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Netanyahu, citado a declarar como testigo tras la detención de dos de sus asesores por un escándalo de corrupción

El primer ministro de Israel tensa el pulso a la justicia con el nombramiento de un nuevo jefe de los servicios secretos cuando el Tribunal Supremo aún no ha avalado la destitución del anterior

Netanyahu testigo escándalo corrupción
Luis de Vega

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, está decidido a seguir tensando su pulso a la justicia. El jefe del Gobierno ha nombrado este lunes, por sorpresa, a un nuevo jefe de los servicios secretos internos (el llamado Shin Bet), sin esperar a que el Tribunal Supremo decida sobre la destitución que él mismo dictó del anterior responsable, que oficialmente no ha dejado su puesto. El baile de cargos tiene lugar en medio de la investigación por parte del Shin Bet del conocido en Israel como Qatargate, un escándalo de transferencia de dinero procedente de Qatar que salpica al entorno del primer ministro israelí.

Este mismo lunes, la Fiscalía ha ordenado citar a Netanyahu, como testigo en ese caso, aunque sobre él no recae ninguna acusación por el momento. Tras concluirse de manera precipitada la vista por otro juicio por corrupción al que se enfrentaba, ha hecho un hueco en su agenda sobre la marcha y ha prestado declaración. El primer ministro ha emitido posteriormente un vídeo en redes sociales en el que afirma que dos de sus asesores permanecen “cautivos” como parte de una “cacería política que tiene como objetivo frustrar el despido del jefe del Shin Bet y derrocar a un primer ministro de la derecha”. Netanyahu se refiere al asesor Yonatan Urich y el exportavoz Eli Feldstein, que han sido detenidos este lunes en relación con el Qatargate, según informan medios locales citando fuentes policiales.

Una parte de la sociedad israelí sigue oponiéndose en las calles a lo que considera una deriva antidemocrática encabezada por Netanyahu junto a su coalición gubernamental, con manifestaciones continuas que se concentran en las dos principales ciudades del país, Tel Aviv y Jerusalén. Al caer la tarde, varios miles de personas se han concentrado en los alrededores de la sede del Parlamento en Jerusalén entre pancartas, canciones, música e insultos hacia el primer ministro. De entre todas las consignas la más coreada ha sido: “¡Democracia!”.

“Tenemos una guerra contra un enemigo externa y una batalla interna entre radicales y moderados. Combatimos para que Israel sea una democracia fuerte, pero ahora, con este líder, somos más una dictadura que una democracia”, explica Yaya Fink, activista organizador de las marchas al tiempo que militar en la reserva, alistado en la presente contienda.

Tras entrevistar a siete posibles candidatos, Netanyahu ha anunciado a través de un comunicado que su elegido para encabezar el Shin Bet (el departamento que lleva los servicios de inteligencia en Israel y en los territorios ocupados palestinos) es el excomandante de la Armada Eli Sharvit, con casi cuatro décadas de experiencia en el ejército. Este nombramiento ahonda en el conflicto abierto por la destitución de Ronen Bar, su predecesor, una medida inédita en la historia de Israel. La votación a favor de poner fin a los servicios de Bar, sacada adelante por los ministros del Gobierno, fue frenada cautelarmente por el Tribunal Supremo, que ha de reunirse el 8 de abril para dictaminar al respecto.

El nombramiento de Eli Sharvit ha levantado de inmediato una polvareda en la política israelí; no porque no se le considere capacitado, sino porque haya aceptado formar parte de la trama mediante la que Netanyahu, según sus detractores, pretende aferrarse a su puesto contra viento y marea. Haber aceptado el nombramiento en este momento, según miembros de la oposición, arroja dudas sobre si Sharvit va a ser leal al Estado o leal al primer ministro.

Varios manifestantes protestan contra el primer ministro Benjamín Netanyahu, este lunes en Jerusalén.

El líder de Unidad Nacional, Benny Gantz, destaca en un comunicado los “valores y experiencia” del militar, pero entiende que no puede ocupar el puesto mientras no haya decisión del Supremo sobre Bar. Considera el nombramiento anunciado por Netanyahu como un paso más en “su campaña contra el sistema judicial” y cree que lleva al país hacia “una peligrosa crisis constitucional”. Estos mismos argumentos han sido esgrimidos por otros líderes opositores como Yair Golan (Los Demócratas) o el ultranacionalista Avigdor Lieberman. Likud, el partido conservador del primer ministro, considera que la fiscal y Ronen Bar emplean “pruebas inventadas” contra el mandatario.

En el conflicto de intereses que acecha a Netanyahu no es ajena la actual guerra en Gaza. El Shin Bet investiga también las responsabilidades por la matanza de Hamás el 7 de octubre de 2023, cuando el movimiento islamista asesinó a unas 1.200 personas en territorio israelí. Según esas pesquisas, hay indicios de que Netanyahu pudo favorecer el envío de fondos desde Qatar a Hamás tiempo atrás, con lo que eso implicaría de responsabilidad indirecta en el sanguinario ataque.

Además de Ronen Bar, Netanyahu ha orquestado una purga de cargos políticos, judiciales y de seguridad con la que él intenta permanecer al frente del Ejecutivo. La propia fiscal general está en su lista de autoridades a las que pretende apartar. En los últimos meses, se ha deshecho del ministro de Defensa, Yoav Gallant, y del jefe de las Fuerzas Armadas, Herzi Halevi.

La investigación del Qatargate, bajo secreto de sumario, comenzó tras saberse que Feldstein, exportavoz de Netanyahu, trabajaba para Qatar por medio de una empresa que facilitaba la difusión en medios de comunicación de historias que mejoraran la imagen de ese país. Feldstein realizaba esa labor al tiempo que era empleado de la oficina del primer ministro de Israel. Él y Urich, el otro arrestado este lunes, podrían ser condenados por contacto con agente extranjero, aceptación de sobornos, fraude, abuso de confianza y lavado de dinero. Varios reporteros están también siendo investigados.

En otro paso dentro de su forcejeo con la justicia, Netanyahu logró sacar adelante el pasado jueves en el Parlamento una propuesta para alterar el actual sistema de nombramiento de los jueces. Con 67 sufragios a favor y uno en contra en la votación definitiva (y con boicot de la oposición), el consejo que los elige sufrirá desde la próxima legislatura un vuelco que lo deja bajo el dominio de los políticos.

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Sobre la firma

Luis de Vega
Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear en la sección de Madrid. Antes trabajó en el diario Abc, donde entre otras cosas fue corresponsal en el norte de África. En 2024 ganó el Premio Cirilo Rodríguez para corresponsales y enviados especiales.
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