Caso Florence Cassez

Israel Vallarta, 16 años en prisión sin sentencia y una amnistía con bendición presidencial

El acusado de secuestro en el ‘caso Florence Cassez’ ha vuelto a cobrar actualidad después de los ataques de López Obrador a Loret de Mola

Florence Cassez e Israel Vallarta al momento de ser detenidos durante un operativo en el Rancho las Chinitas en Cuernavaca, en 2005.
Florence Cassez e Israel Vallarta al momento de ser detenidos durante un operativo en el Rancho las Chinitas en Cuernavaca, en 2005.Pedro Marrufo / CUARTOSCURO

Un manto de sigilo envuelve el caso de Israel Vallarta, a punto de cumplir 16 años en la cárcel acusado de secuestro en un proceso preñado de irregularidades, torturas, documentos falsos, pruebas que ayer estaban y hoy desaparecían, versiones policiales mutantes y escenografías diseñadas para la televisión. Si no fuera porque el asunto destrozó la vida de una familia, solo podría calificarse de chiste: una enorme comedia de los Monty Python bajo el sello inconfundible de los años más oscuros de la Administración política y judicial de México. Hoy, el Gobierno parece resuelto a poner fin a esta tragedia con trasfondo de venganza recurriendo a una amnistía que abra las rejas a un hombre que aún no tiene sentencia.

El asunto no es fácil, sin embargo, y la Secretaría de Gobernación está moviendo sus piezas con tensión de ajedrecista. Israel Vallarta ha prohibido que se dé información sobre su caso a la familia, de modo que el Gobierno ha optado por un perfil bajo y de la reunión que mantuvo el miércoles la titular de la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia, Paulina Téllez, con los parientes del encarcelado se sabe poco. Sin embargo, Guadalupe Vallarta, la hermana de Israel, atesora una impresión tras ese encuentro: “Yo creo que va a salir muy pronto”.

Luis Cárdenas Palomino, excoordinador de Inteligencia para la Prevención de la PFP, da a conocer los integrantes de la banda de secuestradores a la que pertenecían presuntamente Florence Cassez e Israel Vallarta.
Luis Cárdenas Palomino, excoordinador de Inteligencia para la Prevención de la PFP, da a conocer los integrantes de la banda de secuestradores a la que pertenecían presuntamente Florence Cassez e Israel Vallarta. Guillermo Perea / CUARTOSCURO

El mismo preso parece haberse convertido en su peor enemigo, decidido a cerrar victorioso este asunto, sin ayuda ni compasión. Total, ya ha pasado tantos años encerrado que uno más… “Él no quiere que lo indulten ni que lo perdonen”. Así lo interpreta su hermana Guadalupe, quien, como el resto de la familia, tiene vetadas las visitas a la prisión. Israel ha roto esos puentes, que solo mantiene tendidos con Mari Sainz, su actual pareja. Pero hace 15 años tenía otra novia, la francesa Florence Cassez. Ahí empezó todo.

El caso Florence Cassez ha sido uno de los asuntos de corrupción policial y lodosos manejos políticos más sonados de México. Corría 2005 y el jefe de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna, hoy encarcelado en Estados Unidos por supuestos vínculos con el narcotráfico, quiso hacer un favor a un amigo que quería vengarse de su socio comercial, un tal Cassez, en la persona de su hermana, Florence. Inventaron un secuestro para inculpar a la francesa y a su novio. García Luna, además, se quiso apuntar un tanto ante la opinión pública: llamó a la televisión y les sirvió en directo un burdo montaje en el que la policía liberaba a tres personas del rancho las Chinitas. Bajo los focos, se declaraban inocentes Florence e Israel, ambos aturdidos, él visiblemente torturado. Resulta que no los estaban deteniendo entonces, sino que lo hicieron el día de antes, como quedó demostrado después. Dio tiempo a las torturas.

Florence Cassez e Israel Vallarta detenidos durante un operativo de la Agencia Federal de Investigación (AFI) en Morelos, México el 9 de diciembre del 2005.
Florence Cassez e Israel Vallarta detenidos durante un operativo de la Agencia Federal de Investigación (AFI) en Morelos, México el 9 de diciembre del 2005.Pedro Marrufo / CUARTOSCURO

“A García Luna el asunto se le fue de las manos”, dice el escritor mexicano Jorge Volpi, que convirtió en un libro el aberrante desatino que tenía con la boca abierta a todo el país. Una novela criminal narró aquel despropósito que destruyó a una familia entera, varios de cuyos miembros pasaron por la cárcel en un proceso que crecía como la espuma a gusto de la policía, que se prodigaba en desarticulaciones de bandas, como la de los Zodíaco. Hoy, además de Israel, siguen presos un hermano, Mario, y un sobrino, Sergio. Pocos como Volpi conocen el entramado de este dramático caso. Netflix ultima una serie en la que ha participado Florence Cassez, que vive en Dunkerque tras su liberación en 2013. Para entonces, el Gobierno francés había enseñado al mexicano todos los dientes.

Sobre el caso se escribieron ríos de tinta. Pero hoy emerge con fuerza un personaje que ha causado el efecto del viento en los rescoldos para que el presidente se decida a retomar el asunto y hablar de amnistía: Carlos Loret de Mola, quien transmitió en directo el 9 de diciembre de 2005 aquel falso secuestro. El periodista fustiga al presidente desde su tribuna y López Obrador lo ha convertido en su bestia negra cada mañana en las conferencias presidenciales. La animadversión que los une trajo de nuevo este caso a la pantalla el miércoles por la mañana. López Obrador habló de falsos montajes periodísticos y el nombre de Israel Vallarta salió de nuevo a colación, esta vez con la promesa de estudiar el caso exhaustivamente en busca de una liberación política a falta de la judicial.

“El caso es que mi hermano también parece querer un careo con Loret de Mola, cuando esa persona poco puede aportar ya al caso. Las pruebas, porque nosotros hemos tenido que demostrar la inocencia en lugar de ellos la culpabilidad, las hemos reunido durante años. Israel podría haber salido de la cárcel el año pasado, pero…”, dice Guadalupe Vallarta, esperanzada en que, ahora sí, podrán traerlo de vuelta a casa. El padre y la madre de los Vallarta murieron “acosados por la policía, hostigados en los juzgados” y con una petición de última hora: que nadie desfalleciera en la liberación de los encarcelados. Así lo relata Guadalupe, y en ello siguen empeñados los parientes, aunque las relaciones, cosas de la cárcel, son ahora frías. “Es lógico que mi hermano tenga algunos problemas emocionales”, justifica Guadalupe.

Quizá hay más razones para que el caso de Vallarta, a punto de cumplir 50 años, casi un tercio de su vida encerrado, haya cobrado visibilidad de nuevo. Es temporada electoral. Puede que eso influya, reflexiona Guadalupe, “pero por lo menos le están poniendo atención a Israel”, afirma. El presidente, además, ha mostrado su determinación de que no haya “inocentes en las cárceles”. Así lo expresó el miércoles en la conferencia diaria, donde la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, señaló más de 35 casos que prepara su departamento para que la justicia les conceda una amnistía. Guadalupe considera que la intención del presidente es genuina. “Creo que tiene la voluntad de conocer y hacer justicia y de que Israel sea liberado”. En México, un país con un sistema fuertemente presidencial, puede aplicarse la máxima del Vaticano. Roma locuta, causa finita. Y el presidente ha hablado.

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