Irán y EE UU reactivan la guerra verbal en el Golfo

Teherán cuestiona la presencia de la flota norteamericana después de que Washington acuse a la Guardia Revolucionaria de atacar sus barcos

El ministro de Defensa iraní, el general Amir Hatami, durante una reunión del Gobierno.
El ministro de Defensa iraní, el general Amir Hatami, durante una reunión del Gobierno.IRAN'S PRESIDENTIAL OFFICE HANDO / EFE

Irán y Estados Unidos han reanudado el intercambio de acusaciones en el golfo Pérsico. Al día siguiente de que la Marina norteamericana amonestara a la Guardia Revolucionaria por acosar a varios de sus navíos, el ministro iraní de Defensa ha cuestionado este viernes su presencia en esas aguas. A principios de semana, los iraníes asaltaron y retuvieron un carguero con bandera de Hong Kong en el mar de Omán. No está claro qué busca Teherán con esta nueva escalada de tensión en un momento en que la atención mundial se centra en combatir la covid-19.

“Lo que causa inseguridad en la región del golfo Pérsico es la presencia ilegal y agresiva de los americanos [sic] que han venido desde el otro extremo del mundo hasta nuestras fronteras y hacen semejantes afirmaciones sin fundamento”, ha declarado el ministro de Defensa iraní, el general Amir Hatami, citado por la agencia estatal de noticias IRNA.

Es la primera reacción de Irán a la denuncia de Estados Unidos de que el pasado miércoles “once embarcaciones de la Marina de la Guardia Revolucionaria iraní se acercaron de forma repetida y peligrosa” a varios de sus barcos que realizaban maniobras en la zona, que los militares norteamericanos y sus aliados árabes denominan “golfo Arábigo” para irritación de los iraníes. Según esta versión, los iraníes “cruzaron repetidamente las proas y las popas de los navíos de EE UU a una distancia extremadamente corta y altas velocidades”, y en el caso de uno de ellos, la patrullera Maui, pasaron a menos de diez metros de su proa.

Justo la víspera, un carguero con bandera de Hong-Kong, el Taipei SC, fue interceptado por guardias revolucionarios en el mar de Omán y desviado hacia las costas iraníes, aunque liberado pocas horas después. El incidente hizo temer una vuelta a la situación del año pasado en el que Irán utilizó la retención de petroleros para forzar la liberación de un cargamento de crudo que intentaba llevar a Siria, en violación de las sanciones internacionales contra ese país.

Algunos observadores han sugerido que se trata de acciones para consumo interno con el fin de distraer a la opinión pública ante la crisis sanitaria por la covid-19. Los iraníes han criticado la tardía y poco profesional respuesta inicial de sus autoridades a la pandemia, que ha causado 4.869 muertes entre los 77.995 diagnosticados. Sin embargo, después de los evidentes desatinos que lo convirtieron en el principal foco del nuevo coronavirus en Oriente Próximo, el sistema se ha volcado en frenar el contagio.

Significativamente, durante el desfile este viernes por el Día del Ejército, los responsables han sustituido los carros de combate y los misiles con los que en años anteriores intentaban amedrentar a sus vecinos por vehículos de desinfección y hospitales móviles.

El repentino aumento del hostigamiento a la flota norteamericana, habitual hace unos años, pero que había cesado, da la impresión de devolver al golfo Pérsico al tira y afloja que en los últimos meses se había centrado en Irak. En 2016, Irán llegó a detener a diez marines que cruzaron sus aguas territoriales, aunque el incidente se resolvió en cuestión de horas. Pero las relaciones entre ambos países han empeorado considerablemente a partir de entonces. Desde que la Administración Trump decidió sacar a EE UU del acuerdo nuclear y reimponer sanciones a Teherán, ha aumentado el riesgo de que el menor incidente entre ellos desate una escalada.

De hecho, el mundo contuvo el aliento a principios de año cuando el Ejército norteamericano asesinó en Bagdad al general iraní Qasem Suleimani. Sin embargo, a pesar de toda la retórica de venganza, la respuesta iraní fue contenida: un ataque con misiles contra las dos principales bases estadounidenses en Irak (que, si bien no causó muertos, provocó daños cerebrales a un centenar de soldados).

Desde entonces, las represalias han quedado en manos de las milicias iraquíes aliadas de Teherán. Aunque estas ya venían hostigando a las fuerzas de EE UU desde el pasado otoño, sus ataques se hicieron más sofisticados y causaron varias muertes. Ese salto cualitativo sumando a la presión política para que Washington retire a sus tropas, han motivado el repliegue de los 5.200 soldados estadounidenses que antes se distribuían en una docena de bases a las dos principales que han sido protegidas con baterías antimisiles Patriot.

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