Los líderes europeos y Canadá respaldan en Ereván el acercamiento de Armenia a Occidente
El país caucásico acoge las cumbres de la Comunidad Política Europea y con la UE en un momento clave para consolidar el acuerdo de paz con Azerbaiyán


Dos reuniones de alto nivel político y diplomático se celebran en tres días en Ereván, la capital de Armenia, desde este domingo: la de la Comunidad Política Europea y la primera cumbre Unión Europea-Armenia. “Es muy significativo”, subraya un fuente diplomática europea involucrada en la organización de ambas citas. El mensaje es muy claro: la Unión Europea, las grandes capitales de la UE e, incluso, Canadá, respaldan el camino emprendido por el Gobierno de Armenia de acercamiento a Occidente ―Moscú ya ha dejado ver su disgusto― y de apuesta por un complicado proceso de paz que busca resolver uno de los grandes conflictos que dejó abiertos la desintegración de la Unión Soviética, el de Nagorno Karabaj.
A la primera cumbre de la Comunidad Política Europea, una organización nacida para buscar un foro en el que participen el Reino Unido y países que aspiran a entrar en la UE pero a los que les queda un largo trecho para eso, acuden el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Les acompañan el primer ministro británico, Keir Starmer; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez ―quien, tras una avería en el avión en el que viajaba ha tenido que aterrizar en Ankara (Turquía), donde pasará la noche antes de continuar rumbo a Ereván―; el jefe del Ejecutivo canadiense, Mark Carney; el primer ministro de Ucrania, Volodímir Zelenski; y el jefe de Estado francés, Emmanuel Macron.
El líder de la segunda mayor economía europea va a tener la ocasión de ver bastantes banderas de su país adornando una de las principales avenidas de Ereván, celebrando su visita. No en vano, Francia es uno de los países del mundo que más armenios acoge de la diáspora (con permiso de Rusia y Estados Unidos).
Es la primera vez que la cita de la Comunidad Política Europea se celebrará en el Cáucaso Sur, una zona del mundo importante para Europa desde que Rusia invadiera Ucrania y que con la guerra en el golfo Pérsico pasa a ser clave. Por ahí, cruzando países que antes eran repúblicas soviéticas (Georgia, Azerbaiyán) llega gas y petroleo del Caspio. Por eso, ampliar la influencia y la estabilidad en la región se convierte en algo crítico. También el número de corredores que atraviesan la zona entre el Caspio y el mar Negro. No es fácil. Hay conflictos viejos, pero al sur está Irán, un país con el que Armenia comparte algo más de 30 kilómetros de frontera.
Desde que en 2018 llegara al poder Nikol Pashinián tras una revolución promovida por él mismo, Armenia ha abordado una serie de reformas que llevaron al país en marzo de 2025 a solicitar que se inicie el proceso de adhesión a la UE. Además, se ha convertido en el país más democrático de la zona. Los graves retrocesos del Estado de derecho en Georgia ayudan a sostener esta afirmación. Pero la situación no ha sido sencilla. En 2020 y en 2023, el largo conflicto de Nagorno Karabaj se recrudeció y Azerbaiyán se impuso para controlar ese enclave dentro de sus fronteras pero poblado mayoritariamente por armenios. La situación provocó el éxodo de unos 125.000 armenios de ese enclave, ahora en manos azeríes.
La apuesta de Pashinián, a pesar de los ataques azeríes, ha sido acabar con el conflicto. Firmó con Azerbaiyán un acuerdo de principios para la paz en Washington en agosto de 2025 (uno de los ocho pactos que utilizaba el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para reclamar el premio Nobel de la Paz), todavía por implantar, que le está costando críticas internas y que tiene una gran prueba de fuero en las elecciones legislativas del próximo 6 de junio.

“Una gran parte de la sociedad armenia está harta de la guerra y quiere la paz”, explica Marina Ohanjayan, investigadora armenia del think tank neerlandés Clingendael. “Por otro lado, el proceso de paz es percibido por muchos armenios como desigual, en el que Armenia a cedido mucho y Azerbaiyán, casi nada”.
Un mes antes llegan estas cumbres, llenas de primeras veces: primera reunión de la Comunidad Política Europea en el Cáucaso Sur, primera vez que Canadá participa en ellas, primera cumbre Armenia-UE… Y eso se nota nada más aterrizar en Ereván, donde hay pegatinas que anuncian los eventos en las cintas de recogida de equipajes del aeropuerto o en los carteles publicitarios. “Será una señal e, incluso diría, una celebración del acuerdo de paz con Azerbayán”, apunta esa fuente diplomática involucrada en la organización y la negociación de los comunicados finales.
Esta señal se sumará a otra muy potente que hubo en febrero: la visita del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, a Ereván. Washington está promoviendo un nuevo corredor en la región al que Trump pretende bautizar con su nombre, y su Administración aprovechó para firmar un acuerdo de cooperación nuclear civil con Armenia.
La UE, por su parte, pretende ayudar a Armenia a integrarse en las redes y conexiones regionales. No es solo que Armenia haya estado enfrentada a Azerbaiyán desde que cayó la URSS. También está la hostilidad y el recelo con el que contempla a Turquía, con la memoria del genocidio siempre presente. “Estamos tratando de integrar a Armenia en las redes regionales, de tener todo nuestro trabajo listo y en marcha para cuando se abran las fronteras”, apunta otra fuente diplomática europea, en referencia a la pronta puesta en marcha de una línea férrea con Turquía. “La conectividad puede desempeñar un papel [en la paz] en esta región”, confía.
“Lo que intentamos hacer es reducir las dependencias estructurales de Armenia y ayudar a que sea más resiliente ante las crisis externas. Esto se consigue mediante mecanismos como el apoyo al almacenamiento de energía, ayudando, de nuevo, a través de la conectividad, a vincular a Armenia con sus vecinos y apoyándola también en la transición energética en el ámbito digital”, añade explicando los planes en los que vienen trabajando en Bruselas.
Nada de eso será fácil en un país con unos lazos históricos enormes con Rusia, todavía muy fuertes hoy pese a los pasos dados por su primer ministro. Por ejemplo, más del 40% de sus exportaciones se dirigen al gran vecino del norte y la dependencia energética es gigante, como se encargó de recordarle el autócrata ruso, Vladímir Putin, a Pashinián en su última visita. Y, por si fuera poco, buena parte del gran crecimiento económico de Armenia en los últimos años está directamente ligado a los intentos de la sociedad rusa de sortear las sanciones internacionales que ha impuesto la comunidad internacional. “Armenia se vio significativamente afectada por la llegada de migrantes, comercio, capital y transferencias de dinero tras el comienzo de la invasión de Ucrania por Rusia. Esto tuvo un impacto positivo en la economía”, expone el último informe del Banco Mundial sobre el país, en el que también habla de “la relocalización de negocios, especialmente de Telecomunicaciones, y la redirección de rutas de comercio”.


























































