Margo Glantz: “Las mujeres tienen que estar en pie de lucha. A lo mejor debo decir que no se mitiguen, que sigan violentísimas”

La escritora, que recibirá la Medalla Carlos Fuentes de la FIL, habla de feminismo, el rol de las mujeres en la literatura, de neofascismo y moda

La escritora Margo Glantz, en una entrevista para EL PAÍS, en Coyoacán, Ciudad de México, el 28 de Octubre de 2021.
La escritora Margo Glantz, en una entrevista para EL PAÍS, en Coyoacán, Ciudad de México, el 28 de Octubre de 2021. Nayeli Cruz

Margo Glantz (Ciudad de México, 91 años) ofrece a las once de la mañana un vasito de tequila o una copa de Oporto, lo que sorprende a los periodistas. Ella ríe, socarrona. Se muestra maravillosa esta mañana, con su cabello corto lleno de rizos y vestida elegantemente de negro, porque a Glantz le gusta la moda y, en especial, los zapatos. Esta mujer que va por la vida siempre sonriente y coqueta no se corta en una plática en la que habla de feminismo, el machismo en la literatura, la memoria del Holocausto y, claro, la importancia de la moda. Recibirá en noviembre la Medalla Carlos Fuentes de la FIL de Guadalajara, un nuevo reconocimiento a su vasta obra ensayística y literaria.

Pregunta. La FIL le entrega la Medalla Carlos Fuentes. Antes, en 2010, había recibido el Premio de Literatura en Lenguas Romances. En esa ocasión dijo que se sentía como una Julia Roberts de la literatura, porque no son muchas las mujeres que ganan importantes reconocimientos literarios. ¿Cree que desde ese momento hasta acá se ha visibilizado más el trabajo de las mujeres en la literatura?

Respuesta. Sí, el trabajo de las mujeres se ha visibilizado más. Es decir, hay un movimiento verdaderamente avasallador en México, Argentina, España. Es impresionante la afluencia de escritoras jóvenes y su presencia tan relevante en México. Es muy, muy importante lo que se ha hecho. Y, por lo que se refiere a mi obra, también, pues he publicado muchos libros después del premio de la FIL.

P. Usted ha afirmado que el mundo de la literatura, el mundo editorial, está lleno de caciques. Y mencionaba, por ejemplo, a Cela, en España o a Neruda, en Chile. ¿Se está rompiendo ese cacicazgo?

R. Creo que hay una cosa como de pulverización, en el sentido de que hay mucha gente que está escribiendo al mismo tiempo. Y no hay esas grandes figuras de autoritarismo, como las que definían una época, la época de la Argentina, por Borges; de Neruda, en Chile.

P. El siglo pasado se decía que mujeres como Alejandra Pizarnik, Juana de Ibarbourou o Alfonsina Storni estaban creando ruptura dentro de la literatura dominada por hombres. ¿Se puede decir que ellas abrieron paso a este movimiento nuevo de mujeres en la literatura?

R. Hay un antecedente muy importante, un antecedente que quizá las jóvenes escritoras no toman en cuenta, que piensan que están descubriendo el mundo y ellas son las que lo definen todo, cuando ha habido una tradición de escritoras que ha roto con esa violencia del caciquismo, de la predominancia masculina en la escritura. Entonces, digo, es muy importante tener en cuenta una memoria literaria histórica para situarse, ¿no?

P. Ha dicho que te tuvo que publicar por iniciativa propia su primera novela. Siempre ha sido difícil para las mujeres abrirse campo en el mundo editorial.

R. A los 47 años ya tenía yo bastante material, pero la primera obra de ficción no me la quisieron publicar, porque no funcionaba dentro de los cánones de las editoriales o de las librerías y de los propios lectores por la fragmentación excesiva, por la pluralidad y por la diseminación de temas, todo ese tipo de cosas que ahora están muy definidas en mi literatura. No era yo un personaje útil para lo que estaba establecido, para el establishment de la escritura.

P. ¿Sigue vigente aquello de tener tres guineas y un cuarto propio para las mujeres que quieren escribir?

R. Es muy vigente. Acabo de hacer al año pasado un prólogo a una nueva versión de Una habitación propia, de Virginia Woolf, y estuve revisando muchas cosas de lo que ella hacía y siento que este libro y Orlando son obras fundamentales. Lo que ella plantea en Una habitación propia sigue siendo muy vigente para las mujeres, no sólo en el terreno de la escritura, sino el terreno del cuerpo propio, porque sigue el problema de la violencia que hay en contra de las mujeres, cuando se cuestiona si deben tener o no hijos, si abortan o no. Estamos viendo cómo hay retrocesos fundamentales en varios países, como en Afganistán, o en los judíos religiosos. Es muy hipócrita y desconcertante.

