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Cómo ayudar a los niños a superar el miedo a la oscuridad

Acoger, acompañar y compartir nuestras experiencias infantiles al respecto, ayuda a nuestros hijos a relativizar la existencia de monstruos u otros seres imaginados por la noche

Un bebé despierto en su cuna.
Un bebé despierto en su cuna.pexels

El miedo irracional a la oscuridad se denomina escotofobia y no es exclusivo de los niños, algunos adultos también lo tienen. Este miedo “es evolutivo, por eso es tan frecuente en los niños. Se desarrolla entre los dos y los siete años y lo habitual es que alrededor de los ocho años evolucione y desaparezca, aunque algunos adultos cuentan que no se les ha quitado del todo el miedo a la oscuridad, sobre todo si ese terror infantil se ha agudizado con alguna experiencia traumática asociada con la oscuridad”, comenta Abel Domínguez, psicólogo, director de Domínguez Psicólogos.

¿Qué ven los niños en la oscuridad que tanto miedo les provoca?

La imaginación infantil desbordante influye para que la oscuridad se convierta en un caldo de cultivo donde aparecen monstruos bajo la cama, dentro del armario y todo tipo de peligros cuando la luz se apaga. “Por ello, todo lo que se vuelve invisible en la oscuridad puede ser algo potencialmente peligroso. Este miedo también tiene una parte adaptativa, ya que se trata de una forma innata de protección, que evita que vayan a la oscuridad y se puedan caer o ponerse en riesgo. A partir de los dos años, los niños empiezan a tener capacidad de imaginarse las cosas, porque desarrollan el pensamiento simbólico, unido al pensamiento mágico, que les permite creer en la existencia de personajes como las hadas. En este sentido, se puede aprovechar esa fase para ofrecerles herramientas mágicas como la creación de personajes de superhéroes o heroínas que luchan contra los riesgos de la oscuridad. Pueden dibujarse a sí mismos como estos personajes o inventar historias al respecto, lo que, además, resulta divertido y refuerza los vínculos familiares”, explica Abel Domínguez.

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Los miedos ancestrales de la humanidad se transmiten entre generaciones, como si se tratara de una memoria celular que ayuda a la supervivencia. Cuando un niño cree que el coco le acecha en la oscuridad, reproduce un miedo heredado de la humanidad, “ya que puede quedar un poso evolutivo de nuestros milenarios ancestros, que han vivido calamidades rodeadas de oscuridad. Por eso, el fuego, al aportarnos luz, resultó ser un gran avance para nuestra evolución”, añade el psicólogo.

Cómo ayudo a mi hijo a gestionar su miedo a la oscuridad

Cuando se apaga la luz, en la mente de un niño pueden aparecer todo tipo de miedos, por los que los adultos también hemos pasado, aunque lo hayamos olvidado. Por ello, a nuestros hijos les puede ayudar el hecho de compartir con ellos la experiencia de aquellos años en los que nosotros también teníamos miedo a la ausencia de luz. De esta forma, se sienten escuchados y comprendidos. “La comunicación es importante para conseguir que el niño cuente cómo se siente en cada momento con respecto a ese miedo. También conviene evitar que vea películas de miedo o material en redes sociales que le provoquen sustos”, matiza Ana López López, pedagoga, especialista en neuropsicología educativa.

Acompañar a los niños cuando tienen miedo a la oscuridad, les aporta seguridad y protección. “Tumbarnos en la cama con ellos e ir bajando la intensidad de la luz, para que vea que no pasa nada o la clásica solución de dejar una lucecita encendida toda la noche en la habitación donde duerme el pequeño. No obstante, si el miedo limita al niño hasta el punto de pasarse las noches en vela, llorando, con ansiedad o si no pueda caminar por la casa a oscuras, sería conveniente consultar con un psicólogo infantil. Muchos miedos no son adaptativos en el mundo actual, como el hecho del terror a ser devorado por un león, por lo tanto puede provocar problemas de adaptación social si no se extingue. Con el miedo a la oscuridad, ocurre lo mismo. El ser humano se siente desprotegido sin luz porque el sentido de la vista es uno de los más importantes para la caza y la defensa. Por tanto, si me quedo a oscuras, estoy expuesto y soy vulnerable. Si a esto le unimos las alucinaciones que generamos con la mente, en ocasiones, se pueden producir auténticos ataques de pánico”, concluye la psicóloga Ana López.

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