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Rubalcaba insiste en pedir explicaciones a Rajoy de su programa oculto El líder del PP contraataca con los recortes presupuestarios en educación y sanidad

Ricardo de Querol
El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy.
El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy.EFE

El bloque social del debate ha permitido ver a los candidatos enredados en cifras sobre los recortes en sanidad, educación y pensiones sin que al espectador le quedara nada claro qué va a ocurrir con el Estado del bienestar en los próximos años.

Rubalcaba insistió en pedir a Rajoy explicaciones de su programa oculto y se agarró al ejemplo de Esperanza Aguirre en Madrid: recortes, privatizaciones. No pareció Rajoy muy apurado y contraatacó con algunas cifras de los recortes de los presupuestos estatales en sanidad y educación. Un recurso con trampa: sanidad y educación están transferidas a las autonomías, que son las que las tienen que financiar.

El favorito repitió como un mantra una única solución: la creación de empleo permitirá recaudar más impuestos para sostener las prestaciones. Pero la sanidad y la educación tienen que financiarse ahora, y tienen nóminas que pagar y los cajones llenos de facturas. Mientras la recuperación del empleo más vertiginosa posible llega… ¿de dónde saldría el dinero? Rajoy no lo dijo, pero tampoco se vio necesitado de precisar más. Rubalcaba sí fue más concreto: que paguen más los consumidores de tabaco y alcohol.

En el terreno educativo, Rajoy sugirió una enésima ley sin aclarar mucho para qué: citó la cultura del esfuerzo, más inglés, una FP que combine clases y empleo, y el refuerzo de la autoridad de los profesores (a los que Aguirre considera unos vagos, le recordó bien Rubalcaba).

Rajoy agarró una bandera inesperada: denuncia que en España aumenta la desigualdad entre ricos y pobres. Citó unas encuestas de la Unión Europea que Rubalcaba no entró a rebatir. Más cómodo estuvo el aspirante del PSOE al sacar el tema de los derechos civiles: muerte digna, matrimonio homosexual. Rajoy esquivó el primer asunto, sobre el que ha sido más que ambiguo, y repitió sobre las bodas gais que él solo se opone a que se llamen matrimonio, pero no a ninguno de sus derechos.

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Faltaron muchos asuntos conflictivos (corrupción, indignados, independentismo), pero el asunto que se coló en la agenda con extraño protagonismo fue la conciliación entre familia y trabajo

El candidato del PP no dijo que vaya a modificar esa ley que tanto combatieron los suyos, y se escapó del debate sin decir ni palabra de la del aborto, asunto demasiado delicado en sus filas para que pueda abordarlo sin grandes presiones. Tampoco su contrincante quiso atacar por ahí.

Faltaron muchos asuntos conflictivos (corrupción, indignados, independentismo), pero el asunto que se coló en la agenda con extraño protagonismo fue la conciliación entre familia y trabajo. Rubalcaba preguntó (porque se empeñó más en interrogar a su rival que en explicar sus ideas) a Rajoy qué haría al respecto y le dejó en bandeja defender que no solo concilien ellas y la homologación con los horarios de trabajo europeos, porque se puede ser más productivo llegando a casa más pronto. Apenas una mención sobre la política contra la violencia de género, que Rajoy dijo haber apoyado; y nada sobre las cuotas por sexos en las empresas.

Si el objetivo de Rajoy, reservón, era mojarse poco y salir ileso, lo logró. Que Rubalcaba logre meter el miedo en el electorado sobre la agenda oculta que nos espera si gana el PP parece hoy más difícil.

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Sobre la firma

Ricardo de Querol
Es subdirector de EL PAÍS. Ha sido director de 'Cinco Días' y de 'Tribuna de Salamanca'. Licenciado en Ciencias de la Información, ejerce el periodismo desde 1988. Trabajó en 'Ya' y 'Diario 16'. En EL PAÍS ha sido redactor jefe de Sociedad, 'Babelia' y la mesa digital, además de columnista. Autor de ‘La gran fragmentación’ (Arpa).

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