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Rouco evita criticar al Gobierno en su homilía ante miles de jóvenes

Una eucaristía multitudinaria en Cibeles inaugura la Jornada Mundial de la Juventud

El jefe de los obispos españoles insta a los asistentes a evangelizar a sus coetáneos

El arzobispo asegura que la principal seña de identidad histórica de España es la fe cristiana

Además de ser un feliz y mastodóntico campamento juvenil, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es “un valiosísimo instrumento de la nueva evangelización”, según ha dicho el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, en la misa de acogida para las decenas de miles de peregrinos que han tomado un Madrid aletargado por el mes de agosto y por el terrible calor. El jefe de la Iglesia católica en España les animó con su homilía a evangelizar a sus “coetáneos” en esta época de “raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo”.

El también cardenal y arzobispo de Madrid les ha recordado a los jóvenes que le escuchaban en la plaza de Cibeles —antes tuvo que resolver los problemas con su micrófono— que ellos son la “esperanza viva de la Iglesia y del Papa” y también “los centinelas del mañana”.

La agenda

Miércoles 17

  • 10.00. El único acto previsto para es la catequesis de los obispos. A partir de las diez de la mañana, los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, organizados por grupos lingüísticos, tendrán sesiones de catequesis con obispos venidos de todo el mundo. Las sesiones tendrán lugar en iglesias, colegios, auditorios y polideportivos de Madrid.

Jueves 18

  • 10.00. Catequesis de los obispos.
  • 12.00. Llegada del Papa al aeropuerto de Barajas, donde se celebrará una ceremonia de bienvenida en el pabellón de Estado.
  • 12.40. A esa hora está prevista la llegada del Papa al centro de Madrid. Joseph Ratzinger hará en papamóvil el recorrido entre el aeropuerto y la Nunciatura.
  • 19.30. Acto de bienvenida de los jóvenes en la plaza de Cibeles. El papa cruzará la puerta de Alcalá, en la plaza de la Independencia, con jóvenes de los cinco continentes. Después volverá al papamóvil para proseguir hasta Cibeles.
  • 21.30. Tras la recepción de Benedicto XVI, los asistentes a la jornada podrán visitar las imágenes de 12 vírgenes de todo el mundo que habrán sido colocadas en las calles de la ciudad. El objetivo es que los jóvenes canten y recen.

Este macroevento trienal que inventó el Papa Juan Pablo II en 1984 es hoy el escenario en el que la jerarquía católica muestra su poder. La misa inaugural de esta tarde concelebrada por 800 obispos, arzobispos y cardenales llegados de todo el mundo, y 8.000 sacerdotes se repartieron por toda la zona para dar la comunión a los fieles.

Las jornadas son un evento —criticado por cristianos de base por fastuoso— que buscan que los católicos se exhiban con orgullo como comunidad, conozcan a correligionarios con los que formar familias cristianas, o para conseguir paliar la acuciante escasez de vocaciones. Un evento cuyo punto culminante son las 79 horas que durará la visita del Papa Ratzinger, que llegará el jueves a la capital. Será la tercera de este pontífice, muestra de su estrechísima relación con el cardenal Rouco.

España, país al que todavía algunos medios internacionales definen como “la católica España” o que, según aseguró el arzobispo de Madrid en su homilía, “no es inteligible sin su bimilenaria tradición católica” o “tiene en la fe cristiana su principal seña de identidad histórica ¡de su cultura y de su modo de ser!”, es el primero en acoger por segunda vez una JMJ. Pero es también un país donde, desde 2009, se celebran más bodas civiles que religiosas y donde seis de cada diez católicos solo pisa un templo en eventos que también son sociales, como bodas, bautizos, funerales o comuniones.

Rouco no hizo mención ni alusión alguna al Gobierno ni a las leyes sociales aprobadas en las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente (como la del matrimonio homosexual o la del aborto libre en las primeras semanas), que han indignado a la jerarquía católica hasta el punto de salir a la calle a manifestarse.

El cardenal aseguró que los jóvenes de Benedicto XVI no son como los jóvenes de Juan Pablo II: “Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado. La globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación, la crisis económica, etcétera, os condicionan para bien y, en muchas ocasiones, para mal”. Unas nuevas tecnologías a las que los organizadores de esta JMJ han sacado paradójicamente el máximo provecho.

La sangre de Juan Pablo II

El acto de esta tarde ha sido la apertura oficial de la Jornada Mundial de la Juventud y un homenaje al padre de la idea, a Juan Pablo II, beato desde el pasado mayo. El cardenal Rouco Varela lo ha recordado como “el Papa de los jóvenes”, como el precursor de una relación de la Iglesia con los jóvenes “entusiasta, alegre, esperanzada, contagiosa”. Y ha añadido, también durante la homilía, que “la santidad personal de Juan Pablo II brilla con un atractivo singular precisamente en la evangelización de los jóvenes contemporáneos”. Buena parte de los fieles que le escuchaban son tan jóvenes que solo pudieron conocerle como un frágil anciano. El anterior pontífice también está presente en los actos litúrgicos de la JMJ a través de una reliquia. El soporte para el evangelio que se utiliza conserva una ampolla con su sangre.

Ha recordado también que Karol Wotyla “sufrió el dolor de los perseguidos por la causa de Cristo antes y después de su elección a la sede de Pedro: literalmente hasta la sangre”. Recordando así que procedía de la Polonia comunista y que el turco Ali Agca intentó matarle a tiros.

Junto a peticiones clásicas como “por las familias de Tierra Santa”, en la misa se ha pedido “para que los jóvenes respeten el medio ambiente y resistan la tentación de las drogas”.

N. G., Madrid

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