P. ¿Deben tener las escritoras un compromiso con estos temas?

R. Creo que cada uno escribe lo que debe escribir según su propia necesidad. No creo que sea programático. Me parece que hay demasiada escritura coyuntural: la pandémica, la de las drogas, la del narcotráfico, todo ese tipo de cosas. Algunas son muy buenas y otras son puramente coyunturales. Me parece que hay que sobrepasar lo coyuntural para lograr crear una obra de arte. Por ejemplo, voy a mencionar un texto que me parece muy importante, que es Salón de belleza, de Mario Bellatin, que se leyó en la época en que se escribió como una cosa oculta en relación con el sida. Y ahora puede leerse también como una especie de alegoría o metáfora de la pandemia. Entonces, ese tipo de libros que sobreviven a la coyuntura me parecen los más importantes.

P. En su caso, ¿cómo encuentra sus historias? ¿cómo llega a su cabeza esa idea que se convierte en un libro?

R. Soy excesivamente dispersa, excesivamente curiosa y voraz. Entonces es muy difícil para mí encontrar un núcleo hasta que las obsesiones son las que definen ese núcleo. Me interesa muchísimo el cuerpo y el cuerpo femenino. Me parece muy importante la totalidad del cuerpo, pero también me fijo en pequeñas cosas del cuerpo que tienen una importancia muy grande. Por ejemplo, me acuerdo de algunos textos de Onetti, en los que habla de la nuca de una mujer. A mí me pareció bien interesante trabajar ese aspecto. O el pelo como un elemento fundamental de la historia, de la cultura, de la religión, de la masculinidad, de la feminidad. O en la moda. Todo ese tipo de cosas me han parecido muy importantes.

La escritora Margo Glantz en el jardín de su casa.
La escritora Margo Glantz en el jardín de su casa.Nayeli Cruz

P. Ha mencionado la moda. Usted escribió Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador, que de alguna manera es autobiográfica. Y ha dicho en varias entrevistas que colecciona zapatos. ¿Qué significan los zapatos para usted?

R. Mis padres tenían una zapatería cuando yo era niña, era una zapatería de barrio, con modelos copiados de las zapaterías del centro. Y tenía yo que estar mucho tiempo allí, por lo que la obsesión con los zapatos se hizo cotidiana. Creo que estar bien calzada también es un elemento muy importante de sexualidad y de feminidad. Y como la moda me interesa tanto, esta no funcionaría sin los accesorios y los zapatos son los accesorios principales. Recuerdo que de niña me gustaron unos zapatos de dos colores, con tacón alto y con unas tiritas muy lindas en gris y rojo, gris y verde y gris y azul. Me quedaron como muy, muy, muy fijados en mi memoria. Entonces ahora me encanta comprarme zapatos, al grado de que, aunque no me quedaran los zapatos, me los compraba y eso me hizo juanetes. Esto, por cierto, es un elemento muy importante en mi escritura, el juanete, la deformación del pie.

P. ¿Hay algún diseñador en específico que le atraiga?

R. Bueno, me gustaba muchísimo Ferragamo, pero tuve un solo par de zapatos Ferragamo, que me regaló una amiga.

P. ¿Cómo le fue con los Ferragamo?

R. Pues no son muy buenos, no son muy cómodos.

P. Hay mucha crítica al tema de la moda, muchos dicen que es un tema banal.

R. Ayer [por el miércoles] se presentó El Rastro, que es una novela mía que se adaptó al teatro y justamente uno de los elementos más importantes de la novela es la moda. Hay un entierro y una serie de gente alrededor que va muy bien vestida. Hay gente vestida de la manera más elemental, con huaraches, con calzones de manta, pero mujeres de Christian Dior o Armani. Entonces, la mujer que está tratando de elaborar un duelo se distrae mirando la moda. La moda es muy importante, porque, así como el pelo define la historia de la cultura, la moda también lo hace. La moda tiene un significado mucho más profundo que la frivolidad que la rodea.

P. Hay un vínculo entre moda y literatura.

R. Para mí sí. Lo vemos en Proust, en el análisis de Benjamin de los pasajes parisinos, en Thomas Mann. Ahora se piensa que las mujeres son frívolas porque les interesa la moda, pero hay grandísimos escritores masculinos a quienes la moda les importaba mucho. La manera de vestir de la duquesa de Guermantes [personaje de En busca del tiempo perdido], por ejemplo, o la forma de vestir de las cortesanas en las obras de Proust.

P. Volvamos al tema de la industria editorial. Ha habido hace poco una controversia muy fuerte con el Premio Planeta. Se lo dieron a una escritora, Carmen Mola, que resultó ser tres hombres. ¿Qué opina de esto?

R. Me parece muy significativo en el sentido de que se han dado cuenta de la predominancia de la escritura femenina. Creo que hay una especie de rivalidad y la necesidad de usurpar lo femenino para ganar un premio. Antes las mujeres tenían que usurpar a los hombres para poder funcionar en la literatura y ahora parecería lo contrario. No sé si es un gesto irónico, burlesco, pero es un gesto significativo frente a esta irrupción tan fundamental de lo femenino.

