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Trump exige más beneficios por los minerales de Ucrania y la devolución con intereses de la ayuda aportada

Zelenski avisa de que el nuevo acuerdo económico que plantea Washington puede ser inasumible porque vulneraría la Constitución de su país

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, camina desde la Oficina Oval para subir al Marine One, este viernes en el jardín sur de la Casa Blanca. Foto: SHAWN THEW (EFE) | Vídeo: EPV
Cristian Segura

Donald Trump ha dejado claro en múltiples ocasiones que quiere sacar tajada de la dependencia que tiene Ucrania de Estados Unidos. Pero en su última intentona podría haber cruzado “casi todas las líneas rojas de Ucrania”, como ha escrito el diario Pravda. Washington envió este viernes a Kiev un nuevo borrador para el acuerdo de los minerales, como se conoce al pacto que negocian ambos países y por el cual EE UU sería beneficiario del 50% de los ingresos de la explotación de los recursos naturales del Estado ucranio, además de las infraestructuras vinculadas a ello, como minas, puertos o líneas ferroviarias. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha confirmado que la nueva propuesta es “completamente diferente a la acordada previamente”. Lo peor para Kiev, según el borrador de la propuesta difundida en varios medios, es que Trump recupera la exigencia de que Ucrania devuelva a EE UU toda la ayuda facilitada desde el inicio de la invasión, en 2022, por su predecesor en la presidencia, Joe Biden. Esa ayuda, según el Gobierno ucranio y confirman organismos internacionales, ronda los 111.000 millones de euros.

Sea una casualidad o no, el documento estadounidense ha llegado al Consejo de Ministros de Ucrania justo un mes después de que se abortara la firma del acuerdo de cooperación económica que incluía la explotación conjunta de los minerales, petróleo y gas de Ucrania. La suscripción del tratado debía haberse llevado a cabo el 28 de febrero en la Casa Blanca pero fue suspendida tras la discusión que mantuvieron Trump y Zelenski ante los medios de comunicación en el Despacho Oval.

“No puedo aceptar algo que hipoteque a las próximas 10 generaciones de ucranios”, dijo Zelenski el 23 de febrero sobre la reclamación de su homólogo estadounidense de que el acuerdo de los minerales supusiera que Ucrania retorne medio billón de dólares (462.000 millones de euros), el dinero que, según Trump, ha dado EE UU al país invadido desde el inicio de la guerra. La cifra es casi cinco veces superior a toda la ayuda suministrada por Washington en estos tres años.

Dos días después, el 26 de febrero, Zelenski y Trump anunciaban que habían llegado a una entente en la que la reclamación del medio billón de dólares desaparecía. Ambos gobiernos acordaban crear un fondo común que gestionaría el 50% de los ingresos de los recursos naturales del Estado ucranio y que estaría controlado por EE UU.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, durante una rueda de prensa, este viernes en Kiev.

La propuesta que eleva ahora la Casa Blanca no solo vuelve a condiciones que ya se habían descartado, según ha admitido Zelenski, sino que establece nuevos aspectos que podrían vulnerar la Constitución ucrania, según ha admitido el presidente. Lo que demanda la Administración Trump es el control mayoritario de activos estatales que son estratégicos para la seguridad y el futuro del país. No solo eso, EE UU establece que la Casa Blanca tendrá capacidad de veto para la entrada de empresas de otros países en el sector minero y de recursos naturales de Ucrania, lo que no solo puede infringir la ley ucrania sino también las normas de la Unión Europea, de la que el país es candidato a ser miembro.

El borrador del tratado que ha enviado el secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, indica que el control del fondo será estadounidense y que la parte americana decidirá qué porcentaje de las inversiones ucranias para el fondo deben ser transferidas en dólares a las arcas públicas de EE UU. Y lo más abusivo para Kiev: Washington no se compromete en una aportación económica al fondo y además exige que el Estado Ucranio invierta de entrada en él el equivalente a toda la asistencia recibida por EE UU. Cada año que tarde este fondo en recibir el dinero, se le impondrá al socio ucranio un interés del 4%.

Solo hay dos únicas señales positivas de la nueva posición de Trump: la primera es que parece asumir como irreal el medio billón de dólares. El documento propone que se determine en un futuro anexo qué cantidad debe retornar Ucrania. La segunda es que el líder estadounidense renuncia a incluir en el fondo el traspaso del control de las centrales nucleares ucranias a compañías de EE UU. La Casa Blanca planteó la semana pasada a Kiev que la mejor manera de garantizar el funcionamiento y la seguridad de sus cuatro plantas atómicas es si están en manos de Estados Unidos. Medios estadounidenses y británicos informaron de que EE UU estudiaba incorporar estos activos en el acuerdo por los recursos naturales. Zelenski ha asegurado que estas centrales son del Estado y que no están en venta.

El nuevo pacto de los minerales que ofrece Washington continúa sin satisfacer una de las demandas más reiteradas por Kiev, y es que el texto incorpore garantías concretas de qué ayuda en defensa aportará EE UU a cambio. Trump ha reiterado que esta cuestión debe tratarse aparte.

En un encuentro este viernes en Kiev con un grupo de periodistas, Zelenski ha evitado valorar si se equivocó cuando propuso a Trump en septiembre de 2024, cuando todavía era el candidato republicano a la presidencia, participar en la explotación de yacimientos de minerales estratégicos ucranios. Zelenski ha subrayado que lo más le preocupa es que EE UU “reduzca la presión sobre Rusia”, sobre todo aceptando las condiciones de Vladímir Putin de que se levanten sanciones sobre su economía y sistema financiero. El Kremlin ha advertido que sin esta maniobra a su favor, no secundará el alto el fuego que debe reabrir el pleno comercio marítimo ucranio en el mar Negro.

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Sobre la firma

Cristian Segura
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario 'Avui' en Berlín y en Pekín. Desde 2022 cubre la guerra en Ucrania. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa y en 2025, el premio internacional de periodismo Julio Anguita Parrado.
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