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Rusia utiliza como arma y botín de guerra la mayor central nuclear de Europa

El Ejército ruso almacena armamento en la planta ucrania de Zaporiyia y prepara un plan para conectarla a su red eléctrica

La central nuclear de Zaporiyia vista desde la ciudad de Nikopol.
La central nuclear de Zaporiyia vista desde la ciudad de Nikopol.STRINGER (REUTERS)
Cristian Segura

Los soldados rusos y ucranios se observan con prismáticos. Cuatro kilómetros de agua los separan: en la aldea de Illinka, en la orilla occidental del río Dnipro, hay campos de girasoles y un pequeño destacamento del Ejército de tierra ucranio; en la orilla oriental se levantan los reactores de la mayor central nuclear de Europa, la de Zaporiyia. En ella hay más de 500 soldados rusos, 50 vehículos militares, munición y baterías de artillería, según el Ministerio de Defensa ucranio.

La caserna de Illinka no cuenta con armamento pesado para evitar ser un objetivo de la artillería rusa, explica el capitán del destacamento. Es la primera vez, asegura, que un medio de comunicación visita el lugar. Hay señales advirtiendo de las minas colocadas ante un posible desembarco. La presencia de los periodistas, con las identificaciones de prensa en sus chalecos, puede llamar la atención de los militares rusos, que observan desde la otra orilla, por lo que la entrevista se desarrolla con rapidez. Detrás del oficial de mando ucranio, en el lado ocupado del río, se levanta de repente una columna de humo: se trata de un bombardeo ucranio contra posiciones rusas a unos 10 kilómetros de la central.

El invasor ocupó el pasado marzo la central de Zaporiyia y el municipio en la que se ubica, Energodar. Las imágenes de proyectiles impactando en las instalaciones nucleares provocaron una ola de indignación internacional. En Ucrania se produjo en 1986 la mayor catástrofe nuclear de la historia, cuando explotó el reactor número 4 de la central de Chernóbil.

Central nuclear de Zaporiyia vista desde la otra orilla del río Dnipro, en Ucrania.
Central nuclear de Zaporiyia vista desde la otra orilla del río Dnipro, en Ucrania.Cristian Segura

El pasado 20 de julio se produjo un ataque con un dron kamikaze contra las unidades rusas en las mismas inmediaciones de la central nuclear. Dixi Group, centro de investigación sobre el sector energético en Ucrania, confirmó que se había producido un “ataque de precisión” de las fuerzas ucranias. La reacción del invasor fue proteger dentro de la sala de turbinas de uno de los reactores “14 piezas de armamento pesado con munición y explosivos”, según Energoatom, la empresa estatal ucrania que todavía gestiona la planta de Zaporiyia.

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Rusia está bombardeando desde Energodar la ciudad de Nikopol, al otro lado del río Dnipro. El Alto Mando del Ejército ucranio en esta región impidió el pasado domingo el acceso de EL PAÍS a Nikopol, alegando el peligro que suponen las bombas rusas para los periodistas, aunque el resto de los civiles podían entrar y salir del municipio libremente.

Plantilla amenazada

Los empleados de Energoatom en Zaporiyia trabajan en un régimen de semilibertad. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), Rafael Mariano Grossi, expresó la semana pasada su “creciente preocupación por las difíciles condiciones de la plantilla”. El objetivo ruso es que a partir de septiembre sean sus técnicos los que operen la central, conectándola a la red eléctrica rusa. Zaporiyia aporta el 20% de la electricidad de Ucrania.

Ukrenergo, la compañía pública que gestiona la red eléctrica de Ucrania, aseguró en un comunicado del pasado mayo que conectar Zaporiyia a la red rusa “es imposible porque no hay conexión física con el sistema energético ruso y bielorruso”. Sin embargo, según el mapa de la Red Europea de Operadores de Sistemas de Transmisión (Entsoe), Ucrania no solo tiene conexiones de alta tensión directas con ambos países vecinos, también las tiene con Crimea, la península ucrania del mar Negro que fue anexionada de manera ilegal por Rusia en 2014. Crimea está conectada a Rusia con líneas de alta tensión. Todas estas líneas de transmisión circulan por territorio ocupado por Rusia.

