobierno y que ahora ya no consideraron necesario seguir impulsando a Mas.

Fuentes de Unió Democràtica también consideran que la agresiva campaña soberanista de Artur Mas y el estilo mesiánico de algunos de los carteles que empapelaron las calles catalanas acabaron por despertar al electorado españolista, tradicionalmente abstencionista en las elecciones catalanas. La consecuencia de esto fue demoledora para los intereses de CiU, puesto que permitió triplicar el número de escaños de Ciutadans, aportó uno más al PP y evitó el descalabro total en el Partit dels Socialistes de Catalunya. Duran reconoció ayer que CiU “no ha acabado de acertar en el discurso”.

La campaña nacionalista tampoco fue capaz de aglutinar el voto más soberanista. Los independentistas convencidos optaron por votar a Esquerra Republicana (21 escaños), que lleva el soberanismo en su ADN y no como una idea sobrevenida. Y los nacionalistas, por supuesto, tampoco fueron capaces de atraer al voto de los más descontentos con el sistema, que se fueron a la independentista Candidatura de Unidad Popular (3).

Duran no se refirió este miércoles a ello, pero muchos dirigentes de Unió creen que el verdadero error de la campaña ha sido dejarla en manos del sector más soberanista de Convergència, que es precisamente el entorno más inmediato del presidente catalán. El malestar se personaliza en la figura de Francesc Homs, secretario general de la Presidencia y portavoz del Gobierno catalán, que el martes ya admitió que la campaña “no funcionó”.

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