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Europa, una galería de retratos ‘art brut’

Un análisis en profundidad de algunos de los temas de la actualidad internacional a través de artículos publicados en medios globales seleccionados y comentados por la revista CTXT

El excanciller austríaco Sebastian, tras abandonar el Parlamento el 27 de mayo de 2019.
El excanciller austríaco Sebastian, tras abandonar el Parlamento el 27 de mayo de 2019. REUTERS

Bueno, ya está, ya han pasado las elecciones. “Después de dos o tres semanas de esta locura comienzas a entrar en comunión con el hombre que dijo aquello de ‘que no haya noticias es una buena noticia’. En 28 periódicos, sólo por el más extraño tipo de suerte, aparecerán más de dos o tres artículos de algún interés… pero incluso en ese caso, lo interesante aparece por lo general enterrado en el decimosexto parágrafo...”. Esto lo escribía Hunter S. Thompson en Fear and Loathing on the Campaign Trail ‘72. Y eso que entonces no existía Internet, con las ediciones digitales de los periódicos impresos, los diarios y revistas exclusivamente digitales, la blogosfera y las redes sociales. Las elecciones europeas —aquí un análisis de Gustavo Búster para Sin Permiso han pasado, pero lo han hecho como una columna de tanques, dejando a su paso un olor a óxido, a combustible sin refinar y dos enormes surcos de tierra removida. 

Sebastian Kurz y Emmanuel Macron

Algunos de los ganadores de la noche electoral no pudieron festejar su triunfo. El canciller austríaco, Sebastian Kurz, del Partido Popular Austríaco (ÖVP), celebró su victoria (34,9%) para al día siguiente verse expulsado del Gobierno por una moción de censura impulsada por los socialdemócratas y apoyada por sus antiguos socios del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ). “Sólo han pasado 500 días desde la toma de posesión de Kurz: el canciller que menos tiempo ha durado en el cargo”, señalaba Meret Baumann en el Neue Zürcher Zeitung. El canciller más joven de Austria también es “el primero que pierde el poder en una moción parlamentaria”. Con todo, Kurz podría presentarse en campaña “como víctima de un acto de venganza”. Si el Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) no logra convencer al electorado y remontar las encuestas en los próximos tres meses, todo el esfuerzo podría haber quedado en nada y Kurz seguiría después de septiembre al frente de la cancillería. “Hoy ha decidido el Parlamento, pero el próximo mes de septiembre decide el pueblo y la democracia”, aseguró un desafiante Kurz ante la prensa y decenas de seguidores. El líder de los conservadores se prepara ahora para una campaña en clave de “resurrección”, en términos de Hans Rauscher para Der Standard.

El presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo el 29 de mayo de 2019. ampliar foto
El presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo el 29 de mayo de 2019. REUTERS

“El autoritarismo macronista que se anuncia es el último cartucho del establishment para disolver/cambiar Francia. Su fracaso no tendrá alternativa en el actual marco institucional, la V República y, probablemente, tampoco en el actual sistema. A partir de este pronóstico, se admiten todas las apuestas…” Así terminaba un muy comentado artículo de Rafael Poch-de-Feliu en 2017 sobre el presidente francés. La metáfora cayó a plomo el domingo, cuando la Agrupación Nacional (AN) de Marine Le Pen se impuso por un estrecho margen (menos de un punto) a La République En Marche (LREM) en las europeas. Suficiente como para que el candidato de AN, Jordan Bardella, declarase en una entrevista con BFMTV que las elecciones han sido “un seísmo político” para Francia. “Los franceses han evidenciado la brecha que vimos en las presidenciales: los soberanistas contra aquellos que quieren más Europa”, comentó Bardella, para quien la victoria de AN “es una de las más bellas lecciones de humildad que los franceses han enviado a Emmanual Macron en estos dos años en los que ha gobernado con arrogancia y con desprecio”. Macron regresó el lunes al Palacio del Elíseo para continuar su trabajo bajo la consigna —y nunca mejor dicho, tratándose de la ideología que vertebra su partido— de business as usual.

Nigel Farage

El estancamiento en las negociaciones para la salida del Reino Unido catapultó al nuevo partido euroescéptico de Nigel Farage al primer puesto con un 30,5%, por delante de liberal-demócratas (19,6%), laboristas (13,6%), verdes (11,8%) y conservadores (15,1%). The New York Times describió a Farage como “el hombre más peligroso de Gran Bretaña” y “la personificación de la crisis británica”, y a su partido, como “una start-up de capital riesgo, con crowdfunders más que miembros y un directivo jefe antes que un líder”. A diferencia de los partidos tradicionales, el Partido del Brexit “no invierte en infraestructuras sólidas: viaja ligero de equipaje y es experto en el juego de las redes sociales, el mercado de acciones de la atención”.

