De la residencia familiar al Castillo de Chapultepec: la historia detrás del retrato de Hernán Cortés
Descendientes del capitán extremeño donaron el cuadro que hasta hace meses aún formaba parte de su colección privada


El Museo Nacional de Historia (MNH), en el Castillo de Chapultepec, ha incorporado a su acervo un retrato histórico de Hernán Cortés que fue donado por la familia Pignatelli Aragona Cortés, descendiente del capitán extremeño. El óleo sobre tela, que muestra a Cortés alrededor de los 32 años, formó parte de la colección familiar durante varias generaciones hasta que finalmente fue donado como un gesto encaminado a “reconciliar la realidad con el alma de los mexicanos vivos”, según se lee en el comunicado de prensa. La pieza se exhibe en la sala Dos Continentes Aislados.
De acuerdo con Ascanio Pignatelli Aragona Cortés, el heredero que acudió a la ceremonia de donación, desde niño veía el cuadro en la residencia familiar, aunque siempre estuvo envuelto en leyendas. Por su parte, el director del MNH, Salvador Rueda Smithers, agradeció la donación y subrayó la carga política y las controversias históricas en torno a la figura de Hernán Cortés. “Como todo ser humano, el claroscuro fue su vida. Fue el fundador del cuerpo político básico, el Ayuntamiento, en 1519; pero también conquistador audaz y se le juzga como guerrero eterno. Sería capitán general y quiso —infructuosamente— administrar la ley en sus territorios; ganó fama, pero nunca tuvo el poder político que buscó”, dijo.

Más allá de la representación de Cortés, el principal elemento del óleo es el escudo de armas del Marquesado del Valle de Oaxaca, que le fue concedido por el rey Carlos I en marzo de 1525. En el diseño aparece la corona del tlatoani Moctezuma por encima de las de Cuitláhuac y Cuauhtémoc, mientras que en otro de los cuarteles se muestra Tenochtitlan, rodeada por sus lagos, para simbolizar la consolidación de un nuevo orden político tras la conquista. Alrededor del escudo figuran las cabezas de los señores de Tacuba, Texcoco, Coyoacán, Tlatelolco, Xochimilco, Churubusco, Chalco e Iztapalapa, todas encadenadas para representar su dominio sobre estos territorios. En el escudo también aparece la leyenda “el Señor juzgó en sus actos y fortaleció mi brazo”, escrita en latín.

Sin embargo, ese mismo lenguaje heráldico encierra una contradicción histórica, según el director del MNH. “A la composición del escudo cortesiano le rodeaba la fatalidad o, mejor dicho, la paradoja de la historia. Porque al paso del tiempo, uno de ellos, Cuauhtémoc sería la causa de la última desventura política de Hernán Cortés al enterarse el monarca español de la muerte del tlatoani por juicio sumario [breve, acelerado y simplificado], lo que agriaría la relación entre ambos”, explicó Rueda Smithers.
En un contexto en el que las tensiones políticas entre México y España continúan abiertas, el ámbito cultural ha funcionado como un espacio de diálogo. En octubre de 2025, el Museo Nacional de Antropología recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Ese mismo mes, José Manuel Albares, ministro de Exteriores español, reconoció la “injusticia y el dolor” causados a los pueblos originarios mexicanos durante la inauguración de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena en el Instituto Cervantes. La presidenta Claudia Sheinbaum agradeció su mensaje y calificó como un “primer paso” para el reconocimiento al impacto de la conquista. “El perdón engrandece a los pueblos, no es humillante. Al contrario. Reconocer la historia, reconocer los agravios, pedir perdón o lamentar y recuperarlo como parte de la historia engrandece a los gobiernos”, declaró la mandataria.
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