Editorial
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Sin precedentes

El PIB español cayó un 18,5% entre abril y junio

Vista de una terraza vacía en el centro de Barcelona .
Vista de una terraza vacía en el centro de Barcelona .Enric Fontcuberta / EFE

La contracción del crecimiento económico en el segundo trimestre de este año no tiene precedentes en la historia de los registros estadísticos. Desde luego en España, pero también en otras economías avanzadas, entre ellas la estadounidense. El PIB español cayó un 18,5% entre abril y junio. Lo hizo después de sufrir otra contracción del 5,2% en el primer trimestre. Ambos registros abonan las previsiones que sitúan la erosión del crecimiento en el conjunto de este año en torno al 12%, por encima del promedio de la eurozona y del conjunto de las economías avanzadas.

El estricto confinamiento que siguió al contagio de nuestra economía es una de las razones que explica el castigo diferencial que ha ejercido la reclusión derivada de la pandemia sobre el crecimiento. La estructura productiva con sectores, como el turismo, limitados por la ausencia de movilidad ha agudizado esa vulnerabilidad de partida. Como lo ha hecho un censo empresarial dominado por microempresas, muy vulnerable a caídas en la demanda como la que está sucediendo. Por último, la capacidad de maniobra de las finanzas públicas ha estado más limitada que la de la mayoría de los socios europeos. La consecuencia es la necesidad de que las decisiones europeas para favorecer la reconstrucción pueden concretar más recursos que en el resto de los países.

Esa posibilidad dejó de formar parte de las conjeturas. La economía española puede ser uno de los principales beneficiarios si se presentan ante la Comisión Europea proyectos que satisfagan las condiciones definidas para el acceso al Fondo de Recuperación. Aparte de encajar en esas dos transiciones, energética y digital, priorizadas por Bruselas, será necesario que las solicitudes dispongan del rigor suficiente y se encuentren respaldadas por las Administraciones regionales y el Gobierno central, además de conseguir la colaboración de las empresas privadas. Si se satisfacen esas condiciones, podrá aprovechar y basar la recuperación en fundamentos verdaderamente modernizadores, incrementando la inversión en destinos que aumenten el crecimiento potencial, el empleo de calidad y la productividad de las empresas.

No es un empeño imposible. La conferencia de presidentes autonómicos, coincidente con esos nefastos indicadores económicos, debería propiciar la mínima e inteligente concertación para que Bruselas asumiera que el propósito de reconstrucción económica no es un empeño aislado del partido en el Gobierno. También para que los inversores nacionales y extranjeros dispusieran de la información sobre las condiciones fundamentales que pueden presidir la evolución de nuestra economía en los próximos años. Se trata de una oportunidad de superar la crisis más severa de la historia con decisiones que permitan un salto modernizador sin muchos precedentes.

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