Ronan Burtenshaw analizó en Tribune el resultado obtenido por los laboristas, “los peores en más de un siglo”, sólo superados por los de los conservadores, los peores “desde su fundación en 1830”. Dos ejemplos: “En Islington, el lugar de residencia del líder laborista y su ministro de Exteriores a la sombra, fue ganado por los liberal-demócratas” y en Bolsover, “donde ha ganado un diputado laborista desde su creación en 1950, el Partido del Brexit triplicó los resultados de los laboristas”. Burtenshaw atribuye la derrota a las presiones a Jeremy Corbyn para que respalde un segundo referendo y se pregunta si tiene algún sentido que la izquierda laborista ceda so pena de arrojar por la borda su programa: “¿Pretenderá el laborismo que el cuarto paquete ferroviario de la UE que impide al mismo organismo público controlar la infraestructura y ofrecer el servicio de ferrocarril es consistente con su proyecto de nacionalizaciones? ¿Que las directivas comunitarias de ayudas estatales, que son claramente un obstáculo en situaciones como a la que se enfrenta British Steel, son consistentes con su política industrial?”. Con el hundimiento del centro-izquierda y la izquierda en las elecciones europeas, “¿de dónde va a venir la reforma?” Para el autor, el laborismo se encuentra en una encrucijada. “La próxima década, en política, estará definida por el conflicto de clase o las guerras culturales”, escribe, “si ocurre esto último, la izquierda quedará marginada.”

El líder del Partido del Brexit, Nigel Farage, tras conocer los resultados de las elecciones europeas el 26 de mayo de 2019. ampliar foto
El líder del Partido del Brexit, Nigel Farage, tras conocer los resultados de las elecciones europeas el 26 de mayo de 2019. EMPICS Entertainment

A pesar de toda la artillería mediática sobre interferencias electorales, al final el convidado ausente en estos comicios ha resultado ser Rusia. El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, ofreció una entrevista a Rossiya-24 en la víspera del quinto aniversario de la Unión Económica Eurasiática (UEE). En la entrevista, según informaba la agencia TASS, Medvédev no descartó que la unión —actualmente compuesta por Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán— se amplíe en un futuro y aseguró que la UEE aprende de los errores de otros procesos de integración, señaladamente de la UE. En comparación con la UEE, dijo Medvédev, “cuando la Unión Europea fue creada […] podían actuar con precisión, sentido y claridad”. Por eso, concluyó, la UEE tiene que actuar con rapidez y bajo “la presión del tiempo” para consolidarse. Quizá le ayude en este proyecto China, cuyo presidente, Xi Jinping, se reunirá con su homólogo ruso Vladímir Putin el mes que viene. El South China Morning Post enmarca el viaje en un intento de Beijing por reforzar sus lazos con Rusia y los Estados de Asia Central a medida que la rivalidad estratégica con EE UU va en aumento. El diario destaca que Xi se ha reunido más veces con el presidente ruso que con ningún otro mandatario desde que asumió la presidencia del país en 2013.

Ante este panorama, The Observer se preguntaba si el éxito de la retrospectiva cinematográfica del British Film Institute (BFI) sobre la República de Weimar no tendrá algo que ver con los paralelismos de los que todo el mundo sospecha entre aquella época y la nuestra. En todo caso, para muchos se acabaron, al menos por algún tiempo, las promesas electorales. “Quienquiera que hable del futuro es un hijo de puta, es el presente lo que cuenta”, sentenció en una de sus novelas Louis-Ferdinand Céline, de quien el pasado 27 de mayo se celebró su 125º aniversario. O, mejor dicho, no se celebró. Porque a pesar de haber dejado una profunda huella en la historia de la literatura gracias a su estilo coloquial y directo y a su humor negro, Céline sigue siendo un escritor incómodo para la academia francesa por su virulento antisemitismo y su pasado como colaborador de la ocupación nazi. Como prueba de este pasado que pesa como una losa sobre el escritor, en enero de 2018, un año después de que su viuda autorizase la reimpresión de sus panfletos antisemitas para una edición crítica, la editorial Gallimard se vio obligada a suspender la publicación después del revuelo que causó su anuncio, como informó en su día Le Monde. De este aniversario, en los periódicos y revistas francesas, no hubo ni rastro.

Chelsea Manning

“¿Dónde comenzarías la historia, tu historia?” pregunta Tim Travers Hawkins a Chelsea Manning en ‘XY Chelsa’, el documental de Showtime que The Guardian reseñó días atrás. En él, Manning —que filtró 750.000 documentos militares y diplomáticos a WikiLeaks— tiene de acuerdo al diario británico “la oportunidad de reclamar su derecho en el modo en que ha sido presentada después de la sentencia de 35 años de prisión en 2013, de la que cumplió siete, y su conmuta posterior” y habla “de sus padres alcohólicos, de su lucha con los trastornos mentales, reconocerse como mujer trans y, brevemente, sobre sus traumáticas experiencias en confinamiento solitario”.

