Migrantes para expulsar a migrantes: la nueva táctica de las fuerzas de seguridad griegas en la frontera de Europa

Testimonios de víctimas e informes de organizaciones de derechos humanos muestran que la policía griega utiliza a extranjeros coaccionados para pilotar las barcas con las que se llevan a cabo las devoluciones ilegales a Turquía a través del río Evros

Un guardia fronterizo griego junto a migrantes que cruzaron el río Evros desde Turquía, en marzo de 2020.
Un guardia fronterizo griego junto a migrantes que cruzaron el río Evros desde Turquía, en marzo de 2020.Burak Kara (Getty Images)

El río Evros indica el final del territorio de Turquía y el inicio de Grecia. De la Unión Europea, por tanto. La línea que delimita la frontera terrestre entre ambos países a veces se interna hacia el este o el oeste del curso fluvial, pero durante la mayor parte de sus 200 kilómetros de trazado discurre por mitad de las aguas del río. Y eso plantea un problema. Cuando los agentes de las fuerzas de seguridad griegas devuelven ilegalmente a los migrantes a territorio turco en barcas y lanchas, una práctica denunciada de manera creciente por ONG e investigaciones periodísticas, no solo cometen un delito contra los derechos de aquellos a los que retornan contra su voluntad, sino que los propios agentes incurren en una falta administrativa, la misma de la que acusan a los migrantes irregulares: el traspaso ilegal de una frontera. Por eso, la mayoría de estas deportaciones ocurren de noche, al amparo de la oscuridad, tratando de burlar la vigilancia de los militares y gendarmes turcos. Y por eso, también, la policía griega ha puesto en marcha una práctica cada vez más común: coaccionar a otros extranjeros para que sean ellos los que devuelvan ilegalmente a los migrantes irregulares, según los testimonios recabados por este diario y el medio griego Solomon.

“Yo he visto estos pushbacks [como se conoce a estas expulsiones ilegales en inglés] de madrugada porque soy agricultor”, explica un habitante de Orestiada, localidad a seis kilómetros de la frontera turca. Los alrededores del río Evros es una zona militar y se prohíbe acceder a ella sin permiso, excepto para aquellos vecinos de la zona que tienen tierras de cultivo. “Ves caras familiares, de gente que pueden ser tus vecinos. Y ves llegar furgonetas sin matrícula. Es fácil entender por qué están ahí. Este es un lugar pequeño, donde todos se conocen, si vas por ahí sin matrícula te detienen rápido”, añade.

Nadie detiene ni denuncia a estas grandes furgonetas porque todos saben que pertenecen a la policía. Según los testimonios recabados por ONG y organizaciones de derechos humanos sobre 374 incidentes en los que fueron expulsadas ilegalmente más de 20.000 personas entre 2017 y 2022 ―y que han sido consultados por una investigación de EL PAÍS y Solomon―, estas furgonetas sin matrícula son el medio preferido para trasladar a los migrantes capturados hasta los lugares de detención y posteriormente llevarlos a la orilla del río Evros para su expulsión ilegal a Turquía.

En un viaje a la provincia de Evros en noviembre, los autores de esta investigación pudieron ver una docena de furgonetas sin matrícula aparcadas frente a la estación de policía de Neo Cheimonio, donde numerosos testimonios afirman que se aloja a migrantes hasta reunir los suficientes para hacer una deportación masiva. En su interior había más de una decena de lanchas como las que suelen ser usadas en estos pushbacks.

Árabe, turco, farsi...

Para evitar el problema de traspasar la frontera turca con las lanchas, las autoridades griegas han ideado un nuevo método: el uso de migrantes en situación irregular para deportar a otras personas en la misma situación. En su primer informe sobre retornos forzosos, en enero, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, hizo público que en 20 de los 50 incidentes registrados por este órgano consultivo del Estado griego hubo presencia de “extranjeros” como “responsables de la parte del traslado físico”. “Según los testimonios, estas personas supuestamente hablaban árabe, turco, farsi, darí, kurdo o urdu”, añade el informe.

