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Datos, la clave para proyectar la Agenda 2030

Poder cuantificar en tiempo real la dimensión de un problema humanitario, posiblemente conocido pero minusvalorado, es la clave para desplegar ayuda, canalizar financiación y mejorar decisiones

Adi Goldstein / Unsplash

Los datos han permeado en la capa estratégica y política europea, prueba de ello es la reciente estrategia de datos de la UE que forma parte de un paquete de agendas que conforman la estrategia digital pensada para moldear el desarrollo social y económico de Europa. Sin duda, es momento de analizar si estas tendencias nos conducen a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Los datos han dado lugar a un nuevo tipo de innovación que aprovecha fuentes tradicionales y otras nuevas fruto de la interacción de las personas con las plataformas digitales. Desde hace cerca de una década, Naciones Unidas, algunos centros de investigación y empresas empezaron a explorar cómo esta innovación podría ayudar a mejorar la acción humanitaria o el desarrollo. Hemos visto, sin embargo, que aún teniendo las herramientas, las dificultades siguen presentes en gestionar cambios y capacidades, compartir datos del sector privado en tiempo real y en diseñar soluciones que formen un engranaje adecuado con las dinámicas locales de comunidades y regiones.

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La otra cara de los datos y los ODS es la generación de conocimiento accionable. Muchas veces poder cuantificar en tiempo real la dimensión de un problema humanitario, posiblemente conocido pero minusvalorado, es la clave para desplegar ayuda, canalizar financiación y mejorar decisiones. Pero la realidad es que estamos llegando a una sobrecarga de indicadores estériles.

Los datos deben usarse para entender esas relaciones, a priori no evidentes, que revelan problemas sistémicos que frenan un mundo más sostenible y sin desigualdades. Ahí radica su verdadero potencial, generar evidencia con impacto, que podemos aprovechar si establecemos un diálogo multidisciplinar con ellos.

La forma en la que se gestionan las evidencias también es clave y estamos empezando a entender cómo hacerlo. Más que respuestas definitivas, proporcionan la base para aprendizaje orgánico y generación de inteligencia. Esto implica preparación y anticipación creando equipos con capacidades científicas que tengan influencia directa en decisiones.

La experimentación con datos y evidencias también está demostrando su potencial para gestionar alianzas alineando actores y siendo la base de un consenso aumentado que aúne esfuerzos aportando transparencia, rigor y puntos de apoyo. El análisis predictivo es, por supuesto, una herramienta fundamental que debe servir para crear capacidades frente a diversos escenarios incluyendo estrategias de mitigación. Pero no podemos dejar de señalar que existe un riesgo gravísimo en simplificar procesos o instrumentalizar el uso de datos que puede tener consecuencias negativas exponenciales.

Si en esta ocasión nos centramos en Europa y los ODS, la estrategia de datos gira en torno a la propuesta de un mercado único que favorezca su circulación, una normativa regulatoria y la creación de infraestructuras con especial atención a data spaces.

Una visión del futuro digital sostenible necesita también que los datos sirvan para construir un nuevo tejido social apoyado por la ciencia

Sin duda, disponer de datos entre diversos sectores puede ser un catalizador de un sistema productivo más interconectado. Sin embargo, el carácter transaccional de esta estrategia supone serias dificultades para generar la colaboración y sinergias necesarias para lograr los ODS, e incluso un liderazgo socio-tecnológico en un mundo que está cambiando su percepción de valor. Además, esta estrategia no identifica roles necesarios para el sector público, la academia, la investigación o el tercer sector. Una visión del futuro digital sostenible necesita también que los datos sirvan para construir un nuevo tejido social apoyado por la ciencia.

La apuesta por los data spaces como infraestructura interoperable es útil, pero insuficiente. El primer paso en una estrategia de datos para los ODS es evaluar el actual ecosistema e identificar las brechas que nos permitan un uso para potenciar la igualdad, la inclusión social, una mejor sanidad o una educación más apta para los retos futuros. Cuando son incompletos nos llevan a evidencias sesgadas con un impacto negativo de enormes proporciones.

La gobernanza de las infraestructuras, las condiciones de acceso y regulación deberían gravitar en torno a la sostenibilidad, la resiliencia o la igualdad más allá de la competitividad. Se está hablando de poner a las personas en el centro de la tecnología, pero realmente necesitamos a las personas en el centro de toda la cadena del valor del dato, con todas las consecuencias.

Hasta la fecha, los poseedores de datos determinan efectivamente qué se hace con ellos, lo cual tiene un impacto directo en la priorización de proyectos, alianzas e iniciativas para los ODS. El rol que Naciones Unidas y organizaciones multilaterales tienen en la última década en países en desarrollo para promover su uso para programas de desarrollo y humanitarios está vacante en Europa., y los ODS son ineludibles en las ciudades y las zonas rurales. La vulnerabilidad de Europa en la actual crisis de la covid-19 es un ejemplo de esta necesidad de mecanismos digitales al servicio de la sociedad que solo hemos empezado a implementar de forma reactiva y apresurada.

Generar la conexión de problemas, sectores y actores a través de los datos requiere de recursos. No existen actualmente los mecanismos de financiación para poder llevar la investigación fundamental a una implantación que dote a la ciudadanía y a los tomadores de decisiones de herramientas adecuadas. El problema se agudiza si consideramos que la estrategia europea y la práctica nos lleva a una situación en la que tienen un altísimo coste. La economía del dato sin unos principios y regulación alineados con los ODS puede tener un efecto totalmente inhibidor.

La democratización y la alfabetización en datos debe ser progresiva para que se logre un empoderamiento. La estrategia europea apunta a un control personal de los mismos justificado en la privacidad. Es insuficiente. Estamos ante un momento clave para que los ciudadanos tomen conciencia del valor colectivo de los datos y sepan cómo eso es posible. Necesitamos nuevos equipos que tengan la legitimidad y la confianza necesarias y que sepan integrar y acompañar a los ciudadanos hacia una digitalización sostenible. Desde estos logros, Europa podrá también realmente proyectar la Agenda 2030 en todo el mundo.

David Pastor Escuredo es experto en datos e inteligencia artificial para el desarrollo, en el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano, Universidad Politécnica de Madrid (LifeD Lab).

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