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Las declaraciones de Trump sobre la pandemia: de restar importancia al virus a cuestionar las mascarillas

El presidente, que ha dado positivo en coronavirus, ha llegado a decir que “como un milagro” la enfermedad iba a “desaparecer”

El presidente Trump después de hablar en un mitin de campaña en Minnesota.
El presidente Trump después de hablar en un mitin de campaña en Minnesota.CRAIG LASSIG / EFE

“Va a desaparecer [el coronavirus]. Algún día, será como un milagro y habrá desaparecido”. Así de confiado se mostraba el presidente estadounidense Donald Trump en una rueda de prensa a finales de febrero, cuando el número de contagiados por covid-19 en su país todavía era muy escaso. “Se trata de una simple gripe”, dijo. En los primeros meses de la pandemia, insistía en referirse al coronavirus como un “virus chino”, culpando directamente a Pekín sobre el origen de la nueva enfermedad que se propagaba en ese momento por China, y que obligó a confinar durante tres meses la ciudad de Wuhan, con 11 millones de habitantes. Una escena que poco después se repetiría en Europa y que se extendería por todo el mundo.

“Gracias a todo lo que hemos hecho, el riesgo para el pueblo americano continúa siendo muy bajo”. “Los 15 casos [de contagios] que hay ahora bajarán en unos pocos días a cerca de cero”. “Muy pronto serán cinco personas y podrían ser una o dos en muy poco tiempo”, aseguraba el mandatario republicano en aquella rueda de prensa del 26 de febrero.

Hablando en el Capitolio el 10 de marzo, Trump dijo: “Estamos haciendo un gran trabajo con el virus. Y desaparecerá. Solo mantengan la calma. Se irá”.

A primeros de abril, cuando la pandemia ya estaba azotando a ciudades como Nueva York, y ya se contabilizaban unos 50.000 fallecidos, en una de sus comparecencias diarias sobre la crisis del virus, Trump, maravillado por el poder destructor que habían demostrado ciertos desinfectantes, así como la luz solar, aplicados contra el virus en el aire o en una superficie, se preguntó qué no podrían hacer para combatir al “enemigo invisible” en el interior de un cuerpo humano. Una estrambótica idea que los expertos científicos y sanitarios rechazaron inmediatamente.

A finales de ese mes, Estados Unidos ya era el epicentro de la pandemia a nivel mundial. En medio de un país en cuarentena, con la economía paralizada, millones de puestos de trabajo perdidos, surgió una oleada de manifestaciones en contra del confinamiento que el propio Trump apoyó, agitando así a una sociedad ya de por sí muy polarizada y cabreada. “¡Liberad Minnesota”; “Liberad Michigan” y, finalmente “Liberad Virginia, la Segunda Enmienda [la que otorga el derecho a tener armas] está en peligro”, escribía entonces en Twitter para apoyar a los manifestantes que exigían el fin de la cuarentena impuesta en esos Estados.

Estados Unidos es el país con más contagios en el mundo, con más de seis millones de casos, y con alrededor de 207.000 muertos. La mitad del país continúa cerrado y la crisis económica ha llevado a un desempleo con cifras que no se veían desde la Gran Depresión. “Siempre quise restarle importancia. Todavía me gusta restarle importancia porque no quiero crear pánico”, dijo Trump al periodista Bob Woodward el 19 de marzo en una grabación difundida por la CNN. Trump lleva tiempo insistiendo que el fin de la pandemia está cerca.

En plena campaña electoral, el candidato republicano sigue con las promesas de una pronta salida a esta crisis, como cuando el 19 de septiembre aseguró durante una comparecencia en la Casa Blanca que habría vacunas disponibles contra el coronavirus para abril del año que viene. “Cientos de millones de dosis estarán disponibles cada mes y esperamos tener suficientes vacunas para todos los estadounidenses para abril”, aseguró. “Creo que la distribución será aún más rápida de lo que la mayoría de la gente cree”.

Pese a las recomendaciones, durante este tiempo Trump ha aparecido en numerosas ocasiones sin mascarilla. El pasado martes, durante el debate presidencial con Joe Biden se mofaba del candidato demócrata por llevar “siempre” el rostro tapado. “Me pongo la mascarilla cuando es necesario. No me la pongo todo el rato como él [refiriéndose a Biden], que incluso se la pone aunque esté hablando a 60 metros de distancia de mí”, profirió.

Este viernes el propio Trump ha comunicado a través de Twitter que tanto él como su esposa han dado positivo en coronavirus. “Estaremos en cuarentena y comenzaremos el proceso de recuperación inmediatamente. Saldremos de esto JUNTOS”, ha escrito en la red social.

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