Una manifestación del personal sanitario acaba con disturbios en las calles de París

Los ‘blusas blancas’ reclaman a Macron mejoras en las condiciones salariales y laborales, después de semanas de aplausos de la ciudadanía por su lucha contra el virus

Humo y gases lacrimógenos en las calles de París durante las protestas por la mejora de las condiciones de los trabajadores sanitarios en Francia, este martes. En vídeo, las imágenes de los disturbios.CHARLES PLATIAU / REUTERS (VÍDEO: ATLAS)

Los disturbios regresan a las calles de París después de dos meses de confinamiento y uno de desescalada. Un grupo de violentos ha causado este martes destrozos en el mobiliario urbano y se enfrentó a las fuerzas policiales al final de una manifestación del personal sanitario destinada a reclamar una mejora de las condiciones salariales y laborales. Los choques, limitados a unas pocas calles en el centro de la capital y saldados con una treintena de detenidos, no fueron lo más significativo de las movilizaciones pacíficas por todo el país de quienes durante semanas estuvieron al frente de la lucha contra la covid-19. Pero marcan el retorno a una cierta normalidad: la de las periódicas protestas callejeras en Francia y la de la deriva violenta de un pequeño sector.

Era la primera gran jornada reivindicativa de los “héroes de la blusa blanca”, como les ha llamado Emmanuel Macron, o los soldados en primera línea del frente de batalla, por usar la metáfora bélica a la que también ha recurrido el presidente de la República. Quienes salieron a la calle a ejercer su derecho a la manifestación —reinstaurado el sábado por el Consejo de Estado después de que se limitase para combatir la epidemia— eran los mismos que cada día a las 20.00 recibían los aplausos masivos en los balcones por su devoción y sacrificio. Ahora reclaman algo más que aplausos y algo más que buenas palabras del jefe de Estado, reacio antes de la crisis a hacer concesiones de calado y que ahora promete un “plan masivo de inversión y revalorización en el sector”. Para ello, el 25 de mayo abrió una gran negociación, liderada por la exdirigente sindical Nicole Notat, cuyas propuestas deben conocerse a principios de julio.

Este era el contexto de las manifestaciones, que sirven para presionar en la negociación en curso y, a la vez, revelan el riesgo, para el Gobierno francés de un resurgimiento del malestar social y su expresión en la calle. En la manifestación de París participaron personas identificadas con el llamado black block, autodenominados “antifascistas” y chalecos amarillos. El confinamiento, entre el 17 de marzo y el 11 de mayo, y la posterior desescalada, que se ha acelerado ante la evidencia de que el virus está bajo control, han sido un paréntesis después de más de un año de tensiones por la revuelta de los chalecos amarillos, primero, y las protestas contra la reforma de las pensiones, después. Con las manifestaciones recientes contra la violencia policial y el racismo, ahora las de las “blusas blancas” y también los incidentes casi rutinarios al final de las marchas, la calle como actor político vuelve a escena. Francia vuelve a ser Francia.

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