El Gobierno de Líbano asegura que no dimitirá, pese a la ola de protestas

Los manifestantes exigen la salida del Ejecutivo cuyo primer ministro, Hasan Diab, ha asegurado este sábado que el complot en su contra “ha fracasado”

Manifestantes y fuerzas del orden se enfrentan este sábado durante las protestas en la norteña ciudad de Trípoli y segunda mayor urbe de Líbano
Manifestantes y fuerzas del orden se enfrentan este sábado durante las protestas en la norteña ciudad de Trípoli y segunda mayor urbe de LíbanoFATHI AL-MASRI / AFP

“El complot orquestado para derrocar al Gobierno, manipular la paridad del dólar [estable en los últimos 30 años en 1.500 libras libanesas] y a la ciudadanía ha fracasado”, ha dicho este sábado el primer ministro libanés, Hasan Diab, en un discurso televisado. Diab ha pedido “paciencia” a los manifestantes que por séptimo día consecutivo se han echado a las calles y cortado las principales arterias del país con barricadas. Reclaman la caída del Gobierno y exigen medidas inmediatas para frenar el desplome de la libra libanesa (LBP, por sus siglas en inglés) que este jueves registró una histórica caída para perder el 70% de su valor frente al dólar.

Reunido en una sesión extraordinaria de emergencia, el Gabinete anunció la víspera una inyección de dólares en el mercado y la estabilización de la libra que, sin embargo, no se ha materializado en las casas de cambio del país.

“Pedimos la disolución del Gobierno y su reemplazo por uno civil lejos de los partidos sectarios anclados en el poder y corruptos”, ha dicho por su parte a EL PAÍS Hanna Gharib, líder del partido comunista libanés, durante una marcha de protesta este sábado en la capital libanesa. “La situación es insostenible y se nos agotó la paciencia”, cuenta por su parte el funcionario y manifestante Khaled K. cuyo sueldo mensual en LBP se ha visto drásticamente reducido pasando de 650 dólares a 200 para mantener a una familia de seis miembros.

El movimiento de contestación nacional surgido el pasado mes de octubre logró tumbar entonces al anterior Gobierno de unidad que en enero fue reemplazado por uno monocromo avalado por la coalición del tándem chií Amal-Hezbolá y su aliado cristiano el Movimiento Patriótico Libre, del presidente Michel Aoun.

“En seis meses de vida el nuevo Gobierno se ha mostrado incapaz de establecer un plan concreto de reformas económicas y condición necesaria para desbloquear la ayuda internacional”, valora un diplomático europeo en Beirut, que habla desde el anonimato.

La ya grave crisis económica se ha visto amplificada por las medidas de confinamiento en la lucha contra la covid-19 sin un paquete de ayudas estatales para paliar el impacto. Más de 1.000 locales han cerrado definitivamente sus puertas y 200.000 personas han perdido sus puestos de trabajo en los últimos siete meses, elevando la tasa de paro en el sector formal al 30% y hundiendo a casi dos tercios de los 4.5 millones de libaneses bajo el umbral de la pobreza.

El deterioro económico acoplado a la vertiginosa subida de precios ha acabado por ahondar las tensiones políticas y sociales que arrastra el país. Grupos de jóvenes armados se enfrentaron una semana atrás en las calles de Beirut al tiempo que sus líderes políticos se enfangan en un cruce de acusaciones mutuas.

“Cuidado con los infiltrados entre vuestras filas”, ha advertido el ex primer ministro Saad Hariri, quien con veladas acusaciones ha responsabilizado a los partidos Amal y Hezbolá de instigar el saqueo e incendio de varios comercios en Beirut en la noche del viernes. “Todos los partidos sectarios están intentado instrumentalizar las protestas que son de carácter aconfesional y apartidista”, lamenta el activista Nader S. y gestor de uno de los grupos de Whatsapp convertidos en sala de operaciones para la coordinación de las manifestaciones a nivel nacional. “Unos contra Hezbolá, al pedir su desarme [de la milicia] y sanciones internacionales, mientras que Amal y Hezbolá revientan las protestas porque no quieren que caiga un Gobierno que controlan”, acota.

Las protestas se han extendido a todo el país este sábado y derrapado en violentos choques entre manifestantes y las fuerzas del orden en la norteña ciudad de Trípoli, segunda mayor urbe de Líbano, donde los voluntarios de la Cruz Roja Libanesa ya habían atendido a una decena de heridos antes de la caída del sol.

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