P. Muchas mujeres han reaccionado indignadas.

R. Creo que también el movimiento feminista exacerba ciertas cosas, se revela mucha intolerancia. Y yo detesto la intolerancia, porque la intolerancia conduce, digamos de una manera esquemática, a los fascismos. Entiendo la reivindicación femenina frente a ciertas cosas y la vehemencia que se tiene frente a eso, pero siento que hay que tener cuidado.

P. Pero hay también mucho enojo, sobre todo de las jóvenes, por la violencia hacia ellas, por los asesinatos, por las desigualdades que existe todavía entre hombres y mujeres. Y muchas quieren expresar esa violencia a través de manifestaciones que posiblemente puedan ser violentas también.

R. Esas reacciones violentas me parecen totalmente comprensibles. Hay una furia acumulada a lo largo de los siglos que no se ha podido mitigar, porque las cosas, como acabo de decir, siguen siendo muy terribles. Hay una forma hipócrita de querer controlar siempre el cuerpo femenino, hay un control sobre las mujeres y sobre su cuerpo fundamentalmente. Eso no ha acabado. Es muy importante plantearse eso, porque es un problema que sigue afectando a las mujeres. La violencia que tienen las mujeres a veces no la acepto, pero la comprendo perfectamente.

P. Estamos en un momento de revolución, con las mujeres exigiendo más derecho. ¿Cree que estas injusticias planteadas puedan terminar?

R. Mira, las cosas han cambiado en muchos países, pero hay siempre la posibilidad del retroceso. Lo vemos perfectamente, constantemente en la historia y lo estamos viendo actualmente. Mira los ejemplos que te acabo de dar, o lo que pasó en Bolivia, donde a una niña de 11 años la obligaron a mantener el embarazo, lo cual es una triple violación. Este tipo de cosas siguen sucediendo, por lo que todas las mujeres tienen que estar en pie de lucha. No queda otro remedio. Y a lo mejor yo debería decir, no sé, que no se mitiguen, sino que sigan violentísimas.

La escritora Margo Glantz en el salón de su casa.
La escritora Margo Glantz en el salón de su casa.Nayeli Cruz

P. Otro capítulo diario de su vida tiene que ver con Twitter. Y me interesa especialmente esta postura de estar constantemente tuiteando el tema de la memoria del Holocausto y de las víctimas del Holocausto. ¿Crees que se nos está olvidando lo que pasó?

R. Creo que sí. El problema de las migraciones, que ahora es un problema tan terrible, produce holocaustos, ¿no es cierto? Y lo vemos en México. La manera como han tratado a los haitianos son formas de holocausto diferentes. A mí, como soy judía, me parece muy importante, porque cuando era muy joven los campos de concentración eran totalmente vigentes. Muchos parientes míos habían muerto en campos de concentración. Creo definitivamente que el Holocausto se resucita de muy diversas maneras y a veces no las entendemos, no las verificamos, no nos damos cuenta. Creo que es muy importante seguir planteándose el problema del fascismo y el neofascismo, que llevó al nazismo y también al estalinismo.

P. ¿No aprendemos de los errores? ¿Cómo llegamos a este momento cuando hay partidos neofascistas siendo elegidos en los parlamentos de Europa, o con gente como Trump y Bolsonaro en América?

R. Yo no sé bien, no sé bien, pero se llega de golpe. Y en México también. Mira el problema de los haitianos en un país que se dice democrático. Tratar así a los inmigrantes me parece aberrante, terrible. Acabo de estar en Alemania y allá la gente se queja mucho de que Angela Merkel haya permitido la entrada de dos millones de musulmanes y que dentro de poco Alemania será un país musulmán. Eso les aterraba, como les aterra en Francia. Pero creo que lo que Europa y Estados Unidos provocaron en todos los países del Oriente y de Centroamérica se les está volteando, porque esa gente ya está emigrando. Están llegando esos inmigrantes a los países que eran antes predominantemente blancos, y eso es lo que produce un racismo muy violento.

P. Las imágenes de los haitianos perseguidos en México han sido brutales, pero no se genera una indignación dentro de la población. ¿Estamos anestesiados frente al horror?

R. Hay como una comodidad frente a lo que está pasando, que no me molesten porque yo estoy bien en mi contexto. A mí me indigna mucho y por eso creo que el Twitter me sirve mucho para manifestar esa indignación.

P. ¿Hay razones para el optimismo?

R. Creo que siempre hay razones para el optimismo. Yo creo que, si no las hubiese, no habría razones para que sigamos viviendo. Sí hay razones para un pesimismo muy fuerte, muy violento, pero creo que también hay muchos elementos importantes. Las flores en mi jardín, la propia moda, mis hijas y mis nietos, que son maravillosos. Todo eso es muy, muy importante.

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Carlos Salinas Maldonado

Redactor de la edición América del diario EL PAÍS. Durante once años se encargó de la cobertura de Nicaragua, desde Managua. Ahora, en la redacción de Ciudad de México, cubre la actualidad de Centroamérica y temas de educación y medio ambiente.

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