Columna
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Leonor crece

Hay un verano en el que las niñas dejan de serlo sin ser aún mujeres. No sabemos si Leonor de Borbón Ortiz ha pasado el trance, pero, si no ha sido este verano, será el próximo

La princesa Leonor durante el acto del 12 de octubre en el Palacio Real de Madrid.
La princesa Leonor durante el acto del 12 de octubre en el Palacio Real de Madrid.POOL EFE / GTRES

Hay un verano en el que las niñas dejan de serlo sin ser aún mujeres. No sabemos si Leonor de Borbón Ortiz ha pasado el trance, pero, si no ha sido este verano, será el próximo. Como todas sus coetáneas, de acuerdo. Pero, viviendo como todas en esa tierra de nadie, está más sola que ninguna. El 31 de octubre, la heredera al trono cumple 15 años. Le quedan tres para hacer de su capa un sayo si quisiera y pudiera, que no puede, pero ya se espera de ella que represente a un país que está a bofetadas por todo, empezando por su futuro. Siendo que lo es una privilegiada, su sino no es envidiable. Mientras el mayor dilema de su curso es hacer el bachillerato de ciencias o letras, o el bachillerato a secas, ella depende del Gobierno hasta para su plan de estudios. Intramuros, tampoco es todo color de rosa. Su repudiado abuelo Juan Carlos está fuera de España sin fecha de regreso. Su tío Iñaki, en la cárcel. Su tía abuela Henar tuitea soflamas contra la Corona. Y, a poco que esté en el mundo, ve a su padre puesto a caldo o adulado hasta la náusea en las noticias.

Estos días la veremos en los premios que llevan su nombre, adorable exniña entre vejestorios, dando un discurso que le han escrito otros mientras a sus abuelas Sofía y Paloma se les cae la baba a chorro. Juzgaremos sus vestidos, sus peinados, sus gestos. Le sacaremos faltas y sobras. Que si qué mona, qué lista, qué cursi, que si es más Borbón u Ortiz, o viceversa. Comparaciones odiosas justo a la edad que pueden hacer más daño. Qué sabremos nosotros, que la vemos siempre de uniforme. Qué sabrá nadie si querrá teñirse de fucsia, hacerse un piercing en el séptum, tatuarse la bandera arcoíris, salir pitando ante la que se le viene encima. Lo seguro es que, si no llegó ya, andará rondando el día en el que las hijas lo más que te contestan es déjame en paz, pesada. Pues eso. Dejémosla crecer en paz. Saquémosla del barro. Las guerras ya vendrán solas.

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