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ANÁLISIS

Quién gana y quién pierde con el nuevo Congreso colombiano

La izquierda y los partidos no tradicionales aumentan su presencia en las cámaras

El Congreso de Colombia, tras aprobar la convocatoria del plebiscito en 2016.
El Congreso de Colombia, tras aprobar la convocatoria del plebiscito en 2016. EFE

Con la mira puesta en las próximas elecciones presidenciales, a veces es fácil olvidarse de que el domingo no sólo se votó una especie de previa a la primera vuelta del 27 de mayo, sino que, al elegir un nuevo Congreso de la República, se obtuvo una radiografía precisa del estado de ánimo político de la nación. Superponiendo los resultados actuales con los de 2014, se observan algunas conclusiones interesantes.

Para empezar, si hay un vencedor claro en comparación con su situación pasada, está en el centro regeneracionista y en la izquierda. La Lista de la Decencia entró sin restarle votos al Polo Democrático Alternativo, produciendo una suma neta de votos progresistas a la que se añade la duplicación de escaños por parte de la Alianza Verde. Todo esto se produce en un contexto definido por la fortaleza en las encuestas (y también en la consulta interpartidista del domingo) de la candidatura de Gustavo Petro a la presidencia. Fortaleza que ha desembocado en una lucha por definir quién lidera el voto progresista, disfrazada de ofertas cruzadas de alianzas entre el propio Petro, Sergio Fajardo (candidato verde y del PDA), y el liberal Humberto de la Calle. Será interesante ver cómo se traduce esta dinámica a un Senado en el que, aunque no tenga mayoría, el espectro de centro e izquierda es que más peso específico ha ganado.

Le acompaña en la victoria la plataforma cristiana. A pesar de estar en magnitudes menores, casi triplica su voto. MIRA consiguió así superar el umbral del 3%, y CJL se quedó a escasos 0.2 puntos de hacer lo propio. Sí lo logró en la Cámara de Representantes. Es probable que, dado el ruido generado en torno al mítico voto reaccionario por el ‘No’ en el plebiscito, las expectativas de muchos fuesen mayores para este tipo de plataformas. Pero si se comparan con lo que fueron más que con lo que podrían haber sido, los que entrelazan política y religión tienen motivos para estar contentos.

Los resultados de la Cámara confirman estas dos tendencias. Al mismo tiempo que certifican el trasvase de poder de la U hacia Cambio Radical en lo que podríamos definir como ‘bloque liberal’, o más propiamente gubernamental-santista (pues forma hasta ahora la coalición de soporte para Santos), formado por el propio PL, sus escisiones, y OC (considerado por muchos como un mero vehículo para la introducción del paramilitarismo en la política institucional). Un trasvase que, eso sí, no alcanza para llenar este caudal hasta el mismo nivel de antes. Tampoco es suficiente para mantener la fuerza de que disfrutaba este centro-derecha flexible nutrido con más maquinaria territorial que opinión.

Sin embargo, donde Cámara y Senado dan mensajes aparentemente contradictorios es a la derecha del espectro. El bloque netamente conservador estaría formado por el propio PC y por el CD, la nueva formación puntera de la derecha colombiana en la última media década. En el Senado, tanto cada partido por separado como ambos en conjunto restan votos y escaños. En la Cámara, por el contrario, la plataforma del expresidente Uribe suma 13 nuevos representantes y se convierte en la segunda más votada y poderosa. La diferencia se debe probablemente a la diferencia en la territorialización del voto: las candidaturas por regiones del CD han sido más efectivas para la Cámara que su lista nacional para el Senado. Si a esto le sumamos como votos de derecha ideológica no tradicional los del MIRA y CJL, nos resulta en un ligero repunte de escaños. Lo que sí es consistente entre Senado y Cámara es un claro movimiento desde formaciones más flexibles y basadas en la maquinaria (OC, PC) hacia el CD , que representa una derecha de corte más sólido, menos voluble, y, en definitiva, más ideológica.

De hecho, la pregunta que estos resultados dejan en última instancia es: ¿estamos ante un Congreso más ideológico, más basado en la opinión y no en las maquinarias, que en el pasado? Es muy difícil, si no imposible, responder a esta cuestión de manera fehaciente. La frontera entre opinión y maquinaria es mucho más difusa de lo que la mayoría de relatos periodísticos apresurados pretenden. E incluso aceptando el trazo grueso y asociando ciertos partidos con maquinaria (CR, U, OC, los tradicionales) y otros con opinión (Decentes, PDA, AV, CD) el mensaje sería poco claro: sube CR al mismo tiempo que bajan la U, OC y tradicionales; la AV avanza pero el CD sólo logra mejorar posiciones en la Cámara, mas no en el Senado. No sabemos, en definitiva, si en su nueva radiografía Colombia nos aparece como más ideológica. Lo que sí está claro es que nos resulta más fragmentada, pues hay más partidos con presencia parlamentaria, y menos diferencias entre ellos. O más representativa: según se mire.