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Un ritual prehistórico, 1.500 huesos y una trampa para mamuts: el Museo del Mamut en Tultepec reabre sus puertas

El lugar estuvo cerrado más de cuatro años por remodelaciones. Algunos de los elementos que se exhiben son hallazgos que no se han encontrado en otra parte del territorio mexicano

El Museo del Mamut en Tultepec exhibe los restos de ejemplares encontrados en la zona. REBECA HERRERA

“La vida en Tultepec inicia y termina con un mamut”, dice Juana Antonieta Zúñiga Urbán, historiadora y cronista de Tultepec, y una de las responsables de que se llevara a cabo la remodelación y reapertura del Museo del Mamut (Mudema) en el municipio de Tultepec, Estado de México, el miércoles 25 de febrero. De acuerdo con Zúñiga, Tutlepec es el único sitio del país en el que se han encontrado trampas para cazar mamuts, un ritual prehistórico con huesos de estos animales y es, junto con Santa Lucía, uno de los lugares en el mundo en los que más vestigios de estas bestias han sido hallados.

Unos 20 kilómetros al noroeste de Tultepec se encuentra el Museo Paleontológico de Santa Lucía Quinamétzin, ubicado dentro del Campo Militar 37-D, en las inmediaciones del terreno que alberga el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). También aloja restos de mamut, así como de tigres dientes de sable, cráneos de caballos y camellos, y de humanos que datan de hace 12.730 años.

Una búsqueda rápida en Google sobre el Museo del Mamut arroja, como primer resultado, la locación del AIFA. En la mañana del jueves 26, la asistencia en el Museo de Paleontología, con salas llenas de grupos escolares de niños y adolescentes, contrasta mucho con el recinto recién inaugurado. “Hubieras visto ayer [en la reinauguración] la cantidad de gente que vino”, dice Zúñiga con mucho temple. Sabe que la oferta del Mudema no se compara. El paleontólogo Luis Córdoba Barrada lo respalda: “Podemos ver la relación del hombre, la excavación de trampas con herramientas de hueso y un contexto de un ritual prehistórico. Estos elementos no se habían encontrado en México”. Agregan que el Mudema ofrece información más específica sobre los mamuts, que ambos museos son complementarios y no existe un espíritu de competencia.

Córdoba explica que cuando dieron con los vestigios que forman el ritual, no pensaron que se tratara de algo así. En una excavación en 2019, dentro de una trampa, se encontró un conjunto de huesos que a primera vista parecían aventados y olvidados al azar. Pero al irlos identificando, encontraron cierto orden. “Por ejemplo, había un cráneo muy grande con sus defensas [colmillos largos] y en el nacimiento de estas, estaba colocada una vértebra dorsal, con una espina muy larga. De forma natural sería imposible que se colocara de esa manera”, dice el paleontólogo.

Alrededor habían más vértebras y varias costillas; del lado izquierdo del cráneo, dos escápulas (omóplatos) que de manera natural, dice, es imposible que quedaran así. “Además, la escápula derecha está por debajo de la izquierda”. Córdoba cree que el ritual fue una especie de agradecimiento después de matar al animal, que debío tener más de 40 años y ser un mamut grande.

El primer hallazgo en Tultepec ocurrió en 2016, cuando el Gobierno local socavaba la calle La Saucera para cambiar el drenaje y se encontraron con la osamenta. El sitio se delimitó con cordones, pero la gente de los alrededores podía asomarse y ver cómo iba avanzando el rescate. “Esto generó conciencia entre los pobladores”, dice Córdoba, uno de los arqueólogos que estuvo a cargo del proyecto. “Llegaban y preguntaban como si fuera un paciente: ‘¿Cómo va el mamut?”, dice Zúñiga con ternura en una visita guiada que los expertos han dado a EL PAÍS. Gracias a ese trabajo, los pobladores exigieron que los vestigios se quedaran en la localidad y algunos cedieron piezas que habían extraído años atrás.

En 2019, llegó el segundo hallazgo, tres años después que el primero, y lo bautizaron Tultepec II; se recabaron más de 1.500 huesos pertenecientes a, por lo menos, 14 mamuts y fue aquí donde encontraron las trampas hechas por los cazadores-recolectores del Pleistoceno final (de hace 126.000 a 11.700 años): unas excavaciones de unos 25 metros de largo, 10 de ancho y 1,70 metros de profundidad, hechas con herramientas de hueso, lo que representa un cambio en el paradigma de cómo se percibe al hombre de la prehistoria.

El Mudema tiene paredes de ladrillos y techos altos; algunas salas sobrepasan los siete metros, como en la que se exhibe la joya de la corona, como lo llama Zúñiga: el esqueleto de mamut que encontraron en 2016, ensamblado y restaurado. “Es un ejemplar macho, de unos 20 a 25 años de edad. Se encontró bastante completo; tenemos como el 85% de los huesos”, explica el experto. Dicen que los restos óseos no se hallaban en su posición anatómica, lo que indica que el ejemplar fue destazado para el aprovechamiento humano.

Zúñiga hace un llamado a la población general: “Es importante que, si la ciudadanía se encuentra con un hallazgo de esta naturaleza, se reporte a las instancias correspondientes para no alterar los contextos”.

El museo recien reestrenado está a unos 40 kilómetros de Ciudad de México. Para visitarlo, se puede usar el transporte público: tomar un tren en la estación Buenavista del Suburbano en dirección Cuautitlán y bajar en esta estación (la última), tomar un taxi o una combi que vaya a Tultepec y diga Campos estrella Trigotenco. “Los va a dejar aquí enfrente”, señala la historiadora con una sonrisa. La calle es Morelos del Barrio de San Rafael, casi frente al Museo de la Pirotecnia.

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