Imagen de archivo de la soldado estadounidense Chelsea Manning tras salir de un juzgado federal en Alexandria. ampliar foto
Imagen de archivo de la soldado estadounidense Chelsea Manning tras salir de un juzgado federal en Alexandria. AP

Aunque, como escribió el periodista Jeffrey St. Clair en su cuenta de Twitter, “todo periodista, jefe de redacción y editor que haya utilizado o citado cualquier documento publicado por WikiLeaks debería presentar un amicus curiae oponiéndose a su acusación y extradición, ya que Assange está siendo acusado en su nombre”, el caso parece haber pasado a un segundo plano. Assange, en una carta filtrada por The Canary revela algunos aspectos de su vida en prisión, donde está “literalmente rodeado por asesinos”. “El gobierno estadounidense, o mejor dicho, estos lamentables elementos en él que odian la verdad, la libertad y la justicia, quieren conseguir a base de mentiras mi extradición y mi muerte antes que permitir a la opinión pública oír la verdad, por la que he ganado los más prestigiosos premios en periodismo y he sido nominado 7 veces al Premio Nobel de la Paz.” La organización comunicó hace unos días un nuevo deterioro de la frágil salud de Assange, que ha sido trasladado al pabellón médico de la prisión de Belmarsh.

Menos repercusión todavía ha tenido la reciente filtración de un informe interno de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OCPW, por sus siglas en inglés) que cuestiona la autoría del Gobierno sirio en el ataque con cloro y gas sarín en Duma del 7 de abril de 2018. Una semana después de aquel incidente Francia, Reino Unido y EE UU bombardearon objetivos del Gobierno sirio en respuesta. En una entrevista con Grayzone, el profesor del MIT Theodore Apostl afirma que hay indicios suficientes para considerar que las pruebas del ataque fueron manipuladas por la oposición para culpar a Damasco. Días atrás Robert Fisk dedicó ya toda una columna en The Independent a esta cuestión y a la que merece la pena volver para cargarse de un sano escepticismo frente a la información en conflictos como el de Siria, que también reclama Jonathan Cook desde las páginas de Counterpunch. Tim Hayward ha recopilado en su blog una selección de enlaces con las reacciones a la noticia de la filtración.

Mientras, en Alemania, como explicaba el miércoles Die Zeit, un borrador del Ministerio del Interior, fuertemente criticado por Reporteros Sin Fronteras, contempla la posibilidad de que los servicios secretos puedan hackear los ordenadores y teléfonos móviles para espiar a medios de comunicación y periodistas, incluyendo comunicaciones encriptadas, historiadores de navegación y archivos de voz.

Mbaye Diagne

En estos tiempos de tanta injusticia, dediquemos las últimas líneas de esta revista de prensa a conmemorar a un héroe de los de verdad, muerto hace 25 años en trágicas circunstancias. El soldado Mbaye Diagne falleció un 31 de mayo de 1994 en Ruanda tras recibir el impacto de la metralla de un mortero. Diagne participaba como capitán del Ejército senegalés en la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda. Desobedeciendo las normas que impiden a los cascos azules intervenir en un conflicto, Diagne rescató a decenas, quizá cientos de tutsis y hutus moderados del genocidio transportándolos en su vehículo y esquivando con habilidad los controles de carreteras del Ejército y las milicias hutus.

Mbaye Diagne, en una imagen de la ONU. ampliar foto
Mbaye Diagne, en una imagen de la ONU.

En su libro Shake Hands with the Devil, el comandante de aquella misión, el canadiense Roméo Dallaire, recoge el testimonio del periodista de la BBC Mark Doyle poco después de rendir homenaje a Diagne, cuyos restos mortales tuvieron que ser repatriados envueltos en un trozo de tela de una carpa de UNICEF porque no se pudo encontrar un ataúd. “¿Puedes imaginarte la cobertura que hubiera tenido un soldado británico o estadounidense del coraje y la altura moral de Mbaye? Y él no recibió ninguna”, lamentó Doyle.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó en 2014 la creación de una medalla con el nombre de Mbaye Diagne para el personal de Naciones Unidas que demuestre “un coraje excepcional”. Según el servicio de noticias de la ONU, el último en recibirla fue, a título póstumo, el soldado Chancy Chitete. Originario de Malawi, Chitete falleció en la República Democrática del Congo tras asistir a un compañero tanzano herido, al que arrastró a un lugar más seguro, mientras intentaban frenar los ataques de un grupo armado que trataba de impedir la atención a un grupo de enfermos de ébola. Tampoco apareció en ningún medio de comunicación.

El exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, condecora con la medalla Mbaye Diagne a Yacine Diop, la viuda del capitán Diagne.
El exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, condecora con la medalla Mbaye Diagne a Yacine Diop, la viuda del capitán Diagne.
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