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La Red de Monitorización de la Violencia Fronteriza (BVMN), que reúne una docena de asociaciones de base que recogen testimonios de comportamientos ilegales por parte de las fuerzas de seguridad europeas, comenzó a recibir informes de estas prácticas a finales de 2020. “Antes solían ser hombres griegos con pasamontañas, pero luego hubo un cambio y se convirtió en la práctica estándar. Básicamente, se obliga a miembros del grupo en tránsito o a otros migrantes traídos de otros lugares a manejar las barcas”, explica Hope Barker, portavoz de BVMN.

El pasado año, Human Rights Watch publicó un informe como resultado de las entrevistas con 23 afganos que fueron deportados ilegalmente de Grecia a Turquía. Morad, un joven de 18 años, explicó que dos afganos de entre 20 y 25 años pilotaron las barcas que les devolvieron a Turquía bajo la atenta mirada desde la orilla de los policías griegos: “Hablé con uno de ellos. Dijo que trabajaba para la policía griega. Dijo que la policía lo escogió a él y a otros entre los migrantes y lo usaban para cruzar a los migrantes a través del río y no verse involucrados directamente en la devolución”.

Zayan, un antiguo comandante del ejército afgano que huyó de su país tras la toma del poder de los talibanes, fue deportado por los griegos en diciembre de 2021 y también logró hablar con uno de los migrantes usados en esta tarea, de nacionalidad paquistaní: “El piloto de la barca me dijo: ‘Hacemos este trabajo durante tres meses y luego nos dan un documento de tres páginas. Con él podemos movernos libremente dentro de Grecia y podemos adquirir un billete a otro país”.

Una investigación de Lighthouse Reports junto a varios medios europeos ―The Guardian, Der Spiegel y Le Monde, entre otros― entrevistó a seis migrantes que habían sido utilizados para estas tareas por la policía griega y desveló que trabajan en condiciones de “esclavitud”. Uno de ellos, identificado como Bassel, de nacionalidad siria, recibió una paliza por parte de agentes griegos que lo amenazaron con que, si no aceptaba ayudarles en las deportaciones, sería acusado de tráfico de personas y encarcelado.

“Su única salida, le dijeron, era hacer el trabajo sucio para los griegos. Le mantenían encerrado durante el día y lo soltaban de noche para deportar ilegalmente a sus compatriotas y a otros solicitantes de asilo desesperados”, se lee en la investigación. “Yo trabajé durante el invierno. Aunque no había muchos migrantes, expulsábamos al menos a 80 o 90 cada día. Trabajábamos durante una hora o dos y luego nos devolvían a la celda y nos encerraban de nuevo”, explica otro de los entrevistados, que estaba recluido en la comisaría de Tychero en una habitación separada de los migrantes que iban a ser deportados.

Otros tres entrevistados explicaron que pagaron a un traficante en Estambul para cruzar a Grecia y este les aseguró que otro sirio les estaría esperando en la orilla griega del Evros. El sirio, que se hace llamar Mike, vive en la comisaría de Neo Cheimonio y trabaja con la policía griega en las deportaciones ilegales pese a estar supuestamente vinculado a redes de tráfico de personas y a otros delitos, según los testimonios. Bajo coacciones y amenazas, Mike obligó a estos tres refugiados sirios a trabajar como pilotos de las lanchas antes de recibir un documento de la policía griega que les permitió seguir su ruta hacia otros países de Europa Occidental. Según el testimonio de uno de ellos, citado por Le Monde, Mike sustrae a los migrantes deportados su dinero y objetos de valor y envía el botín de sus robos en transferencias periódicas a Francia, algunas de las cuales llegan a alcanzar los 6.000 euros.

La práctica de despojar a los migrantes de sus pertenencias de valor se ha convertido en sistemática en los últimos años, como muestra una investigación publicada por de EL PAÍS y, según la cual, las fuerzas de seguridad griegas se han apropiado de más de dos millones de euros en efectivo robados a migrantes deportados ilegalmente.

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