Una acusación de plagio desgasta a la candidata de Los Verdes a la cancillería alemana

Los ecologistas caen en los sondeos mientras Annalena Baerbock suma varios tropiezos que aprovechan sus oponentes

La candidata de Los Verdes a la cancillería alemana, Annalena Baerbock, durante una sesión del Bundestag el 24 de junio.
La candidata de Los Verdes a la cancillería alemana, Annalena Baerbock, durante una sesión del Bundestag el 24 de junio.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

Se suponía que el libro iba a traer consigo un empujón de popularidad, dándola a conocer entre los votantes a poco más de dos meses y medio de las elecciones generales en Alemania, pero las acusaciones de plagio han provocado justo lo contrario. Annalena Baerbock, la candidata a canciller de Los Verdes, publicó el 21 de junio un libro titulado Ahora. Cómo renovamos nuestro país. En 240 páginas ofrece sus impresiones sobre política exterior, ecología, economía…, trufadas con algunas anécdotas personales y pinceladas de carácter. El clásico libro de político que no descubre nada nuevo pero que quizá ayuda a entender mejor al personaje. Al parecer, no todo lo escrito es original, según publicó en su blog el martes un experto en plagios austriaco, Stefan Weber, que ha encontrado al menos 12 pasajes copiados de distintas fuentes.

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Algunos rivales políticos de Baerbock le han saltado a la yugular, como vienen haciendo desde que, en abril, la formación ecologista se situara durante varias semanas por delante de los conservadores de Angela Merkel en intención de voto. Markus Blume, secretario general de la CDU, la ha acusado de “engañar deliberadamente” y le ha afeado que “una vez más, su credibilidad se ve cuestionada”. El candidato conservador, Armin Laschet, no ha hablado del tema. Los Verdes rechazan las acusaciones de Weber, que, entre otras cosas dijo que el libro infringe derechos de autor. Señalan que, en primer lugar, no es un trabajo académico, por lo que no es necesario usar pies de página citando de dónde procede cada dato. Además, argumentan que los pasajes que señala Weber forman parte del conocimiento disponible públicamente, que son textos que reproducen hechos conocidos.

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Uno de ellos enumera qué países de Europa del Este se unieron a la UE en 2004, y lo hace con una formulación que coincide con la de una agencia federal alemana. Otro sobre la madera como materia prima para la construcción de edificios se parece mucho a un artículo de Der Spiegel. El experto en plagios, profesor de la Universidad de Viena, ha usado el software Turnitin, un programa antiplagio que coteja textos con miles de fuentes abiertas. Hace unas semanas también dedicó un post de su blog al currículum de Baerbock y a algunas de sus intervenciones públicas, que tituló: “El fabuloso mundo de Annalena”, pero que no tuvo repercusión. En esta ocasión, sus acusaciones han copado titulares.

Entre los adversarios políticos de Baerbock también hay quien ha restado importancia a estas revelaciones, como el diputado de los liberales (FDP) Marco Buschmann: “Venga, que hay cosas más importantes”, dijo este miércoles en su cuenta de Twitter. “Es un asunto menor […]. Preferiría que hablásemos de modernizar el Estado, las infraestructuras o el sistema de seguridad social”, añadió.

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No es este el primer tropiezo de Baerbock que desvía la atención de las propuestas electorales de los partidos y pone el foco de la discusión pública en los errores de los Verdes. En mayo, Baerbock admitió haber informado tarde al Bundestag de haber recibido 25.220 euros en concepto de primas de Navidad entre 2018 y 2020. El retraso no comporta sanción, pero ella misma lo tildó de “error”. Poco después, fue acusada de embellecer su currículum y tuvo que corregir algunas imprecisiones relativas a los títulos académicos. Deslices menores comparados con otros escándalos recientes de la política alemana –el cobro de comisiones de algunos diputados conservadores por mediar en la compra de mascarillas o por hacer de lobistas para regímenes autoritarios como Azerbaiyán-, pero que poco a poco han ido desgastando a la candidata verde.

La última encuesta de la empresa Forsa da 10 puntos porcentuales de ventaja a la Unión de CDU y CSU (30% de los votos) sobre el partido ecologista (20%), un vuelco enorme desde los sondeos del mes de abril. Seguirían los socialdemócratas del SPD con un 14%, los liberales con el 12%, La Izquierda con el 7% y el partido de ultraderecha AfD con el 9%. De mantenerse estos datos, se vislumbran dos coaliciones posibles: conservadores y verdes, o conservadores, SPD y liberales. A una hipotética alianza de verdes, SPD y liberales ya no le darían los números, ni a una de izquierdas. Tampoco la actual Gran Coalición (conservadores y socialdemócratas) llegaría a la mayoría. Con las generales a menos de tres meses vista, Los Verdes denuncian que los ataques a su candidata forman parte de una campaña de acoso y derribo impropia de las habitualmente serenas batallas electorales alemanas.

El experto en plagios, por su parte, promete seguir buscando coincidencias en el libro de Baerbock y publicarlas todas a finales de julio. Asegura que lo hace por su propio interés científico, que no le paga nadie y que solo le mueve el deseo de concienciar al público sobre “la cultura desenfrenada del copia y pega”. “No soy responsable de las consecuencias de mis descubrimientos”, responde por correo electrónico a preguntas de EL PAÍS. “No tengo ninguna intención de influir en las próximas elecciones alemanas. Mi intención es examinar el curriculum vitae y los escritos de una candidata a canciller, eso es todo”. Weber añade que Baerbock “se ha descalificado a sí misma como posible canciller alemana” y que Robert Habeck, colíder de Los Verdes, “habría sido mejor candidato”.

Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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