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Hoy quiero confesar

Isabel Pantoja critica que la igualdad ante la ley no sea la misma para ella que para Urdangarin o la Infanta

Isabel Pantoja, en un concierto en Madrid, en 2010. Ampliar foto
Isabel Pantoja, en un concierto en Madrid, en 2010.

¿Se han fijado en que solo la igualdad de los españoles ante la ley está más a la baja que las acciones de Bankia?

Todo lo que no evoluciona muere y es evidente que de la España del pelotazo —con Javier de la Rosa, Mario Conde, Jesús Gil, Manuel de la Concha o Ruiz-Mateos como principales espadas— hemos pasado en estos tiempos de crisis a una revitalización de la picaresca, como en el Siglo de Oro, pero sin la gloria de Cervantes, Quevedo o Lope.

Porque de la llamada beautiful people de entonces hemos pasado a los pícaros de ahora, que son esos directivos de cajas de ahorros que con “ingeniería financiera” han dejado en la quiebra a sus respectivas entidades mientras ellos se embolsan indemnizaciones archimillonarias; políticos que sin rubor reciben comisiones por suscribir contratos a la carta o a dedo con el dinero de todos; pedigüeños profesionales que esquilman a las administraciones o a las empresas a cambio de publicitar su imagen en eventos que patrocinaban; cobradores de sobornos por licencias urbanísticas irregulares o altos cargos que confunden lo público con lo privado y disfrutan a lo grande y por todo lo alto, mientras 5,5 millones de ciudadanos se hunden en el paro.

Lo curioso es que, a pesar de que el Rey en su mensaje de Navidad recordó el precepto constitucional de que los españoles son iguales ante la ley, la frase está en franco retroceso y, cada día, entre algunos de los usuarios de la justicia más o menos involucrados en aficiones que harían las delicias de Rinconete y Cortadillo, se escuchan más quejas sobre el trato que reciben frente al que disfrutan otros.

Diego Torres, socio de Iñaki Urdangarin en el Instituto Nóos —y en el entramado societario, en su mayoría sin actividad, que presuntamente ambos utilizaban para emitir facturas falsas y transferir fondos para desviarlos a paraísos fiscales— se quejó amargamente del trato diferente que el juez José Castro había tenido hacia su esposa, Ana María Tejeiro, en contraste con el recibido por la infanta Cristina. La primera había sido imputada y citada a declarar, mientras que, por el contrario, para el juez y el fiscal, no existían indicios de que la Infanta hubiera realizado ningún acto delictivo, por lo que no solo no le imputaron sino que ni siquiera le han citado como testigo. Así fue, al menos, hasta que Torres presentó unos correos electrónicos que le había dirigido el propio Urdangarin, y que, de ser ciertos, involucrarían al Rey y a la Infanta en el conocimiento de alguna de las operaciones de Nóos.

Ahora, Isabel Pantoja, que según la fiscalía habría participado en el blanqueo de 1,84 millones de euros supuestamente procedentes de sobornos —bolsas de basura repletas de dinero negro— cobrados por su antigua pareja, Julián Muñoz, exalcalde de Marbella, también clama al cielo por lo mismo. “Si todos los españoles fuéramos iguales, ¿por qué al señor Urdangarin se le han quitado tantas cosas”, dijo. Y acto seguido, proclamó: “Soy como la infanta Cristina, pero no tengo una sociedad al 50% como ella”.

La tonadillera más famosa de España se quejaba de que a ella la hubieran detenido en mayo de 2007 en el marco de una investigación patrimonial a Julián Muñoz dentro de la trama de corrupción urbanística de Marbella, mientras que a Urdangarín, nadie le detuvo cuando estalló el escándalo y además le dieron dos meses antes de ir a declarar.

Isabel Pantoja, para la que la fiscalía solicita tres años y medio de prisión y una multa de 3,68 millones de euros, asegura que es inocente. Pero el fiscal mantiene que la tonadillera era “perfectamente conocedora del origen ilícito de los fondos y bienes que recibió”, de Julián Muñoz. Ella alega que sus ingresos entre 1999 y 2002 ascendieron a 7,58 millones de euros y que pagó en metálico el apartamento del hotel del lujo Guadalpin, en lugar de su expareja. No obstante, agrega: “Yo no fui consciente del dinero que me metían. Soy igual que la Infanta, excepto que no tengo nada al 50% con nadie”, declaró.

A la vista de que sale perdiendo en la comparación y de que el día 28 empieza en Málaga el juicio contra ella por blanqueo de dinero es posible que en el próximo concierto modifique el estribillo de una de sus canciones más célebres y cante: Hoy quiero confesar/ que estoy desesperada/ hoy quiero confesar/ que estoy algo cansada/ hoy quiero confesar/ que he llorado mil veces/ hoy quiero confesar/ que me tratan diferente.

Y eso que todavía no sabe cómo han tratado a Dívar.

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