Francia

Macron acelera la transición ecológica en Francia

El Gobierno prohibirá la “aberración ecológica” de las estufas en terrazas y las calderas de fuel en busca de una mayor eficiencia energética

La ministra francesa de Transición Ecológica, Barbara Pompili, a mediados de julio en París. En vídeo, Pompili explica las nuevas medidas del Gobierno francés. BERTRAND GUAY (AFP) | Reuters

Emmanuel Macron pisa el acelerador de la transición ecológica. Y, de paso, muestra su disposición a escuchar las demandas ciudadanas. Ese es al menos el objetivo declarado de la transposición en un primer paquete de medidas del centenar y medio de propuestas elaboradas por una “convención ciudadana del clima” a la que el presidente francés había pedido reflexionar sobre cómo hacer de Francia uno de los países más ecológicos del mundo. A la espera de una propuesta de ley para el nuevo curso político, el Gobierno ha adelantado este lunes una batería de medidas para mejorar la eficiencia energética de edificios y favorecer el transporte ferroviario de mercancías.

“No se puede calentar al máximo una terraza en pleno invierno por el simple placer de beberse un café estando calentito”, ha denunciado la ministra de Transición Ecológica, Barbara Pompili, al anunciar una de las medidas de más impacto popular, la prohibición de las estufas en terrazas de bares y restaurantes, una imagen habitual en casi todo el país pero que constituye una “aberración ecológica”, ha afirmado. A pesar de las protestas de restauradores, la medida entró en vigor a comienzos de año en Rennes y estaba siendo discutida en otras ciudades como París, pero la crisis del coronavirus frenó el —bastante acalorado— debate. La prohibición solo empezará a aplicarse la primavera que viene, para darle tiempo a un sector “agotado” por la crisis provocada por la pandemia para que “pueda organizarse”, ha explicado. También será obligatorio “cerrar las puertas de todos los edificios abiertos al público climatizados o con calefacción”.

El Gobierno quiere prohibir además la instalación de calderas de fuel o carbón en viviendas nuevas y, a partir de 2022, obligará a sustituir las que se estropeen —actualmente hay unos 3,5 millones de hogares en Francia con estas calderas— por otras más ecológicas.

En búsqueda de una mayor eficiencia energética de los edificios, que representan el 20% de los gases de efecto invernadero en el país, a partir de enero de 2023 este concepto formará parte de los criterios de “decencia” de una vivienda. Eso permitirá que los inquilinos de los llamados “coladores térmicos”, las alrededor de 120.000 viviendas de alquiler que consumen de media al año más de 500 kWh por metro cuadrado, “puedan exigir al propietario que realice mejoras” de aislamiento o solicitar a un juez “que suspenda el pago del alquiler”, ha agregado la ministra delegada de Vivienda, Emmanuelle Wargon. Se podría prohibir incluso para el alquiler las residencias de alto consumo energético, ha dicho y ha anunciado ayudas en este sentido previstas en los estímulos por hasta 100.000 millones de euros que el Ejecutivo presentará a finales de verano.

El Gobierno creará además dos nuevos parques naturales regionales y una reserva natural nacional, y aprobará medidas para luchar contra la artificialización del suelo. En el tintero queda por ahora la limitación de la velocidad en ciudad a 30 kilómetros por hora, tema que según la prensa francesa podría ser debatido en próximas reuniones con responsables locales.

Mientras, el primer ministro, Jean Castex, anunció medidas para impulsar el transporte ferroviario de mercancías. Como una “primera etapa” de un “plan de reconquista ferroviaria”, los peajes serán gratuitos hasta final de año para los trenes de mercancías y se reducirán a la mitad en 2021. El Gobierno además quiere reabrir y desarrollar nuevas “autopistas ferroviarias” que acaben sustituyendo ampliamente el más contaminante transporte por carretera. Un proyecto que prevé rutas “hasta Barcelona”, adelantó el jefe de Gobierno.

Las primeras medidas han sido adoptadas este lunes en el quinto “consejo de defensa ecológica”, que reúne a Macron con los ministros del ramo —desde Transición Ecológica a Economía o Vivienda— y que celebró su primer encuentro en mayo de 2019, a tres días de las elecciones europeas que acabaron dando una fuerte victoria a los ecologistas, lo que hizo que la oposición tachara la iniciativa de oportunista. Unas críticas que no impidieron que, un año más tarde, el presidente volviera a hacer un gesto similar al recibir en el Elíseo en junio a los 150 miembros de la Convención Ciudadana por el Clima justo un día después de la fuerte derrota que sufrió su partido, La República en Marcha, en la segunda vuelta de las elecciones municipales que volvieron a impulsar a los ecologistas en muchas ciudades del país.

La convención ciudadana es en sí otro experimento surgido como un intento de responder a las protestas de los chalecos amarillos. Son 150 ciudadanos elegidos por sorteo que, en octubre del año pasado, fueron llamados a “definir una serie de medidas para alcanzar una reducción de al menos un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2030 [respecto a 1990] en un espíritu de justicia social”. De las 149 propuestas que han hecho, el Gobierno ha aceptado 146 que pretende ir adoptando en los próximos meses. Algunas requieren un procedimiento legal, de ahí que el Ejecutivo de Macron se haya fijado para la vuelta de las vacaciones un proyecto de ley para que llegue a la Asamblea Nacional en 2021.

“Queremos avanzar rápido, pero sobre bases sólidas”, ha explicado Pompili, quien ha asegurado que los ciudadanos de la convención acompañarán los pasos del Gobierno y podrán supervisarlos.

El primer ministro Castex defendió el domingo en una tribuna en el diario Ouest-France la necesidad de implicar a la ciudadanía en esta transición. “El sentido del método que quiero insuflar para acelerar la transición ecológica es proporcionarle los medios a cada ciudadano, a cada empresa y a cada asociación para que se implique a su nivel (…) Todos deben trabajar juntos, las asociaciones medioambientales, los empresarios, los agricultores, los cazadores, pescadores…” escribió en una columna titulada “¡Todos ecologistas!”

Más allá de las medidas propuestas por los ciudadanos, el Gobierno de Macron lleva semanas insistiendo en la necesidad de acelerar la transición ecológica y reclama la oportunidad que representa la crisis del coronavirus para ello. Según anunció el ministro de Economía, Bruno Le Maire, en el dominical Journal du Dimanche, en el plan de recuperación por 100.000 millones de euros que el Gobierno presentará a finales de agosto, 30.000 millones irán destinados “a la transición ecológica”. “El plan de recuperación será un plan verde”, sostuvo Le Maire.

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