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La conservadora Erna Solberg repite mandato al frente de Noruega

El bloque conservador actual se hace con la mayoría absoluta del Parlamento. El partido Laborista gana en número de escaños

Elecciones en Noruega
La primera ministra noruega, Erna Solberg, vota en un colegio electoral en Bergen. EFE

Erna Solberg, la primera ministra de Noruega, repetirá mandato en Noruega. El partido conservador, junto a las fuerzas afines como los populistas del Partido del Progreso lograron el lunes la mayoría absoluta en el Parlamento en unas elecciones reñidísimas. A pesar de todo, la primera fuerza de la oposición —los Laboristas— han sido los más votados con el 27,4% de los votos seguido de los conservadores de Solberg (25,1%).

Casi cuatro millones de ciudadanos (3.756.400) estaban llamados a elegir un nuevo Gobierno que pilotará uno de los países más ricos del mundo durante los próximos cuatro años. Hasta este lunes, los bloques de derecha e izquierda llegaban igualados en las encuestas. Con el 83% de los votos escrutados, el bloque gubernamental de derecha de liderado por Solberg, se perfila como ganador. Los cuatro partidos conservadores obtendrían 88 de los 169 escaños, frente a los 81 del bloque opositor. 

"Thriller electoral". Así calificó el domingo un editorialista político en la cadena local TV2 los comicios de este año por la inusual previsión de empate que dan los sondeos. De esta forma, los partidos más pequeños se convertirán en los protagonistas en los próximos días. Una decena de fuerzas políticas intentarán arañar los escaños del Storting (Parlamento noruego) a lo largo de esta semana, según los expertos. Los países escandinavos tienen una arraigada tradición de coaliciones gubernamentales por lo que las formaciones más pequeñas se tornan imprescindibles para formar un Ejecutivo que incline la balanza hacia políticas más conservadoras —como las de la actual primera ministra Erna Solberg—, o más progresistas.

Tanto conservadores como laboristas se encuentran en muchos temas; las actividades petroleras en el Ártico, una política de inmigración severa y la importancia de mantener una relación estrecha con la Unión Europea (UE), de la cual el reino escandinavo no forma parte. Son justo tres puntos en los que las formaciones pequeñas, pero esenciales a partir de ahora, difieren.

Los grupos bisagra son el partido de Centro, una formación con base rural —y antieuropeísta—, el Partido Verde, que se opone a nuevas exploraciones petrolíferas, o el partido Rojo, un grupo marxista. "La cuestión de las extracciones de crudo en el Ártico puede llegar a ser crucial si el Partido Verde logra conseguir más representantes en el Parlamento y la coalición gobernante, ya sea de izquierdas o de derechas, dependa de su apoyo para formar un Gobierno", asegura Jakub M. Godzimirski, experto en la región ártica del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI, en sus siglas en noruego). Aunque vistos los resultados la continuidad se cierne como la opción más probable. Christophe Hillion, analista político del mismo instituto, asegura en cambio que la relación del país con la UE seguirá siendo la misma si sale un Gobierno u otro y descarta de lleno un posible referéndum de adhesión al club de los ahora 27, incluso si los eurófobos de Centro entran en un eventual Ejecutivo. "Todavía los sondeos muestran un número muy pequeño de ciudadanos que quieren adherirse a la UE", justifica. 

A pesar del extraordinario empate técnico que pronosticaban las encuestas, Erna Solberg, primera ministra desde 2013, ha tenido una leve ventaja sobre los demás. De hecho, ha optado en la campaña por una actitud continuista: "Queremos cuatro años más para seguir haciendo lo que ya funciona", dijo la mujer de 56 años y que, de confirmarse su victoria, se convertiría en la primera política en décadas en repetir mandato. El Partido Laborista, con Jonas Gahr Støre al frente, ha ido ganando la confianza de los electores conforme se avecinaba la jornada electoral, que en realidad comenzó el domingo para aquellos que hubieran solicitado depositar el voto de manera anticipada, según explicaba la semana pasada la Oficina Electoral de Noruega por correo electrónico. Støre insiste en que el país necesita "un cambio" inmediato. "Estamos alejándonos los unos de los otros", dijo después de votar junto a su mujer en una escuela de un barrio del oeste de Oslo, informa Efe.

El Ejecutivo actual, que agrupa a conservadores (Høyrey) y a los populistas xenófobos del Partido del Progreso (Fremskrittspartiet), tiene a su favor la gestión de la crisis del petróleo que azotó al país en 2014, por la que por primera vez hicieron uso del fondo soberano —el mayor del mundo— alimentado con el dinero del petróleo, lo que evitó que la economía se desmoronase de pleno. En contra de la opinión pública probablemente esté la ministra de Inmigración, Sylvi Listhaug, del Partido del Progreso, que quiere poner en marcha duras restricciones a la libertad de movimiento y expulsiones de extranjeros que llegaron a Noruega en búsqueda de una mejor vida, y las políticas de extracción de gas y crudo en el mar de Barents (en pleno círculo polar Ártico), por las que el actual Ejecutivo está inmerso en una batalla judicial contra varias organizaciones ecologistas como Greenpeace. A pesar de todo, Godzimirski cree que estas prospecciones van a continuar porque al final, dice, "la prioridad es la economía y el estado de bienestar".

Los colegios electorales de 19 circunscripciones cerraron aproximadamente a las nueve de la noche de este lunes. A las 23.41, el 83% de los votos habían sido escrutados. La Oficina Electoral advierte, sin embargo, de que el recuento final se hará público este martes "hacia las cinco de la tarde", una vez que los municipios más pequeños terminen su recuento.

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