Tanto Energoatom como Ukrenergo han evitado especificar a EL PAÍS las razones que imposibilitan conectar Zaporiyia a la red eléctrica rusa. Eugeni Panov, empleado jubilado de la planta, en contacto con sus compañeros allí en activo, explica que, tras la anexión por parte de Rusia, el Gobierno ucranio derribó torres de la red de alta tensión que conectaban con Crimea. Panov concede que repararlas “no es difícil”, aunque da por hecho que el Ejército ucranio las volvería a derribar. Desde el lado ucranio se han aportado explicaciones adicionales. Leonid Olinik, portavoz de Energoatom, afirmó el pasado mayo a la BBC que la central de Zaporiyia “solo trabaja con la línea eléctrica ucrania”: “Los rusos podrían teóricamente construir otra línea eléctrica, pero eso requiere varios años”.

Yuri Vitrenko, presidente de la empresa estatal de gas ucrania Naftogaz, confirmó el pasado junio en una comparecencia en el Congreso de los Estados Unidos que Moscú “está intentando desconectar la planta de la red ucrania y conectarla a la rusa”. Vitrenko no manifestó que fuera imposible, pero sí “muy peligroso”: “Nadie puede garantizar que no suceda algo catastrófico”. También en junio, Oleh Korikov, presidente de la Autoridad de Energía Nuclear de Ucrania, especificó el motivo de este peligro: “La gran preocupación es si se interrumpe el suministro eléctrico y con este, el enfriamiento del combustible. Si no se recupera de inmediato el suministro, y no hay posibilidad de repararlo, la situación puede desembocar en fugas radioactivas del combustible y finalmente, en un accidente”.

Campos de girasol en la orilla del río Dnipro controlada por Ucrania. Al otro lado, la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por Rusia.
Campos de girasol en la orilla del río Dnipro controlada por Ucrania. Al otro lado, la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por Rusia.Cristian Segura

Lluís Batet, profesor de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña, indica que la situación es especialmente delicada, pero valora que, si se mantienen activas las líneas de alta tensión que aparecen en el mapa de Entsoe, no tiene por qué ser un problema conectar Zaporiyia a la red rusa: “En este caso, deberían bajar la potencia en la central, sincronizarla con la red rusa y volver a subir la potencia. La desconexión y reconexión a la red eléctrica es una operación que las centrales nucleares en general suelen realizar una o dos veces al año”.

Korikov subrayó que el bloqueo de la central por parte de las tropas rusas ha imposibilitado el suministro de piezas de recambio ante posibles averías, como válvulas y otros componentes. Batet cree que estos recambios también podrían llegar desde Rusia. La central de Zaporiyia inició su construcción a principios de la década de los ochenta, bajo la Unión Soviética, y finalizó su completo funcionamiento en la década de los noventa, con Ucrania ya independiente. Panov asegura que su tecnología es algo más moderna que las centrales rusas de la época, por lo que los ingenieros rusos están aprendiendo todavía su funcionamiento. Los servicios de inteligencia ucranios afirman que el Gobierno ruso está buscando técnicos dispuestos a trasladarse a Zaporiyia a cambio de condiciones laborales y de jubilación muy ventajosas.

La IAEA exige a Rusia que permita a sus inspectores examinar la situación en la central. El Ejército ruso lo impide y las autoridades ucranias lo desaconsejan porque no pueden garantizar su seguridad. “Los informes que llegan son muy preocupantes y señalan la importancia de que la IAEA acceda a la central”, afirmó su director general. “Es extremadamente importante que no se realice ninguna acción que ponga en riesgo la planta”, añadió Grossi.

En Zaporiyia funcionan tres de los seis reactores. La potencia instalada de la central es de seis gigavatios —la potencia nuclear instalada en toda España es de siete gigavatios—. “Chernóbil es un juego de niños comparado con lo que puede suceder aquí”, dice Panov. Sobre Chernóbil no sobrevolaban misiles cada día. El Gobierno ucranio considera la toma de la central como terrorismo nuclear.

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Sobre la firma

Cristian Segura
Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario 'Avui' en Berlín y en Pekín. Desde 2022 cubre la guerra en Ucrania como enviado especial. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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