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La plaza de Catalunya, a rebosar de gente sin miedo

Cientos de personas asisten a las actividades lúdicas en el corazón de Barcelona. - Los concentrados están convencidos de que los Mossos no les desalojarán.

Un momento de una actuación infantil en la plaza de Catalunya en Barcelona durante la concentración del 15-M.
Un momento de una actuación infantil en la plaza de Catalunya en Barcelona durante la concentración del 15-M.

La plaza de Catalunya se volvió a llenar anoche con unas 8.000 personas, según la Guardia Urbana, que no temían un desalojo policial durante el sábado. Numerosos ciudadanos participaron en las protestas y actividades de la jornada y los organizadores pidieron que se llevaran flores para recibir la jornada de reflexión a medianoche. Decenas de personas entraron en un edificio abandonado y colgaron un cartel que decía "La democracia no está muerta".

Los miles de congregados en la plaza de Catalunya han mantenido una intensa noche, con una asamblea hasta las tres de la madrugada, en un ambiente de respeto y sin altercados, aunque con algún momento aislado de tensión, resuelto sin violencia, informa Efe. Miles de personas celebraron con aplausos  y gritos de "No nos vamos!" el inicio de la jornada de reflexión.

Numerosas familias con niños, turistas e incluso grupos de excursionistas han visitado esta mañana a los "indignados". La actividad prosigue en una bulliciosa plaza. En una esquina, un grupo debatía sobre los recortes sanitarios. A media mañana, otro grupo ha comenzado la lectura del libro que  une a muchos de los manifestantes: <i>Indignaos</i> del escritor francés  Stéphane Hessel, ante la presencia de turistas y curiosos.    

Durante la tarde de ayer, cientos de niños se sumaron a la concentración de la plaza, convertida por los acampados en un gigantesco festival al aire libre con actuaciones musicales infantiles, teatro y performances. Pasadas las seis de la tarde, un hombre, disfrazado con un pellejo marrón, simulando a un troglodita, hacía cantar y bailar a los más pequeños con canciones de niños. Padres como Miriam y Eveli, de 41 y 42 años, querían sumarse junto a sus hijos a la protesta. Las familias, muchas con helado en mano, son las protagonistas de la protesta.

Y mientras los críos disfrutaban de la actuación, las sesudas charlas sobre el futuro del país seguían. Tanto era así que los eventos se entremezclaban y era casi imposible abrirse paso. A un lado, un juego de niños; al otro, el debate sobre el futuro, bajo la amenaza de la decisión de la Junta Electoral Provincial secundando la de la Central que dice que la acampada es ilegal. El Gobierno catalán ha insinuado, en cualquier caso, que no desalojará la concentración a no ser que haya disturbios.

Los miles en la Plaza de Cataluña de Barcelona han mantenido una intensa noche, con una asamblea hasta las tres de la madrugada, en un ambiente de respeto y sin altercados, aunque con algún momento aislado de tensión, resuelto sin violencia, informa Efe. Unas 8.000 personas, según la Guardia Urbana, celebraron con aplausos  y gritos de "No nos vamos!" el inicio de la jornada de reflexión.

En la plaza se palpa desde ayer la sensación de que los Mossos d’Esquadra no les van a echar. “Demostrarían que son muy poca cosa y muy poco inteligentes”, indicaba Francesc Meca, de 68 años, junto a su mujer, Rosa María Matamoros, de 62. Los dos se han sumado a los cientos de personas que han paseado esta tarde por la plaza de Cataluña para sumarse a la protesta.

Los acampados han dividido el lugar en tres zonas (Tahrir, Islandia y Palestina) y han colgado carteles con las actividades que se celebran en cada una de ellas. De esa forma, los protestantes encuentran con facilidad lo que les interesa.  El acto central de la jornada se celebrará, igual que ayer, a las nueve de la noche, cuando está prevista una cacerolada. En la de ayer participaron miles de personas.

La plaza se ha convertido en el corazón de la protesta en Barcelona, en la que no falta desde un área de dedicada a la cocina; casetas donde se informa de los recortes sanitarios que está ejecutando la Generalitat y un sector en el que los jóvenes indignados cuelgan con pinzas folios en los que explican la precariedad de su situación laboral.