Editorial
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Pobreza en Venezuela

El deterioro económico e institucional lleva al país a una situación extrema

Un barrio de Caracas (Venezuela) carente de infraestructuras básicas.
Un barrio de Caracas (Venezuela) carente de infraestructuras básicas.RAYNER PENA R / EFE

La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano, elaborada por tres universidades de gran reputación del país caribeño desde hace seis años, ha vuelto a poner de manifiesto la situación de extrema vulnerabilidad de los habitantes del país con las mayores reservas de petróleo del mundo. El informe —y no es el único que apunta en esta dirección— ahonda en la calamidad que se abate sobre el pueblo venezolano, a veces difuminada por la atención mediática que requiere la inestabilidad política y la imposibilidad de lograr una salida a la crisis institucional y económica.

El estudio refleja que, de acuerdo con los ingresos, el 96% de la población venezolana es pobre y un 79% vive en pobreza extrema, es decir, que no logra suficientes ingresos para cubrir la canasta alimentaria. Los investigadores aseguran que esto se debe a la hiperinflación que ha venido superando cualquier registro imaginable desde hace años y que ha propiciado una caída del 70% del PIB entre 2013 y 2019, el año al que se refiere el estudio de las universidades. Estos indicadores convierten a Venezuela, que no hace tanto era uno de los países más prósperos de América Latina gracias a sus reservas de crudo, en uno con condiciones más propias de Centroamérica, el Caribe o África en materia de pobreza y desnutrición. De hecho, hoy es ya el país más pobre de la región.

No solo estos indicadores alertan del deterioro en el que Venezuela lleva inmersa años. La violencia que sufre la población y la constante falta de agua o de electricidad —cuando no de las dos— es parte ya de la vida cotidiana de los venezolanos, que han terminado incluso por tener que acostumbrarse a la escasez de combustible, pese a las ingentes reservas con las que aún cuenta el país caribeño.

Los venezolanos sufren también de una crisis institucional galopante. El régimen de Maduro culpa constantemente a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea del deterioro del país, sin siquiera hacer una sola autocrítica de la desastrosa gestión de la nación, acentuada desde que el sucesor de Hugo Chávez alcanzó el poder. Lejos de abrirse a buscar una solución negociada con la oposición, profundiza cada día en la deriva autoritaria con el único fin de permanecer en el poder. El acuerdo humanitario que a través de organismos internacionales se ha logrado entre el chavismo y la oposición durante la pandemia, aunque escaso, debe ser la primera piedra de un camino para alcanzar de una vez por todas, con voluntad inequívoca de ambas partes, una salida a la situación extrema a la que se ha sometido al pueblo venezolano. Urge recalcar que son los ciudadanos, el arma arrojadiza sobre el que se sustenta la batalla política, quienes sufren una situación cada vez más precaria.


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