La UE prepara una respuesta “a corto plazo” contra la subida de precios de la energía
Bruselas plantea bajadas de impuestos a la electricidad y que los países den subsidios temporales a ciertos sectores para amortiguar la crisis derivada de la guerra en Irán

La UE se prepara para dar una respuesta urgente a la escalada de precios de la energía provocada por la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán. En plena crisis bélica en Oriente Próximo, que está causando turbulencias a nivel global, los líderes de los 27 Estados miembros de la UE han acordado este jueves en una reunión del Consejo Europeo en Bruselas lanzar “soluciones selectivas a corto plazo” para asegurar energía asequible para ciertos sectores industriales y “una respuesta coordinada” que alivie el golpe a empresas y familias. Es el primer paso, necesario para que la Comisión Europea presente “sin retraso” sus propuestas de medidas concretas para paliar la crisis. De momento, dice Bruselas, los países ya pueden aplicar bajadas de impuestos a la electricidad y aplicar ayudas focalizadas a ciertos sectores.
La situación es urgente, coincidieron los líderes de los Estados miembros. Con la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz, un punto clave por el que pasa la quinta parte del petróleo para consumo mundial, los países de la UE ya han pagado 7.000 millones de euros más por la importación de petróleo y gas en las últimas dos semanas. A esa realidad, que ha agitado los mercados energéticos, se suma el ataque iraní al gasoducto Ras Laffan, en Qatar, el más grande para gas licuado del mundo. Además de las medidas urgentes, los Veintisiete han reclamado a Irán, Estados Unidos e Israel (“todas las partes” del conflicto) que apliquen una moratoria y se abstengan de atacar infraestructuras civiles y energéticas.
Los líderes quieren medidas para que la guerra no afecte al bolsillo de sus ciudadanos y la Comisión Europea les recuerda que aún tienen margen de maniobra para aprobar iniciativas dentro de la estructura ideada en 2022 y 2023 para dar respuesta a la crisis energética que causó la guerra de Vladímir Putin. Así, Bruselas les plantea una serie de recetas: bajar impuestos a la electricidad, subvencionar a las industrias intensivas y promover ayudas a sectores y empresas vulnerables. También, se analizará aprobar un tope para el precio del gas.
“Debemos adoptar medidas inmediatas para proteger a nuestros ciudadanos y empresas”, ha dicho el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, en una rueda de prensa junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras la cumbre europea, bien entrada la noche. “La actual crisis en Oriente Medio y su impacto en el suministro energético mundial confirman que el camino a seguir es el que hemos elegido: debemos ser más autosuficientes, recurriendo a nuestras propias fuentes de energía. La descarbonización y las fuentes de energía locales siguen siendo la vía correcta para limitar las peligrosas dependencias y reducir los precios de la energía a largo plazo”, ha remarcado Costa.
Sin embargo, no es fácil hallar soluciones a corto plazo comunes, reconocen las instituciones comunitarias: los 27 Estados miembros tienen mezclas de energía e impuestos sobre la energía muy diferentes.
Las medidas deberán ser “temporales, adaptadas y específicas”, ha subrayado la presidenta Ursula Von der Leyen. La jefa del Ejecutivo comunitario ha propuesto un “fondo de descarbonización” de 30.000 millones de euros, para aumentar rápidamente la reserva del mercado ce carbono.

La medida más clara es la de rebajar impuestos a la electricidad. “En algunos casos, la electricidad se grava mucho más que el gas, hasta 15 veces más. Y esto no puede ser así”, ha aseverado la conservadora alemana. Además, Von der Leyen ha anunciado que la Comisión va a preparar una propuesta legal para mejorar la productividad de la infraestructura de la red y permitir a los países reducir las tarifas de la red para industrias intensivas en energía.
El engranaje europeo se activó hace días. Von der Leyen ya informó el martes a los líderes europeos en una carta en la que advertía también de que hay que aprender de lo sucedido en 2022. Entonces, recordó la alemana, ante la crisis energética e inflacionaria, los países europeos desplegaron ayudas generales y selectivas “que condujeron a ineficiencias y grandes costes fiscales”. De ahí que no se pueda esperar que en las opciones que ponga ahora la Comisión sobre la mesa haya rebajas de impuestos indiscriminadas y, todavía menos, contemplar ahora una suspensión de las reglas fiscales para que pueda echarse mano del gasto público.
Las directrices de Bruselas, no obstante, llegarán tarde para países como Portugal, que ya han puesto en marcha rebajas en los impuestos sobre hidrocarburos si el precio de estos crece de forma significativa. España, en cambio, lleva dos semanas preparándolas y negociándolas en el seno del propio Gobierno. Su intención es presentarlas este viernes en un Consejo de Ministros extraordinario, aunque no se espera una gran ambición fiscal: “No estamos en las circunstancias de la guerra de Ucrania, por eso estamos preparando un paquete de medidas que será proporcional, perimetrado en las áreas afectadas”.
La subida de precios de los combustibles por la guerra en Oriente Próximo se suma a un problema serio de precios que arrastraban ya varios países de Europa desde que Rusia lanzó la guerra a gran escala contra Ucrania y la UE cerró la llave de paso del gas ruso, que el Kremlin usaba como arma contra Europa. Así, la UE busca ahora soluciones tanto a corto plazo como otras más estructurales, para paliar ese asunto a la par que fomentar la independencia energética de Europa.
Entre las medidas a medio plazo, se incluyen los límites al precio del gas empleado para la generación eléctrica, algo que se probó con éxito en 2022 y 2023 en la península Ibérica y que ahora se plantean países como Italia. También están las ayudas de Estado para los sectores industriales que utilizan la energía de forma intensiva y a las que un aumento de la factura eléctrica o del gas les puede restar mucha competitividad.
No obstante, estas recetas se cruzan con un debate que empezó antes de que cayeran las bombas en Irán: el alto precio estructural de la energía en Europa y cómo eso castiga a las empresas europeas en los mercados internacionales. Ahí cabe incluir el debate en torno al mecanismo de compra de derecho de emisiones de carbono (ETS, por sus siglas en inglés), un elemento que cuenta entre sus mayores críticos a la República Checa o Italia, países con poca generación eléctrica a través de renovables. En el otro extremo están los países ibéricos y los nórdicos, que sí recurren mucho a estas fuentes energéticas.
La postura que, por el momento, ha dejado entrever la Comisión y que se infiere de las conclusiones adoptadas, pasa por un incremento de los derechos que hay en el mercado en este momento para contener los precios que se pagan por emitir y así poder reducir las cotizaciones eléctricas. No obstante, lo que no se contempla es un cambio estructural, según las conclusiones aprobadas.
En el plazo más largo, la UE defiende “acelerar el desarrollo y la integración de las energías renovables y las fuentes de bajas emisiones”, lo que viene a ser un guiño a la energía nuclear.
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